El sol

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Cada día vuelas más alto en mi horizonte calmo

te despierta el mirlo con su canto en lo oscuro del alba

silencio de la curiosa paz de la madrugada.

Desde mi retazo de tierra, pequeña ventana

te veo trepar el cielo cada mañana

subes siempre ahora, sin “hubiera” ni “pudiera”

así haces que ocurra la vida redonda, girando,

cuando descansas nos dejas tu sueño,

que es un infinito cielo estrellado bañado de luna.

Verte hablar con los pinos que crecen inclinados

vencidos por la insistente marinada.

Llenas de luz la costa Norte de la Mar Mediterrània

derramas los colores en mi paleta de pintor

que resulta son palabras y mi pincel es un lápiz

volcando palabras en una hoja blanca

de espuma de olas que llegan a la playa.

Al color y la luz le pones sonidos de trinos y cantos

mas perfumes de algas, romeros, retamas, tomillos, lavandas.

Mezclas el sonido de las olas con voces y risas de niños

que hacen castillos con la arena bien mojada.

La mar es tu espejo gigante donde peinas tu pelo de luz

llenas todo con tus rayos, incluso iluminas

 

la oscura sombra interna de la higuera achaparrada

llenas el bosque de la pineda cercana de tenue luz

con cantos de chicharras y ulular de torcazas

bañado en el intenso perfume de la pinaza.

Sant Joan

Antes de llegar la noche y verterse las estrellas del cielo por las calles, antes de marchar el sol a otro día, antes de sentir el amor envolvente, enciendo mi hoguera.

Los árboles de las plazas hacen llover sol en sus flores amarillas.

Cielos de nubes despeinadas después de tanto amor en la noche de la magia.

Silencio fresco de las cristalinas aguas, bálsamo de cuerpos que arden de amor en la noche mágica.

Risas, llantos, soledades compartidas, disolviéndose bajo las estrellas que llenan de vida esta noche mágica.

Luna creciendo en el Sant Joan 2018.

Tarde plácida.

En el puerto, junto a la mar
la tarde transcurre blanda
luces que danzan
se reflejan en las barcas,
las flores de las pitas
miran la mar y las montañas,
las gaviotas se mecen
en las tranquilas aguas
los peces se llenan de luz
en turquesas aguas.
Así cuando todo es calma
el aire trae susurros
que si el corazón escucha
se pueden convertir en palabras,
dibujos o pinceladas
para sentir el amor
que deja la tarde blanda.
 
Segundo día de la Luna Nueva de junio de 2018, dejándome llevar por el puerto de Vilanova i la Geltrú.

La mar

Inmensamente bella, la mar

vestida de azul turquesa

vaporosos volados blancos

collar de caracolas y algas

perfume de salitre y lejanía

caricia de las aguas,

cofre que guardas los secretos

insondables de las almas,

susurro de amor guardado

en las caracolas nacaradas.

En tu corazón guardas las olas

que besan y acarician mi playa.

¿Qué rumbo llevará el velero

volando sobre tus aguas?

Seguro que lleva el del viento

que eriza tu superficie calma.

Estallas la ola en las rocas

las vistes de espuma blanca,

miles de gotitas mojan mi cara

placer de sentir el fresco

viajero de las profundidades

guardianas de ruinas encantadas.

Peinas sirenas de aletas verdes

cabellos de algas doradas

tersos pechos que brillan

en lechosas playas lejanas,

seres de las grandes aguas

sabedoras de secretos

que los abismos guardan,

diosas de la mar

siempre me hablan.

Ay la mar con su vestido azul

de vaporosos volados blancos

abrazas mi alma.

 

Casa del Uruguay en Barcelona 40 años de amistad

 

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Como dice el tango “que 20 años no es nada…, ” ni les cuento lo que son 40 años.

Así se nos pasaron 40 años. Los muchachos/as de entonces, algunos/as auténticos chiquilines/as, seguimos compartiendo un sueño.

Empezamos todos compartiendo una de las experiencias más duras de la vida, el exilio.

Los más pensábamos que era cosa de un par de años y luego volver a seguir con nuestros proyectos particulares de vida. Pero algunas veces el destino es porfiado y nos obliga a seguir otros caminos. Esa terrible adversidad del destierro, nos unió de una manera gluónica (esa misteriosa fuerza que une los quarks dentro de los nucleones, y que sólo actúa cuando se le aplica una fuerza para romperlos). Así surge la Casa, gracias al tesón y esfuerzo de unos pocos y que fue ganándose el cariño y prestigio de todos.

En aquellos años duros e inciertos, la Casa fue el gran oasis donde calmábamos la soledad  que implica el destierro. Pasaron por la Casa grandes orientales como Benedetti, Galeano, Viglietti…. y como dijo Mario en tono de broma, Onetti no, porque ya se había metido en la cama.

Después llegó el año 1984, el retorno de muchos fue muy significativo. Otros ya habíamos tirado el ancla en esta tierra que nos enamoró, Catalunya. Ahora con motivo del 40 aniversario se hizo una edición recuperada de la mítica postal confeccionada como agradecimiento y reconocimiento al Pueblo de Catalunya por la solidaria acogida que tuvo con todos nosotros. En la postal están las fotos del monolito y la plaza en Montevideo dedicada al President Lluis Companys, asesinado en 1940 por la dictadura franquista, la plaza es del año 1944, se puso en el anverso de la postal “Primer y único monumento público en el mundo…”

Entre recuerdos, de los que nos dejaron en este viaje, las anécdotas,  la historia de la Banda Oriental y el legado que nos dejó José Artigas Protector de los Pueblos Libres, pasamos las horas de la tarde de este 2 de junio.

Cuarenta años de compartir un sueño de solidaridad constante, humanismo, democracia y libertad. Cuarenta años que han valido el reconocimiento de la República Oriental del Uruguay a través de una emotiva placa entregada por la Sra. Cónsul General del Uruguay en Barcelona, hecho que nos llenó de alegría y orgullo.

Como hablábamos con mi amigo Salvador, la vida es una construcción de sueños como los ladrillos que forman una casa, todos los compartimos con otras personas, algunos con una sola, otros con muchas. La Casa del Uruguay en Barcelona es uno de esos sueños que hoy compartimos deleitándonos de la amistad.

Felicidades amigos/as y compañeros/as.

Fernando Galbán Testa, socio.

Barcelona, 2 de junio de 2018.

 

Sensaciones de una mañana

Vista que se pierde en el verde de olivos y viñas

amarillos de campos segados y retamas,

robles, encinas, borrajas y malvas

se mezclan con trinos, zumbidos y murmullos de alas,

perfume dulce e intenso de las amarillas retamas

aire tibio poniendo música de sonajas

a las hojas de encinas y robles, oboes son los pinos,

pero cuando el aire calma, surge misterioso

el perfume de las hadas, discreto y suave

en flores de vides, que a los insectos llaman.

A la vista llegan centenarias chimeneas apagadas

campanarios de ermitas, siempre esperando una plegaria,

sintiendo la mañana, ves, escuchas y hueles como pasa lenta,

rodando al mediodía del alma.

 

En un rincón del Gran Penedès, el día de la Luna Llena de mayo de 2018.

Nave Tierra

Cada amanecer es diferente, así nos lo explica el cielo. Creo que son los vientos y el aire los que configuran el día. Nubes de formas caprichosas, de formas que sólo los sueños pueden imaginar, hacen ver el sol siempre cambiante.

Lo que si tiene cada amanecer es que si lo miras y entras en él unos minutos, sientes al planeta, nuestro hogar, nuestra madre, la Tierra, girar como un trompo lanzado al círculo por la chaura resistente de la inocente mano de un niño que lo mira girar sorprendido y alegre.

Puedes sentirte en el amanecer tripulante de una gran nave espacial.  Siempre tienes una gran ventana para ver el espacio exterior. Amaneceres, atardeceres, medios días, noches estrelladas.  Astronautas, viajeros del espacio en esta, para nosotros inmensa nave, pequeña subpartícula para el Universo, viajando a grandes velocidades por un infinito vacío lleno de cosas.

Todo es un inmenso y cambiante holograma creado de corazones, pensamientos y emociones.

Por eso cada amanecer es distinto porque el holograma lo creamos cada uno de nosotros, latiendo, pensando, sintiendo.