Secretos de una ciudad

Creo que las ciudades, son como las personas que las habitan, es decir tienen una imagen colectiva social y otra íntima personal.

Este es el caso de esta maravillosa ciudad de Barcelona, por un lado vemos su imagen colectiva social, con su eterno tráfico, bocinas, sirenas, gente agolpadas en los semáforos para cruzar las calles, turistas con sus cámaras retratándose en edificios emblemáticos como la Casa Batlló, La Pedrera… o los del Quadrat d’Or, sus palos para hacer “selfies” o autofotos, que me gusta más decirlo así, disfrutando de las farolas modernistas del Passeig de Gràcia, comprando en las lujosas tiendas… En fin, el ritmo y la aceleración de lo que se llama “una ciudad moderna”, con todo el mundo “consumiendo” cosas, desde el tiempo cronológico
DSC_4140hasta las imágenes, con una voracidad insaciable por “congelar”, “inmortalizar”, “atrapar” algo que será imposible si tu consciencia no sabe que sólo en el corazón lo puedes guardar eternamente. DSC_4134Por eso cuando le dedicas unas horas a la otra ciudad, la íntima y personal, literalmente entras en otra dimensión del espacio tiempo. Entras a compartir la ciudad con sus “vivientes” o sea los seres para quienes la ciudad es su hábitat natural, trabajan, duermen, viven su ocio, sus angustias, sus alegrías sin salir de ella.DSC_4143 DSC_4137Este es el caso del “Jardí de la Torre de les Aigues”. Se encuentra ubicado en una de las calles más transitadas y populosas del eixample barceloní, Roger de Lluria.  Ya le llaman muy bien “illes” (islas) a esos espacios centrales de las manzanas del eixample. Esas islas, son exactamente eso, lugares aislados, en este caso no rodeados de mar sino de edificios, calles con intenso tráfico y “viajeros” que no saben que están viajando, porque no hacen las fotos con sus corazones, que son las verdaderas cámaras imprescindibles para decir: “…he visto…”, es que no me imagino a Ulises haciéndose una selfie con Medusa.DSC_4142En una discreta y sombría entrada en el número 56, después de atravesar un largo túnel, accedes a un cuidado jardín lleno de árboles de magnolias, una acacia un hermoso jacarandá y una alta pared recubierta de hiedra e hibiscus rojos. En el centro sobre unos laterales surge una sólida torre de ladrillo rojo construida al más puro estilo del modernismo industrial del siglo XIX que tuvo a Catalunya en general y Barcelona en particular su más alto exponente. Esta torre mandada construir por los vecinos que comenzaban a poblar l’eixample por el año 1860, tenía la finalidad de extraer agua de uno de los pozos que hay en esta zona, bombeada por una máquina de vapor el agua a la torre para su posterior suministro comunitario, a los efectos de garantir agua potable para las viviendas que se estaban construyendo en esta zona. Muchos de los edificios que se construyeron en l’eixample, hoy día son iconas de la ciudad de Barcelona como por ejemplo la Casa Batlló o la Pedrera.  DSC_4133Esta magnífica torre se mantiene escondida de las devoradoras cámaras de fotos de los turistas y a sus pies hay un estanque de agua bien fresca, ya que viene del oscuro subsuelo, que con sus azulejos azules hace de pequeña piscina para el deleite de niños y adultos que “forzosamente” los acompañan.

DSC_4135Allí sintiendo las risas de los niños, el chapoteo de sus pies en el agua, oliendo las magnolias, disfrutando de los colores de los hibiscus y el jacarandá, viendo la ropa de los vecinos colgando en los tendederos de las ventanas y tal vez comiendo un bocadillo de jamón con pan con tomate y aceite, tu corazón hace la verdadera foto, la que te llevarás para siempre porque en ese mismo momento sabes que la Ciudad te abraza en uno de sus secretos más bien guardados.DSC_4136