Momentos 

La vida son momentos, instantes.  Son esos momentos en que te fundes con seres o espacios. En esos momentos, la vida transcurre sin tiempo. Te conviertes solo en espacio y los átomos de la materia se funden en una amalgama llena de espíritu. 

Fundirte con la mar es uno de esos momentos estancos. Eres agua. Los peces te miran como a un “igual”. 

Es el momento en el que la vida está . 

Momentos de unión y éxtasis. 

Regalos que el pensar te trae. 

Luna casi creciente de final de junio.  

Anuncios

La siesta.

¿Cuánto ha pasado desde que el campanario de la iglesia tocó las 12?  ¿Unas horas o una eternidad de sol y luz brillante?

Calientes adoquines, cemento y asfalto. Calles de fuego. Calor altivo y victorioso. Árboles de hojas verdes derritiendo sombras ardientes en calles y plazas. Silencio de mediodía largo.

El aire húmedo, caliente y agobiante enlentece la marcha de los escasos caminantes. Todo es como una pasta enganchosa e invisible adormeciéndolo todo.

No se oyen risas de niños jugando en las calles. Tampoco trinos de pájaros. El calor arrecia, la chicharra canta.

Sólo queda la siesta para desangustiar el cuerpo y el alma.

Refugiados en las casas como si de una terrible tormenta se tratara, las gentes se aquietan y descansan.

Los vasos sanguíneos por el calor se dilatan, la sangre fluye lenta igual que el fuego que el sol derrama. Él sabe que si nos cansa, soñaremos sueños de siesta. Esos que no sabes si deseas o sueñas, si haces o recuerdas.

Sueños de dormir bajo la sombra fresca, donde las haya, de una tupida higuera sobre una cama de paja recién segada.

Sueños de sentir un cuerpo ardiente compartiendo y empapando sábanas. Mezclar humedades y almas. Entrar en el sueño de la siesta llenos de alegría y calma. Paz en las almas.

Respirar el perfume de jazmines y lavandas, destilados en el atanor alquímico, calentado por el sol del mediodía largo.

Soñar con agua fresca tal vez de lejanas montañas. Agua cayendo en las cascadas. Rocas enredadas de helechos y musgos donde el sol jamás derrama sus rayos.

Soñar también con lagos, anchos y caudalosos ríos refrescando praderas, bordeando bosques achaparrados. Marañas de hojas y ramas en donde el calor no pasa. Submundo de sombra fresca. Si quieres llegar al agua hay que utilizar los pasos de los nadadores carpinchos o capibaras, que ellos trazan para llegar a la hierba más allá del bosque indio.

Sueños de siesta, sueños en que no oyes las campanadas. Sueños que cuando despiertas ya pasó la calorada.

 

Las fotos son de un atardecer en el Río Negro (Uruguay), playa del Río Cebollatí (Uruguay) y una de las orillas de la inmensa Laguna Merín (Uruguay).

Por un verano lleno de felicidad 

Con esta oración empezaremos esta noche la celebración del Solsticio de verano. El día con más horas de luz solar del año. Hablando del hemisferio norte del Planeta. 

Cuando el sol se oculte encenderemos el fuego que guarda su luz y energía.  Ofreceremos al sol las hierbas mágicas de la zona, en este caso romero, tomillo y espliego. Saltaremos las llamas y con el humo mágico que se levante huntaremos nuestras almas. 

Nos convertiremos en Paz, porque entraremos en nuestros corazones al ser conscientes del momento exacto en el que transcurre la vida.  Los sentidos nos mantendrán en el presente absoluto. 

Al estar presentes, estaremos en paz, al estar en paz podremos crear las realidades, experiencias y vivencias que nuestras almas deseen vivir. 

Hoy es un buen día para empezar a ser felices. 

Feliz solsticio para todos. 

Quinto día del cuarto menguante de junio de 2017.

Sol de solsticio 

El sol empieza a enlentecer su marcha. Derrama su luz sobre la Tierra casi perpendicular. El pequeño ejido duerme en la calma llenando la luz los romeros y lavandas.  

En unos días el sol parecerá detenerse para nosotros, la Tierra.  Solsticio: sol quieto. 

Las hojas se esconden, duermen, en la luz del calor de mediodía. 

Mediodía mediterráneo entre luces y sombras frescas. 

Quietud de la luz que abraza corazones mares y plantas. 

Si te acercas al romero o a la lavanda su perfume te lleva a un mundo que te invita a pensar en las hadas, las ninfas o las “dones d’aigua”.  Con ellas puedes entrar en la dimensión de la paz.  Esa en que eres el sol, el romero, la lavanda.  Te fundes con el calor del mediodía Mediterráneo. 

Atardecer con Luna Llena

He pasado un atardecer sentado en las rocas de los acantilados mirando la mar.

Parecía extraño tener el sol a la espalda. Sentir el frescor de la piedra amoldándose a mi cuerpo, envolviéndome.

Me di cuenta que no iba a ver una puesta de sol, sino que iba a ver un amanecer de Luna Llena.

El sol en su camino de luz pronto nos dejaría su manta de estrellas. Sus  rayos despiden la tarde pintando en dorado las rocas más altas del acantilado.

Frente a mi la inmensa, profunda y líquida mar, llena de seres, de sueños navegando que buscan una playa en donde varar.

El cielo empieza a pintar todo de azul cobalto luminoso. Comparte su luz con las rocas, la mar, las gaviotas.

La fresca marinada acuesta sobre la roca los tercos romeros que crecen achaparrados sólo por ver la mar cada día.

Mientras el manto azul va avanzando cielo, detrás del espeso colchón de niebla que borra el horizonte, amanece radiante y luminosa la blanca Luna Llena.

Sube, no se por qué viento es impulsada. Marca un puente de luz sobre las aguas que estalla en olas sobre rocas y playas.

Desde mi pequeña atalaya, escucho la mar estrellando luz en la roca, escucho el chillar de las golondrinas apurando la tarde.

Entonces el tiempo se para. El aire se perfuma de mar, pinos, romeros, lavandas.

Sientes presencias, recuerdas ausencias, la Tierra sigue girando.

Pronto la noche será de las estrellas y de esa luz fresca y blanca. La mar brillará misteriosa, las rocas resaltarán entre negro y plata.

Mi corazón es la roca ahora cálida y blanda, es la mar espejo rugoso de plata, es el aire perfumando el cielo estrellado, soy todas las cosas, golondrina, murciélago, ballena, cielo. También espíritu y alma.

Vilanova i la Geltrú, Luna Llena de junio del 2017.

También Luna Llena de Géminis o de la Buena Voluntad.

Dragoncito curioso, mirlo bañándose.

Compartir ratos con los animales que viven en tu casa o que la visitan es algo maravilloso.

No me estoy refiriendo a los animales de compañía, como se les suele decir a perros y gatos, esos ya son considerados “de la familia”. Me refiero a los “dragones”, reptiles de la familia de las lagartijas pero de patas con pequeñas ventosas que les permiten caminar sin caer por muros y paredes. Grandes colaboradores en controlar los insectos que quieran invadir el pequeño ejido.

Los otros son los pájaros, los que están en libertad. Hace años ya que colocamos recipientes con agua abundante para que en su trayecto puedan beber a gusto. Cada día pasan a beber gorriones, jilgueros, petirrojos, caderneras y mirlos. Resulta que estos últimos, los mirlos, además de beber disfrutan de los recipientes con agua para bañarse. Tenemos a toda una familia que viene varias veces al día a darse baños.

Nos alegra tanto el poder compartir casa con ellos, ver que la confianza va creciendo a momentos. Aprovechan también a comerse las orugas o caracoles que hay en el pequeño ejido del patio de la casa.

Disfrutar de verlos bañarse, beber agua y ni que decir de sus melosos cantos en los amaneceres y atardeceres.

Hoy pude fotografiar a uno de los dragoncitos mirando con curiosidad el patio. Estaba medio escondido debajo de un cuadro de cerámica que representa las cuatro estaciones del año. Luego pude filmar al mirlo bañándose.

Maravilloso sentir el corazón revistiendo y siendo el mirlo en el agua o la mirada tierna del dragón. Vibrar en la misma longitud de onda, sentir la paz.

Lo vivo como los grandes regalos que la vida.