Caminos junto a la mar

DSC_4373Hay placeres en la vida realizables, como por ejemplo caminar por “els penya segats” de la Comarca del Garraf bien cerca de Vilanova i la Geltrú.

Oler las pinedas y la mar, bañarte entre posidonias, dejar tu boca salada y mirar una azulada luna menguante entre las ramas de un pino….., no tiene precio. Bueno si que lo tiene, el valor de sentir la vida, la alegría y la paz.

En el vínculo de abajo encontrarán algunas fotos seleccionadas y un breve poema que intentamos se acerque a trasmitir tanta belleza.

Caminos junto a la mar

Paseo entre viñas junto a la mar

Ya pasado el ecuador de este tórrido agosto en tierras de septentrión, hemos hecho un paseo por los caminos rurales de la Comarca del Garraf.

Como pronto empezará la vendimia en esta zona costanera del Mediterráneo, decidimos disfrutar del verdor de la viñas y sus mágicos racimos ya a punto de convertirse en maravillosos vinos.

Mientras caminábamos, acompañados por trepidar de las chicharras y nos dejábamos acariciar por la insistente marinada, disfrutábamos de los olores de la tierra que mezclados con el de la mar, hacían resonar en nuestra cabeza el hermoso poema de Josep María de Segarra, “Vinyes verdes vora el mar”.

Poema que explica como ninguno la sensación de calma, paz y alegría de ver ese verdor lleno de frutos con la mar de fondo a modo de enorme lienzo líquido.

Vinyes verdes vora el mar

 Vinyes verdes vora el mar,
ara que el vent no remuga,
us feu més verdes i encar
teniu la fulla poruga,
vinyes verdes vora el mar.
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Vinyes verdes del coster,
sou més fines que la userda.
Verd vora el blau mariner,
vinyes amb la fruita verda,
vinyes verdes del coster.
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Vinyes verdes, dolç repòs,
vora la vela que passa;
cap al mar vincleu el cos
sense decantar-vos massa,
vinyes verdes, dolç repòs.
Vinyes verdes, soledat
del verd en l’hora calenta.
Raïm i cep retallat
damunt la terra lluenta;
vinyes verdes, soledat.
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Vinyes que dieu adéu
al llagut i a la gavina,
i al fi serrellet de neu
que ara neix i que ara fina…
Vinyes que dieu adéu!
Vinyes verdes del meu cor…

pàmpol d’or,
aigua, penyal i basarda.

Dins del cep s’adorm la tarda,
raïm negre,
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Vinyes verdes del meu cor…
Vinyes verdes vora el mar,
verdes a punta de dia,
verd suau cap al tard…
Feu-nos sempre companyia,
vinyes verdes vora el mar!

Josep Maria de Segarra

Después de pasear entre viñas y olivos, acabamos con un baño en la mar a la altura de la desembocadura del río Foix. Sólo se puede decir: una delicia, sinfonía de sensaciones.
Pondremos una traducción al castellano de la poesía de Segarra, aunque pierde la musicalidad que le dio el poeta al ser escrita en català, pero a los/as amigos/as que suelen leer nuestras publicaciones en lengua castellana, creo lo agradecerán.
 Viñas verdes cerca del mar

Viñas verdes cerca del mar,
ahora que el viento no refunfuña,
os hacéis más verdes y aún
tenéis la hoja miedosa,
viñas verdes cerca del mar.

Viñas verdes de la costa,
sois más finas que la alfalfa.
Verde cerca del azul marinero
viñas con la fruta verde,
viñas verdes de la costa.

Viñas verdes, dulce reposo,
cerca de la vela que pasa;
hacia el mar doblad el cuerpo
sin decantaros demasiado,
viñas verdes, dulce reposo.

Viñas verdes, soledad
del verde en la hora caliente.
Uva y cepavid recortada
encima de la tierra luciente;
viñas verdes, soledad.

Viñas que decís adiós
al laúd y a la gaviota,
y a la fina capa de nieve
que ahora nace y que ahora fina …
¡Viñas que decís adiós!

Viñas verdes de mi corazón …
Dentro de la cepa se duerme la tarde,
uva negra, hoja de oro,
agua, peñon y miedo.

Viñas verdes de mi corazón …
Viñas verdes cerca del mar,
verdes al alba,
verde suave al atardecer …

¡Hacednos siempre compañía,
viñas verdes cerca del mar!

Josep Ma. Segarra

Portales 

Subir un valle pirenaico hasta una iglesia románica del siglo XII en el Principat d’Andorra es hacer un viaje dimensional. 

Mientras caminas por el pendiente y estrecho camino empedrado de granito negro con puntas redondeadas, te empiezan a acompañar voces y formas de otros tiempos.  No se si del pasado o del futuro. 

Te llegan las voces de los señores carolingios d’Urgell o de Foix ordenando la defensa de los valles.

Una vez en la estancia porchada de la iglesia, escuchas a los vecinos  reunidos hablando de cosechas y animales. 

Tan grande es el portal que desde el porche ves dos mundos, uno el que creemos que estamos, con modernas construcciones, otro el de la eterna montaña, con sus prados y bosques siempre escapando hacia el cielo.En la paz y en la alegría puedes caminar por ambos mundos o por ambas dimensiones viviéndolos intensamente. 

Cosas de la montaña. 

La iglesia es la de Sant Romà dels Bons en Encamp. Año 1100.

Chau amigo

IMG-20160812-WA0001Hay vínculos de sangre o sea de herencia directa, de padres a hijos, abuelos, hermanos, etc., que parecen indisolubles. Pero hay otros vínculos tal vez más sutiles, casi etéricos, que llegan a ser de una fuerza y una solidez tan grandes que no existe fuerza capaz de arrancar. Sólo haciendo incursiones en la física cuántica, somos capaces de encontrar alguna explicación. Esta fuerza, que yo llamo “el amor de la amistad”, es comparable a la fuerza de los llamados gluones que mantiene unidos los cuarks, esos que son imposible de desmembrar, ya que cuanto más fuerza se ejerce para separarlos, más resistencia, duplicada, ejercen los gluones para impedirlo. Algo así se crea cuando surge una amistad en el momento de dar nuestros primeros pasos erguidos.

Hoy te voy a escribir unas cuantas líneas, que se las estás esperando, y espero te gusten o te hagan reír, con esa risa tuya tan contagiosa.

Vos sabés Ricardo que los vínculos de amistad, esos que decía antes tienen una fuerza gluónica extraordinaria, son eternos y por lo tanto nada es capaz de disolver, ni la mismísima todopoderosa muerte. Muerte que por otra parte es parte de la vida, es el ciclo. Además no te olvides que nuestra amistad, venció a las otras grandes muertes dentro de la vida: el tiempo y el espacio, o dicho de otra manera la ausencia física y la distancia. Ahora me viene el comentario de un guía egipcio cuando nos enseñaba las pirámides: “el hombre le teme al tiempo y el tiempo le teme a las pirámides”.
Así que a esta pobre que pintan de negro y con una guadaña, no tiene nada que hacer con nosotros. Si, nos puede separar en algún aspecto pero ya quedó demostrado que cada vez que nos veíamos a la vuelta de mi destierro lo primero que decíamos era: “¿qué hacés loco? Bo, el otro día……” , y empezábamos la conversación saltándonos el tiempo y el espacio. ¿Qué puede hacer esa vieja fea con capucha negra ante aquellos niños abrazados festejando un gol, o jugando a la bolita, haciendo bailar los trompos, remontando cometas o cayéndose de las bicicletas?. Nada.

Acordate que los niños aquellos, de las calles Berlin, Pablo Pérez, Corumbé, convertidos en muchachitos seguimos siendo la “barra del muro de Berlin”. Aunque ya no esté el enorme árbol del paraíso que nos cobijaba de los soles del verano y al muro le levantaran una enorme valla, seguirán sonando nuestras voces, en las cantadas nocturnas o en las tertulias políticas que duraban hasta la madrugada o hasta que algún vecino gritaba: “bo, no jodan más, dejen dormir”.

Acordate cuando nos colábamos en los bailes o cumpleaños de “15”, de los que tenemos mil historias. Una de las que te gusta más es el día en un baile, uno de los muchachos de la barra, que sin lentes, digamos veía poco, te pregunta, “bo, cómo ves a la morocha aquella para sacarla a bailar”, -“¿cuál?” -“aquella de la esquina”, sólo viste una monja, -“pa, loco qué ojo tenés, está fenomenal”, aquel no se lo piensa dos veces y va a sacar a bailar a una monja. Las risas empezaron a sonar, y siguen sonando hasta hoy de ver la cara de nuestro amigo, colorada como un tomate y no sabiendo qué hacer si agarrarte del pescuezo o qué. Al final la decisión fue matarse de la risa junto con todos nosotros.

Bueno loco la voy a ir cortando, porque ya sabés de historias para reírnos no acabaríamos más. Pongo algunas fotos que me mandó Aldo del encuentro que tuvimos todos los muchachos del muro, en el campamento de Santa Teresa, bueno faltan dos Antonio y Daniel, que no pudieron venir, pero como ya sabés, con que haya uno sólo y así lo quiera, la barra del muro de Berlin, está reunida.

Ahora loco hacé tranquilo el viaje que empezaste que los chachomus siempre DSC_4346estamos con vos.

Chau Ricardo.

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