Soledad de la mar

En su eterno ir y venir

amaneciendo soles y lunas

la mar creía que estaba sola

fue entonces que sintió una mirada,

que llevaba un pensamiento

lleno de amor y alegría

la mar nunca más se sintió sola

porque miró a sus adentros

sus profundidades más oscuras

vio que estaba llena de vida

supo que en sus idas y venidas

el misterio de la eternidad la envolvía.

Diminutas grandes cosas.

Tardes para mirar la mar, ver el sol ponerse, caminar, perder el tiempo y no quererlo encontrar, son placeres que regalan las tardes.

Todo es muy sencillo cuando ves al sol detrás de un tamariz desnudo. El reguero de luz caminando la mar. Los peces comiendo fuera del agua. Las algas a través de las aguas claras. El mundo que existe en el fondo de la mar. Las palabras no escritas volando con las gaviotas, mar adentro, rumbo al sol.

La musa que el poeta piensa escondida en la luz del sol.

Luna del perigeo

Rojiza, enorme, envuelta en nubes somnolientas, surge la Luna Llena.

Tu luz es un manto protector del beso.

Puede haber algo más hermoso que dos bocas fundiéndose en un beso bajo la luz de la Luna Llena?

Siente, estremécete, vibra, ama, estás dentro de la luz de la Luna Llena.

Mañana cuando el sol acueste la luna, tu vivirás el sueño de recordar el beso bajo la luz de la Luna Llena.

No busques a la dama blanca que surgió del sueño porque tal vez sea eso un sueño que trajo la luz de la Luna Llena.

Tarde de viento.

Invisible siempre,

misterioso

¿de dónde vienes?

¿a dónde vas?

No lo se, pero al despejar el cielo

te vistes de ola rompiendo

de hojas rojas en el árbol desnudo

de paseos pintados de oro

de palmeras desmelnadas

del impasible faro esperando la noche.

Acaricia mi cara

escucho tu voz entre mástiles y ramas

aveces un rugido, algunas un aullido

otras un silvido

pero lo que más me gusta de tu voz

es el susurro de amor

que me acaricia el corazón.

Invisible viento

esparce por los cuadrantes

la sinfonía de amor

enredate en las cabelleras

llénalas de luz y amor.

 

En el día del cuarto menguante de enero de 2019.

Atardecer

Atardecer de otoño

lleno de calmar

el de las nubes despeinadas

el de los cielos coloreados

el del aire lleno de calma

el de la luna creciendo

el de la cálida mirada

el de tus labios frescos

el de tu mano acariciando mi cara

el que se llena de sueños

para alimentar la noche larga.

Atardecer de otoño

lleno de calma

en tu aire se aquieta mi alma.

Garbí

El Garbí sopla con insistencia

eriza la mar con su caricia tierna,

lleva la vela rápida a puerto

llena la tarde con su presencia.

Algodonosas nubes vuelan lentas,

la luz de la otoñal tarde mengua.

Pequeñas golondrinas rezagadas se van prestas

alguien les dijo que mañana

bajará la Tramuntana con aliento de nieves frescas.

Sopla Garbí sobre mi playa

haz volar las arenas

susurra a las golondrinas

que lleven mensajes de luz

a otras tierras.

Garbí que soplas con fuerza

mi almas vuela contigo

en tus alas etéreas.

Perfume de dama

Hoy dormiré con el suave perfume de una dama.

En las alas de los pétalos de la dama blanca, viajaré por los mares de tu piel, nadaré en las aguas de tu fragancia.

Nos abrazamos en el perfume del aire y compartiremos sueños.

Sueños, que como todos los sueños están fuera del espacio tiempo.

Sueños dónde sólo está el perfume que lo envuelve todo. Donde tu piel es mi piel, tu aliento mi aliento, tu alma mi alma.

Perfume de dama blanca viajo contigo al mundo sin espacio ni tiempo.

A

Mañana de agosto

Las mañanas de agosto en una ciudad como Vilanova i la Geltrú, tienen un ambiente especial.

Especial porque sin ser la madrugada, ya con el sol bien definido en el cielo, se respira un aire de paz y calma delicioso.

Con la inmensa mayoría de mis vecinos habituales de vacaciones y los bulliciosos turistas aún durmiendo el largo sueño de noche de ocio, la ciudad se nos brinda llena de silencio y sensaciones.

Los pocos que vamos caminando por calles, parques, plazas y ramblas, lo hacemos sigilosos, con la idea de escuchar y no que nos escuchen. Sumergidos en el silencio los pasos se hacen rítmicos, escuchas el canto de los pájaros, su somnoliento aleteo entre las ramas de los árboles. Oyes la radio de aquel hombre mayor que pasea lento por el parque. Tal vez ni el sepa qué noticia está escuchando porque esta es engullida por el envolvente silencio de la mañana.

Todo va lento, despacio, nadie quiere despertar de golpe a la pacífica mañana.

Es el momento que te llama la vieja ventana de la casa abandonada que está en la Rambla. Como su voz está prácticamente apagada, sólo el silencio te hace escuchar sus palabras. Dibujos pintados en lugar de cristales, seguro que sueños pintados por alguien que no sabía que tenía un paraíso a tocar con su mano.

Olores de café recién hecho se mezclan con el del pan horneado.

Sigo caminando lento no se vaya a despertar la mañana.

Mirar las nubes

Estar enamorado de la mar, los bosques y los cielos son placeres que te hacen sentir la vida con intensidad, ya que te transportan siempre al momento donde esta transcurre: AHORA. Ni antes ni después.

Por eso acariciar tus caderas es acariciar las nubes redondas y blandas que flotan en el cielo de verano.

Besar tus labios frescos es beber agua del manantial escondido en el bosque, llenando mi alma del amor verde y fresco de los musgos de las rocas.

Recorrer tu piel es sumergirme en las aguas claras de una cala al amanecer, fundiéndome en el agua, siendo UNO con el agua.

Cuando abres tus ojos a la inmensidad de la mar, tu corazón abre la puerta de otro mundo. El de la paz y el amor.

Por eso me gusta bañarme en tu pelo igual que me gusta bañarme en la mar.

Hago volar mi cometa, dejo que flote en el aire, mis pensamientos van con ella, los veo flotar y volar.

Para hacer inmortal a una gota de agua, la debes verter a la mar. Los instantes de alegría y felicidad los debes verter al océano del amor. Así siempre volverán tal vez en forma de gotas de lluvia fina y tendrás otra gota para hacerla inmortal.

Todo ocurre mirando las nubes, dale la forma que quieras y el instante de alegría aparecerá. Siéntelo, vívelo e igual que a la gota échalo otra vez a la mar, la mar del amor, claro.

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