EL AMOR DE LA AMISTAD

Una de las grandes manifestaciones del AMOR sin dudas es la AMISTAD.

Este amor trasciende las fronteras del género, del espacio y del misterioso tiempo.

Como todo amor, la amistad, vincula a los seres humanos a través de esa energía etérica, intangible, invisible pero con la misma fuerza que hace girar la Tierra en su órbita solar. Es la energía inagotable del Universo, la fuerza gluónica demostrable en el macro mundo que habitamos.

Poder vivir el amor de la amistad es para mi el gran salto cualitativo de este instante que llamamos vida. Es trascender el mundo de la materia, el tiempo y el espacio. Con este amor podemos decir que trascendemos el limitado universo de las 3 dimensiones. 

Vivir la amistad es vivir para siempre, ya sabemos que la energía es eterna y esta energía de amor funciona como un vehículo que nos puede transportar a universos en donde el alma y el espíritu son estados reconocibles del Ser.

Esto sólo se puede entender cuando has tenido la suerte o el deseo realizado de vivir el amor de la amistad.

Hoy en estos ratos en que el intenso calor del verano de septentrión, hace que todo vaya más lento y buscando la quietud de una habitación en donde el tiempo es un monótono giro de aspas del ventilador de techo, algo, no sé qué, me llevó al baúl donde están archivadas las fotos analógicas. Ahí guardo las fotos hechas por nosotros en un recorrido de unos 50 años, más las que heredamos de otras generaciones que en total deben de remontarse más o menos a 140 años. 

Abrí uno de los sobres al azar y surgieron como salidas del sombrero de copa de un mago unas cuantas fotos que desprendían el amor de la amistad.

En mi niñez y adolescencia tuve la suerte de compartir esta celestial energía, la de la amistad, con un grupo de niños a los cuales nos unió, creo que eternamente, la fuerza del amor de la amistad.

Las fotos que pongo son mi homenaje a los amigos de la “barra del muro de Berlín”. Lo del muro de Berlín viene porque en el barrio de Montevideo dónde nacimos todos, mi casa estaba en la calle Berlín y separando el jardín de la acera había un muro. Allí, junto al muro nos reuníamos, primero a jugar con los trompos, a hacer cometas o hacer diana con flechas que tirábamos de arcos hechos de cañas al robusto árbol del paraíso que tan hermosa sombra nos daba. Después ya más grandes, a hablar de política, religión, filosofía y tantas inquietudes destinadas a cambiar el mundo. Era una época donde el Universo giraba en torno a un muro de la calle Berlín en Montevideo.

En una de las fotos, estamos todos los del núcleo central de la “barra del muro”: de izquierda a derecha, Antonio, Aldo, Fernando, Willy, Ricardo y Daniel. No sabíamos que era la última foto que haríamos todos juntos. Ricardo hace unos años que dejó el universo de las 3 dimensiones, aunque sabemos bien que ahí siguen su energía de buen humor, alegría y risa que tantas veces compartimos y tenemos bien guardadas en el corazón.

El motivo fue celebrar el reencuentro después de 20 años sin vernos todos juntos. Lo que no sabíamos era que también sería una despedida.

Desde aquel otoño austral de abril del 99 hasta hoy día no hemos vuelto a estar todos juntos. Si que nos fuimos viendo en grupo más reducido, pero la «barra del muro de Berlín» no se ha vuelto a reunir en su totalidad, en forma física nunca más.

Cada vez que nos encontramos, con uno o con otro, nos identificamos en la mirada, la sonrisa, el abrazo y el continuar distendidamente la conversación que tuvimos ayer.

Qué maravilla el amor de la amistad!

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