El sol

Destacado

Cada día vuelas más alto en mi horizonte calmo

te despierta el mirlo con su canto en lo oscuro del alba

silencio de la curiosa paz de la madrugada.

Desde mi retazo de tierra, pequeña ventana

te veo trepar el cielo cada mañana

subes siempre ahora, sin “hubiera” ni “pudiera”

así haces que ocurra la vida redonda, girando,

cuando descansas nos dejas tu sueño,

que es un infinito cielo estrellado bañado de luna.

Verte hablar con los pinos que crecen inclinados

vencidos por la insistente marinada.

Llenas de luz la costa Norte de la Mar Mediterrània

derramas los colores en mi paleta de pintor

que resulta son palabras y mi pincel es un lápiz

volcando palabras en una hoja blanca

de espuma de olas que llegan a la playa.

Al color y la luz le pones sonidos de trinos y cantos

mas perfumes de algas, romeros, retamas, tomillos, lavandas.

Mezclas el sonido de las olas con voces y risas de niños

que hacen castillos con la arena bien mojada.

La mar es tu espejo gigante donde peinas tu pelo de luz

llenas todo con tus rayos, incluso iluminas

 

la oscura sombra interna de la higuera achaparrada

llenas el bosque de la pineda cercana de tenue luz

con cantos de chicharras y ulular de torcazas

bañado en el intenso perfume de la pinaza.

Una noche de Luna creciendo

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Brilla creciendo la luna

lenta camina

entre nubes y claros,

pasos que acompasan

sonido de sonajas

sumergidos en la hojarasca,

lenta y calma va la noche

el canto de un grillo

pone música a la calma,

momento de abrir los ojos

crear sueños de amor y calma,

se llenan de luz de estrellas

las sombras que la luna plasma.

 

Puertas y ventanas:traspasando mundos

Paredes, muros, murallas, dividen, separan, comunican, llevan a…, impiden o protegen.

Pero todas estas “estructuras”, tienen puntos de comunicación “dentro – fuera”:  las puerta y las ventanas.

Por eso el “Arte Románico” tiene un atractivo especial. En las fotos vemos la iglesia románica de Sant Miquel d’Olèrdola, construida en el siglo IX, Alta Edad Media (siglos V al XII), frontera Sur del Comtat de Barcelona, la Marca más allá los Reinos de Taifas…

Iglesia con una maravillosa acústica donde las voces se mezclan con las nubes y el aire.

Ventanas pequeñas que dejan entrar la justa luz, sólo la suficiente para mantener en el interior el ambiente de recogimiento y protección.

“Ventana de iglesia románica

poca luz dejas entrar

lates como un corazón

siempre a oscuras en el cuerpo

haciendo vibrar la vida.

Al mirar desde dentro del corazón

el mundo entra,

un coro de ángeles que cantan

deja entrar en paz

mares, ríos, montañas, valles

nubes, lunas y cielos estrellados.

Ahí estáis pequeñas ventanas

entrecerrados ojos

con que el corazón pueda mirar.”

Cuando miras por una de estas ventanas o la puerta, la sensación de que no hay tiempo lineal te abstrae, te absorbe. Si miras bien y escuchas, el viento te susurrará mil historias superpuestas en los siglos, ¿ tal vez has traspasado la frontera de algún mundo paralelo?

Poesía de la calle mojada.

Alegría de la lluvia

aceras mojadas de hojas amarillas

calles desiertas

repiquetear de gotas en el paraguas

charcos espejos

sonrisa de luz en la cara mojada

nostálgicos recuerdos

otoños e inviernos cubiertos de frío

calor en el alma

niños jugando bajo la lluvia

amor escondido bajo el paraguas

cielo que llora

alegría de calles de almas

lluvia de hojas de agua

tiempo que colapsa dentro de una gota

gota inmortal

cayendo en la mar infinita y eterna

ora brava ora calma

si quieres ser gota subes a una nube

si quieres ser eterna

te conviertes en la mar amada

me gustas cuando recorres mi cara

siento mil manos de amor

que hacen inmortal mi alma.

 

A los 4 días de la Luna Llena de octubre 2018, caminando en círculos por la ciudad mojada.

El charco

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Creo que los humildes charcos de agua de lluvia que pueblan las calles después del aguacero, son portales dimensionales.  Las formas que reflejan, de un árbol, una casa, un rostro, queda su luz atrapada en el charco. Luego cuando el viento y el sol lo evaporan, esas imágenes se atomizan en el aire que las guardan en una nube e irán volviendo al charco en diferentes épocas y en diferentes lugares.

Por eso hoy mientras caminaba bajo la lluvia de otoño y escuchaba su rítmico latido repiqueteando en el paraguas, no pude evitar mirar dentro de un charco. Comencé a ver imágenes en las que tal vez fuera el protagonista.

Vi un niño de unos 6 años, enfundado en un impermeable con capucha y botas de goma de media caña mirándose sonriente en el espejo del charco. Vi como sacaba de uno de los bolsillos del pantalón corto un papel de estraza cuidadosamente doblado. Aquel rectángulo de papel doblado se fue desplegando en un maravilloso barco de papel. Como había parado de llover las aguas tranquilas del inmenso mar en que se convirtió el charco, serían sin dudas un óptimo lugar para navegar el pequeño barquito de papel de estraza. El viento que acompañaba la lluvia, se había detenido. El niño después de dejar suavemente el barco sobre las aguas, agachado con la mitad de los pies dentro del agua, sopló con fuerza la triangular vela de papel y el barquito se puso en marcha. Unas hojas que flotaban en medio del charco serían la isla misteriosa donde atracaría el barco para después seguir explorando otros mundos lejanos. Mundos que de tan lejanos sólo estaban en la mente y el corazón del niño.

Tripulado por pequeños seres alados, completamente invisibles a las personas que no creen en ellos, el barco sorteaba triunfante todos los escollos de aquellos mares desconocidos.

La luz de la escena iba quedando grabada en el “celuloide” del charco. Así se transformó en fotones los cuales se pueden ver en otro charco, sólo evocando la alegría en el corazón.

Después de un instante que se hizo eterno, gracias al charco, empecé a escuchar una canción mientras el niño se iba, cantando y saltando sobre otros charcos: ” … que llueva, que llueva, la vieja está en la cueva, los pajaritos cantan las nubes se levantan, que si, que no, que caiga un chaparrón…”; y la lluvia continuó cayendo, creando de la luz otros charcos a los que si te acercas con el corazón alegre podrás traspasar el tiempo y el espacio. Los verás poblados de seres, puertos, montañas y lagos. También has de saber que para verlos en el reflejo del charco, tienes que creer en ellos.

 

Relato iniciado durante la Luna Semilla del mes de octubre en una mañana de lluvia con la ciudad llena de charcos. Tal vez sigamos con las aventuras del barquito de papel de estraza y los misteriosos marinos que lo conducen.

 

oznor

 

 

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Atardecer

Atardecer de otoño

lleno de calmar

el de las nubes despeinadas

el de los cielos coloreados

el del aire lleno de calma

el de la luna creciendo

el de la cálida mirada

el de tus labios frescos

el de tu mano acariciando mi cara

el que se llena de sueños

para alimentar la noche larga.

Atardecer de otoño

lleno de calma

en tu aire se aquieta mi alma.

Garbí

El Garbí sopla con insistencia

eriza la mar con su caricia tierna,

lleva la vela rápida a puerto

llena la tarde con su presencia.

Algodonosas nubes vuelan lentas,

la luz de la otoñal tarde mengua.

Pequeñas golondrinas rezagadas se van prestas

alguien les dijo que mañana

bajará la Tramuntana con aliento de nieves frescas.

Sopla Garbí sobre mi playa

haz volar las arenas

susurra a las golondrinas

que lleven mensajes de luz

a otras tierras.

Garbí que soplas con fuerza

mi almas vuela contigo

en tus alas etéreas.

Un trozo de tarde junto a la mar

Junto a la mar, el tiempo pasa lento, o tal vez no pasa. Cada segundo es una ola. Olas que siempre están llegando y nunca pasando. Acarician la playa, las rocas, siempre hay una por llegar.

Por eso al sentarte en la arena, mirar y escuchar a la mar sientes que el tiempo sencillamente, desaparece. Se resbala de cualquier mano que lo quiera atrapar. Sólo te puedes convertir en tiempo.

El rumor continuo de las olas hace tu piel viento para fundirse en el agua infinita de la mar. Es entonces cuando tu piel toca la piel de la mar. Así los dos fundidos en uno recorremos los cálidos caminos de luz que juegan sobre la mar.

Los pensamientos son velas que pasan sin que se puedan atrapar.

El aire, la luz y la mar dejan tu cuerpo liviano, se puede flotar. La gaviota volando parece surgida de un cuadro que un corazón quiso pintar.

Cuando respiras la luz del aire tu cuerpo se puede fragmentar. Ser las olas de la mar, la caricia tibia del sol, las hierbas rojizas de la marisma, la arena húmeda de la playa, la gaviota volando, la vela en su navegar. Eres espíritu que ama, eres los labios que se besan, la mirada enamorada, el susurro al oído de palabras que sólo el corazón puede decir.

Junto a la mar el tiempo desaparece.