Nuevo amanecer 

Las barcas llegan a muy buen puerto. 

Surgen de la mar oscura, 

en una noche sin luna. 

En sus entrañas vienen peces de plata. 

El faro las mira con alegría dándoles la bienvenida. 

Su luz certera les marcó el rumbo, 

ahoraa descansar durante el día, 

que en estas noches sin luna, 

hay que engañar a la enamorada sardina de la luna. 

OTOÑO

                                                                      OTOÑO

POEMA DE OTOÑO.

La luz empieza a acortar el día,

nubes de tormenta hacen soplar al cielo.

La calma vuelve a la naturaleza.

dsc_4496Los árboles se desvisten con el viento.

dsc_3601Las veredas se llenan de otoño,

atardeceres largos teñidos de rojos.

Marrón, amarillo, ocres vistiendo árboles.

Corazones en la paz y la calma,

de las calles vestidas de otoño.

La euforia del verano necesita descansar, con las cosechas en los graneros y bodegas, la naturaleza empieza a dormitar.

Sentir el otoño, es empezar un viaje. Un viaje en la luz, acompañando a la Madre Tierra en su descanso.

Esperamos ver los bosques llenos de lluvia para recolectar las setas mágicas, sentimos el éxtasis de la vida en atardeceres largos teñidos de oro y rojo.

Dejamos que el viento haga volar nuestros pensamientos al igual que las hojas amarillas de los árboles.

Es la estación del viaje a nuestro interior, a seleccionar como semillas los pensamientos que luego harán nuestras realidades.

La Naturaleza nos invita a pensar la Paz, a pensar la Alegría, entonces estaremos rodeados de belleza y armonía.

Enlentecer los ritmos para diluir el tiempo, convertirlo en arcilla que de forma a nuestros sueños, igual que mágicos alfareros.

Es la época de ver como corren las nubes en el cielo, estirados en la hierba sabiendo que somos eternos.

Es la época de susurrar palabras al oído, despacio, lentas, de esas que sólo el corazón es capaz de pronunciarlas.

Feliz ciclo de otoño, en la Paz y la Alegría, disfrutemos de este viaje.

Camino de plata líquida. 

Derramas hilos de plata 

sobre la oscura mar. 

Navego en tu plata líquida 

fundiéndome en la mar. 

Fundido en ella 

mi alma empieza a soñar. 

Sueños de lejanos mares 

algunos que pude navegar. 

Sueños de lunas del trópico, 

sueños de lunas heladas. 

Sueños que se acercan 

siguiendo tu plata líquida 

cuando la derramas en la negra mar.

Bañarme en el camino de líquida plata, 

siempre me hace soñar. 

Hermosa luna de plata 

entrega mi corazón a mi amada, 

seguro que en alguna orilla 

lo ha venido a buscar. 

Cosas de la mar

img_1325 img_1324 img_1326 img_1315 img_1327 img_1328 img_1323 img_1318 img_1319 img_1317 img_1314 img_1321 img_1322 img_1320Siempre que te acercas a la mar el entorno es diferente. Aunque vuelvas a la misma hora, siempre hay algo que hace cambiar el paisaje. Todo depende de la luz, la estación del año, si está nublado, si hay temporal….

Pero desde hace un tiempo llegué a la conclusión, por simple observación, que lo que hace que el entorno cambie, son los ojos con los que los miras. Quiero decir que es cuando cada uno de nosotros, escucha los latidos de su corazón, cosa que hace “salirte” del tiempo lineal, entrando entonces en la verdadera dimensión del tiempo, un inmenso e inabastable plano. Al sentirte los latidos del corazón, la conexión es inmediata, le estás diciendo a tu cuerpo, que todo está bien, que te encuentras muy bien, en una zona de calma y tranquilidad, aunque estés corriendo. Es como si el corazón te dijera, -estoy bombeando sangre perfectamente a todo el cuerpo, tu respiración oxigena la sangre que distribuyo, sigue así que estoy muy bien-.

Luego de recibir este mensaje, por tus ojos, oídos, nariz, boca y piel, empiezas a recibir las imágenes, sonidos, olores, gustos y tactos necesarias para incrementar la sensación de bienestar, calma y alegría.  Por eso el paisaje cambia constantemente, aunque estés en el mismo lugar y a la misma hora. En definitiva es nuestro corazón el que hace cambiar el entorno, ya que ES lo que percibimos, sentimos y pensamos.

La otra tarde, me acerqué a caminar por el espigón de levante que hace de protección al puerto de Vilanova i la Geltrú, un paseo bastante habitual y frecuente.

Mi corazón enseguida me envió el mensaje -todo está perfectamente bien-, y empezaron a aparecer ante mis sentidos montañas de maravillas. De la mar me llegaba la fresca y húmeda brisa marina, mirando al Este, veía como el Macís del Garraf derramaba en piedra sobre la mar sus acantilados, las pequeñas calas y sus prominentes puntas, que se desdibujaban en las brumas de la lejanía. Mientras respiraba oliendo a sal y algas, mezclado con el tenue perfume de las flores silvestres que crecen entre las piedras del espigón, miro al Norte y veo la figura del faro recortándose sobre el Montgròs, la otrora montaña sagrada de los cosetanos, pueblo íbero de antes de la romanización, cargando sobre su perfil un impresionante cúmulo nimbo, seguro que cargado de agua, truenos y rayos. Allá casi oculta entre las mansiones noucentistas, la humilde ermita de Sant Cristòfor.

Miro al Oeste, cada vez más consciente de encontrarme en un punto del plano del tiempo, y me introduzco en un enorme pasadizo de luz creado por la complicidad del sol y la mar. Las barcas durmiendo su sueño de calma, que sólo el puerto les puede brindar, acompañadas por las gaviotas también adormiladas por las caricias del ya tibio sol vespertino. Más allá, al Sur, la inmensa y misteriosa mar tocando el cielo en el horizonte inalcanzable. Bueno inalcanzable con una barca, pero siempre cerca cuando lo miras, lo oyes, lo respiras, lo saboreas, lo tocas….con el corazón.

En fin supongo que son cosas de la mar y del corazón.

Silencio burlón de la madrugada. 

Silencio burlón el de la madrugada. 

Se ríe de mi porque escucho su risa.

Despierta las calles, levanta al sol,

cuando este es sólo una promesa diáfana de alegría. 

Pasos solitarios se mezclan con murmullos de alas. 

Hora azul como inmensa mar, 

donde se bañan sueños nocturnos. 

Penumbra silenciosa, te prometo un nuevo día, 

dice el sol lagañoso de nubes. 

Pasos solitarios caminan hacia la plenitud del día. 

Silencio burlón de la madrugada, 

nos vemos en la hora azul vespertina, 

para preparar sueños que por la noche, 

formarán los pasos del próximo día.