Atardecer desde mi ventana

Desde mi ventana veo la mar y su azul horizonte inalcanzable.

En las tardes de otoño el sol poniente envuelve los tejados y el campanario de la iglesia de luz dorada. Toda una invitación al descanso. Risas y sonidos suenan lejanos, nadando como peces en la suave luz dorada.

En el horizonte, desde la mar azulada, surge el cielo rosado donde se recorta la silueta de un gran barco, seguro guiado por los destellos del faro. Quiero pensar que va cargado de sueños, trayendo y llevando historias de tormentas y aguas en calma, de amores vívidos en puertos lejanos.

Me gusta ver un gran barco navegar el horizonte sin caerse al otro lado. Mientras tanto su silueta oscura se ve nítida entre el cielo rosado y la mar cada vez más oscura azulada. Va presto a descargar toneladas de sueños, ves a saber en qué puerto lejano.

Impresiones de un atardecer desde mi ventana.


Cuarto menguante de octubre 2019.

Una tarde de primavera

La tarde se fue yendo entre nubes grises llenas de gotas pintadas de amarillo por el sol que se acostaba. Las flores blancas perfumaban el aire que envolvía a la paloma que se cobijaba.

Miro la tarde que viaja lenta hacia la noche llena de nubes cargadas.

Tarde de primavera con flores, chubascos y aire que trae aliento de la cercana nevada.

Soledad de la mar

En su eterno ir y venir

amaneciendo soles y lunas

la mar creía que estaba sola

fue entonces que sintió una mirada,

que llevaba un pensamiento

lleno de amor y alegría

la mar nunca más se sintió sola

porque miró a sus adentros

sus profundidades más oscuras

vio que estaba llena de vida

supo que en sus idas y venidas

el misterio de la eternidad la envolvía.

Diminutas grandes cosas.

Tardes para mirar la mar, ver el sol ponerse, caminar, perder el tiempo y no quererlo encontrar, son placeres que regalan las tardes.

Todo es muy sencillo cuando ves al sol detrás de un tamariz desnudo. El reguero de luz caminando la mar. Los peces comiendo fuera del agua. Las algas a través de las aguas claras. El mundo que existe en el fondo de la mar. Las palabras no escritas volando con las gaviotas, mar adentro, rumbo al sol.

La musa que el poeta piensa escondida en la luz del sol.

Luna del perigeo

Rojiza, enorme, envuelta en nubes somnolientas, surge la Luna Llena.

Tu luz es un manto protector del beso.

Puede haber algo más hermoso que dos bocas fundiéndose en un beso bajo la luz de la Luna Llena?

Siente, estremécete, vibra, ama, estás dentro de la luz de la Luna Llena.

Mañana cuando el sol acueste la luna, tu vivirás el sueño de recordar el beso bajo la luz de la Luna Llena.

No busques a la dama blanca que surgió del sueño porque tal vez sea eso un sueño que trajo la luz de la Luna Llena.

Tarde de viento.

Invisible siempre,

misterioso

¿de dónde vienes?

¿a dónde vas?

No lo se, pero al despejar el cielo

te vistes de ola rompiendo

de hojas rojas en el árbol desnudo

de paseos pintados de oro

de palmeras desmelnadas

del impasible faro esperando la noche.

Acaricia mi cara

escucho tu voz entre mástiles y ramas

aveces un rugido, algunas un aullido

otras un silvido

pero lo que más me gusta de tu voz

es el susurro de amor

que me acaricia el corazón.

Invisible viento

esparce por los cuadrantes

la sinfonía de amor

enredate en las cabelleras

llénalas de luz y amor.

 

En el día del cuarto menguante de enero de 2019.

Atardecer

Atardecer de otoño

lleno de calmar

el de las nubes despeinadas

el de los cielos coloreados

el del aire lleno de calma

el de la luna creciendo

el de la cálida mirada

el de tus labios frescos

el de tu mano acariciando mi cara

el que se llena de sueños

para alimentar la noche larga.

Atardecer de otoño

lleno de calma

en tu aire se aquieta mi alma.