Acerca de fernandogalban

Escribir la vida, a partir de sentimientos y pensamientos.

El misterio de un domingo por la mañana.

Septiembre en septentrión suele ser un mes enigmático. Debe de ser que la tierra cansada de tanto calor y bullicio quiere llevarnos a la calma del otoño.

Por eso hay domingos en septiembre que si los observas y entras en ellos con tu alma, puedes caminar por el misterio de la calma.

Este domingo de septiembre, se despertó entre nubes grises, amenazando agua. El aire denso, sin viento que lo agitara lo llenaba todo de silencio. Sólo se rompía armónico por el tañer de las campanas de iglesias que parecían lejanas. Pero todo estaba cerca, muy cerca, simplemente envuelto por el silencio de la mañana. La mar también ayudaba a dejarlo todo en silencio manteniendo sus aguas planas. Hasta el velero estático navegaba recortado en el gris plomizo del cielo sin marinada.

Los patos y las garzas en las marismas junto a la mar, de la calma y el silencio disfrutaban. Se arreglaban las plumas, una zambullida de vez en cuando para llevar a la panza algún crustáceo incauto, después sólo era nadar lentos en el espejo de las aguas dulces de la marisma que a la mar bajan.

Todo invita a que tu alma entre en el paisaje del silencio de la mañana. Así cuando entras las sensaciones de alegría y calma no paran de envolverte. Caminas entre los pinos del parque esperando sentir la pinocha crujir bajo tus pies, pero no oyes nada, la pinocha está húmeda y blanda, sólo puedes oler las agujas de los pinos siempre verdes y brillantes porque están mojadas. Es cuando las setas que surgen de la pinocha mojada te dicen que mires bien donde pisas porque ellas son frágiles como los espíritus del agua.

El silencio de la mañana, también te trae olor a pan recién hecho y café caliente que te invitan a vivir aún más la calma.

Tal vez ese sea el misterio de las mañanas de un domingo de septiembre, que te recuerdan que en esta nave en que viajas por el Universo, pronto será el equinoccio de otoño, que ya tienes las cosechas guardadas por tanto que llenes tu alma de alegría, paz y calma.

Vilanova i la Geltrú, cuarto creciente de septiembre de 2018.

Gregal a la tarda

Bufa el Gregal barrejat de marinada

porta petites gotes d’aigua

ja s’olora a terra mullada

eriça la mar amb una carícia apassionada,

la grisor del cel de la tarda

em deixa la cara mullada

el silenci de l’aire

porta el remor de les onades

no escolto les meves passes

sobre la sorra mullada

només respiro la mar eriçada

per les sabies mans del Gregal

que li xiuxiueja paraules apassionades.

Als set dies de la Lluna Nova de setembre, poema per a compartir caminant per la platja deserta. Només dues mans entrellaçades, la mar, el vent i una mirada.

Perfume de dama

Hoy dormiré con el suave perfume de una dama.

En las alas de los pétalos de la dama blanca, viajaré por los mares de tu piel, nadaré en las aguas de tu fragancia.

Nos abrazamos en el perfume del aire y compartiremos sueños.

Sueños, que como todos los sueños están fuera del espacio tiempo.

Sueños dónde sólo está el perfume que lo envuelve todo. Donde tu piel es mi piel, tu aliento mi aliento, tu alma mi alma.

Perfume de dama blanca viajo contigo al mundo sin espacio ni tiempo.

A

Mañana de agosto

Las mañanas de agosto en una ciudad como Vilanova i la Geltrú, tienen un ambiente especial.

Especial porque sin ser la madrugada, ya con el sol bien definido en el cielo, se respira un aire de paz y calma delicioso.

Con la inmensa mayoría de mis vecinos habituales de vacaciones y los bulliciosos turistas aún durmiendo el largo sueño de noche de ocio, la ciudad se nos brinda llena de silencio y sensaciones.

Los pocos que vamos caminando por calles, parques, plazas y ramblas, lo hacemos sigilosos, con la idea de escuchar y no que nos escuchen. Sumergidos en el silencio los pasos se hacen rítmicos, escuchas el canto de los pájaros, su somnoliento aleteo entre las ramas de los árboles. Oyes la radio de aquel hombre mayor que pasea lento por el parque. Tal vez ni el sepa qué noticia está escuchando porque esta es engullida por el envolvente silencio de la mañana.

Todo va lento, despacio, nadie quiere despertar de golpe a la pacífica mañana.

Es el momento que te llama la vieja ventana de la casa abandonada que está en la Rambla. Como su voz está prácticamente apagada, sólo el silencio te hace escuchar sus palabras. Dibujos pintados en lugar de cristales, seguro que sueños pintados por alguien que no sabía que tenía un paraíso a tocar con su mano.

Olores de café recién hecho se mezclan con el del pan horneado.

Sigo caminando lento no se vaya a despertar la mañana.

Mirar las nubes

Estar enamorado de la mar, los bosques y los cielos son placeres que te hacen sentir la vida con intensidad, ya que te transportan siempre al momento donde esta transcurre: AHORA. Ni antes ni después.

Por eso acariciar tus caderas es acariciar las nubes redondas y blandas que flotan en el cielo de verano.

Besar tus labios frescos es beber agua del manantial escondido en el bosque, llenando mi alma del amor verde y fresco de los musgos de las rocas.

Recorrer tu piel es sumergirme en las aguas claras de una cala al amanecer, fundiéndome en el agua, siendo UNO con el agua.

Cuando abres tus ojos a la inmensidad de la mar, tu corazón abre la puerta de otro mundo. El de la paz y el amor.

Por eso me gusta bañarme en tu pelo igual que me gusta bañarme en la mar.

Hago volar mi cometa, dejo que flote en el aire, mis pensamientos van con ella, los veo flotar y volar.

Para hacer inmortal a una gota de agua, la debes verter a la mar. Los instantes de alegría y felicidad los debes verter al océano del amor. Así siempre volverán tal vez en forma de gotas de lluvia fina y tendrás otra gota para hacerla inmortal.

Todo ocurre mirando las nubes, dale la forma que quieras y el instante de alegría aparecerá. Siéntelo, vívelo e igual que a la gota échalo otra vez a la mar, la mar del amor, claro.

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