Primavera que te abres paso.

 

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Regalos de primavera son ver el sol intentando abrirse paso entre la niebla, escuchar a mirlos y jilgueros inundar el aire fresco y húmedo con sus cantos, ver los romeros llenos de flores azules llamando a las abejas. Sentir que la vida tiene prisa por manifestarse. Decir al mundo que la larga noche termina, que la sabia vuelve a subir del sueño de la tierra. Luego vendrá el viento, soplará la niebla y el sol abrazará a todos los seres de todos los mundos para que estos en su libre albedrío sean felices.

La lluvia moja de alegría campos y calles, pintando de gris alegre los paisajes.

Ocurra lo que ocurra, estemos donde estemos y cómo estemos, dejemos que nos envuelva la luz que renace en la primavera. Entonces el miedo se vuelve paz y la tristeza alegría.

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Almendros, mar, abejas

Levanta la mar su húmeda manta de niebla

lejanías sumergidas en la brumosa niebla.

Cerca, las gaviotas juegan, balanceándose en las olas.

El faro respira primavera,

surge erguido entre perfume de almendras.

Infatigables abejas cargan de polen

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sus pilosas patitas traseras.

Mirando el cuadro, el sol se ríe

derrama luz en el aire que la niebla lleva.

Llena de alegría, la mar me dice

se ha cumplido otra vez,

la promesa de primavera.

La luna en la penumbra

En el inmenso juego de las esferas

la brillante luna llena entró.

Febrero frío y nevado la contempla.

Surge vestida de dama blanca

envolviendo con sus hilos de plata

mares, montes, praderas y amores.

Quiso en vano ocultar el amor a su amado,

y en la penumbrosa sombra entró,

más sólo una sonrisa despertó

al quedar su cara tiznada por tenue sombra,

que su amor lleno de luz no ocultó.

 

Luna llena de febrero de 2017 en septentrión con eclipse penumbral.

Noche de viento

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Tropilla de caballos corriendo en la noche

cientos de cascos percutiendo la tierra.

La noche oscura y estrellada,

me lleva a una infancia lejana.

Un niño que se acurruca con miedo

en una cueva hecha con frazadas.

Escucha el aullido misterioso del monstruo

colándose por las rendijas de la ventana.

En la seguridad de la cueva de mantas,

escucha como brama arrancando ramas.

Ningún gallo canta, ningún perro ladra

sólo se siente el temblar de frágiles casas,

estruendo de cosas que se arrancan.

Chispas de cables liberando eléctrica rabia.

Ruidos de metales, maderas, techos y casas,

arrancados, rotos, desgarrados,

prisioneros de la turbonada.

Mañana la calle estará cambiada.

Escucha el niño con miedo toda esa furia desatada,

desde la cueva de cálidas frazadas.

Desde su mente veía un malévolo gigante

soplando con fuerza y rabia sobre su casa,

su barrio, su amada ciudad, que sólo quiere

dormir tranquila a orillas del Río de la Plata.

Siempre de vez en cuando, el gigante sigue soplando.

El niño ahora fuera de la cueva de frazadas,

sabe que el malévolo gigante es el viento,

que solamente quiere insistentemente recordarle

que todas las cosas cambian y que al igual que el viento

la vida suele llevarse vidas, amores, sueños

barrios recuerdos perdidos de la infancia.

Que hay un mañana con un nuevo sol y nuevas ganas

de construir el sueño que el gigante viento

tal vez quiso arrancarle.

Relojes blandos

Sentarse a ver pasar la nubes, dejar ir la vista más allá del horizonte, escuchar el susurro del viento al pasar las agujas de los pinos, sentir la lluvia mojando tu cara, ver danzar la llamas en el fuego…., son eternos instantes que nos colocan fuera del espacio tiempo, nos llevan a otro mundo, tal vez a otra dimensión.  Ese sentirte UNO con lo que estás viendo y sintiendo, nos dice que existen varios mundos por los que podemos transitar.

Es entender los “relojes blandos” que tan magistralmente pintó Salvador Dalí. Un reloj reblandecido colgando de un árbol o deslizándose por una roca en un mundo de formas imposibles. Exactamente eso, entrar en el mundo de los sueños, que tal vez es el “real”.

Cuando vemos desde un lugar quietos las nubes pasar, cielo y mar fundirse en el horizonte, escuchar al viento….estamos “pintando”, “grabando” un cuadro bidimensional, plano, que al proyectarlo se transforma en un holograma tridimensional.  Holograma que es nuestro universo, el de cada uno, de acuerdo al “cuadro” que hemos pintado.

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Para “pintar” cuadros bidimensionales en los cuales queramos vivir el viaje de la vela rumbo al sol, sólo tenemos que “invocar” a la alegría.  Sentir un corazón en un abrazo, jugar como niños, con un perro, un gato, saborear un beso, sentir la caricia dada y recibida, respirar sabiendo si el aire es frío o cálido, esos son los pinceles, las pinturas, la paleta y el lienzo para hacer nuestro cuadro que será el holograma de nuestro universo.

Viña invernal

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Como sábana húmeda la niebla,

envuelve las dormidas viñas.

Sueña con hojas verdes,

y con sabrosas uvas.

Sueñan con días cálidos

con soles largos.

Brisas frescas meciendo sarmientos.

Flores verdes de perfume dulce y suave.

Sueña la viña dormida,

entre sábanas de nieve blanca.

Guarda su rica savia en la raíz

protegida por la tierra de la helada.

Siente la niebla y la helada,

siente la vida que espera,

dormida en su savia.