Invierno junto a la mar

 

Mestral o Tramuntana, Xaloc, Garbí o Gregal,

alientos cálidos o helados que erizan la mar.

¿De dónde vienen y a dónde van? me he preguntado,

de ninguna parte y a ningún lugar van, han susurrado.

Sólo queremos acariciar y erizar la mar,

dejar la playa desierta y nuestra huella marcar,

convertirnos en olas encrespadas o en mansa mar

dejar olas en la arena, atrevidas hierbas besar.

Lo que más queremos de todo este loco peregrinar

es que las almas vuelen con nuestras alas

entre el frío y la soledad, el calor y la multitud

esparciendo y mezclando sueños de libertad,

susurros y voces que llevan alegría, amor y paz.

Sólo en la soledad de la fría playa puedes escuchar

las voces y los susurros de los fríos Mestral y Tramuntana,

los húmedos Gregal y Garbí o los cálidos y secos

Migjorn o Llebeig, soplando con fuerza

acariciando o erizando las arenas o la mar.

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Luna negra sol rojo.

Hoy en el cielo no brillará la luna. Luna Nueva o luna negra. Será una noche larga oscura fría y húmeda que hará temblar a las estrellas.

Por eso fuimos a las marismas que están junto a la mar para despedir al sol y guardar en las retinas y el corazón su luz de otoño tibia y roja convirtiendo el cielo en arteria.

Estas tardes son como si pasearas por un cuadro que un gigantesco pintor está pintando.

Eres una pincelada más en el abanico de formas y colores. Tal vez por eso puedes ser la vela o la gaviota; la mar o el cielo; el sol o el niño que juega en la arena.

Un cuadro con movimientos lentos, lleno de voces y risas lejanas. Un instante de eternidad que percibes del aire susurros que te hacen cosquillas en las orejas. Te dicen palabras de amor y calma que creo hacen el sol más rojo y la mar más en calma.

Después que se vaya el sol a dormir en su lecho húmedo de agua, vendrá la noche y me iré a una cabaña. Encenderé el fuego para no olvidar al sol y dormiré mirando estrellas, soñando y tal vez mañana volver a ser pincelada de otro cuadro.

Las fotos son de hoy 18 de noviembre de 2017 entre las 17.00 y las 18.00 horas, después la noche nos envolvió con su sábana de estrellas.

Gregal

Rosa_dels_vents.pngSegún la rosa de los vientos hoy en la costa mediterránea del Garraf sopló fuerte y constante el Gregal.

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Es un viento que diríamos “nordestado”. No es caliente porque viene del Norte y no es seco porque viene bordeando la mar.

Nos refresca con olor a mar.

Viento que con su caricia y aliento sabe erizar la mar como ninguno.

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Bañarse y ser el viento, sentir la caricia de la ola, llenarte de salitre y mar.

Placeres que nos regala el Gregal.

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Pesca de luz.

La tarde tiñó de gris el puerto. La marinada no para de soplar el aliento cálido de la mar. El sol intenta brillar pero sólo derrite nubes plomizas sobre las aguas.

El viejo pescador ¿qué quiere pescar? Seguro que motas de luz disfrazadas de peces.

La gaviota vuela en el espeso gris de la tarde.

La mar se sumerge en el aire, el aire se sumerge en la mar. Lo único que se mueve son las luces que bailan en la mar.

La tarde teñida de gris detiene el tiempo. El espacio se pliega en formas que te llevan a la paz.

Silencio con voces lejanas que ni las gaviotas se animan a romper.

Vestido de gris el sol se irá a dormir.

Si pescas la luz de este cuadro, alegría y paz te traerá. Sólo hay que sumergirse en esta tarde teñida de gris.

La siesta.

¿Cuánto ha pasado desde que el campanario de la iglesia tocó las 12?  ¿Unas horas o una eternidad de sol y luz brillante?

Calientes adoquines, cemento y asfalto. Calles de fuego. Calor altivo y victorioso. Árboles de hojas verdes derritiendo sombras ardientes en calles y plazas. Silencio de mediodía largo.

El aire húmedo, caliente y agobiante enlentece la marcha de los escasos caminantes. Todo es como una pasta enganchosa e invisible adormeciéndolo todo.

No se oyen risas de niños jugando en las calles. Tampoco trinos de pájaros. El calor arrecia, la chicharra canta.

Sólo queda la siesta para desangustiar el cuerpo y el alma.

Refugiados en las casas como si de una terrible tormenta se tratara, las gentes se aquietan y descansan.

Los vasos sanguíneos por el calor se dilatan, la sangre fluye lenta igual que el fuego que el sol derrama. Él sabe que si nos cansa, soñaremos sueños de siesta. Esos que no sabes si deseas o sueñas, si haces o recuerdas.

Sueños de dormir bajo la sombra fresca, donde las haya, de una tupida higuera sobre una cama de paja recién segada.

Sueños de sentir un cuerpo ardiente compartiendo y empapando sábanas. Mezclar humedades y almas. Entrar en el sueño de la siesta llenos de alegría y calma. Paz en las almas.

Respirar el perfume de jazmines y lavandas, destilados en el atanor alquímico, calentado por el sol del mediodía largo.

Soñar con agua fresca tal vez de lejanas montañas. Agua cayendo en las cascadas. Rocas enredadas de helechos y musgos donde el sol jamás derrama sus rayos.

Soñar también con lagos, anchos y caudalosos ríos refrescando praderas, bordeando bosques achaparrados. Marañas de hojas y ramas en donde el calor no pasa. Submundo de sombra fresca. Si quieres llegar al agua hay que utilizar los pasos de los nadadores carpinchos o capibaras, que ellos trazan para llegar a la hierba más allá del bosque indio.

Sueños de siesta, sueños en que no oyes las campanadas. Sueños que cuando despiertas ya pasó la calorada.

 

Las fotos son de un atardecer en el Río Negro (Uruguay), playa del Río Cebollatí (Uruguay) y una de las orillas de la inmensa Laguna Merín (Uruguay).