Mañana de agosto

Las mañanas de agosto en una ciudad como Vilanova i la Geltrú, tienen un ambiente especial.

Especial porque sin ser la madrugada, ya con el sol bien definido en el cielo, se respira un aire de paz y calma delicioso.

Con la inmensa mayoría de mis vecinos habituales de vacaciones y los bulliciosos turistas aún durmiendo el largo sueño de noche de ocio, la ciudad se nos brinda llena de silencio y sensaciones.

Los pocos que vamos caminando por calles, parques, plazas y ramblas, lo hacemos sigilosos, con la idea de escuchar y no que nos escuchen. Sumergidos en el silencio los pasos se hacen rítmicos, escuchas el canto de los pájaros, su somnoliento aleteo entre las ramas de los árboles. Oyes la radio de aquel hombre mayor que pasea lento por el parque. Tal vez ni el sepa qué noticia está escuchando porque esta es engullida por el envolvente silencio de la mañana.

Todo va lento, despacio, nadie quiere despertar de golpe a la pacífica mañana.

Es el momento que te llama la vieja ventana de la casa abandonada que está en la Rambla. Como su voz está prácticamente apagada, sólo el silencio te hace escuchar sus palabras. Dibujos pintados en lugar de cristales, seguro que sueños pintados por alguien que no sabía que tenía un paraíso a tocar con su mano.

Olores de café recién hecho se mezclan con el del pan horneado.

Sigo caminando lento no se vaya a despertar la mañana.

Mirar las nubes

Estar enamorado de la mar, los bosques y los cielos son placeres que te hacen sentir la vida con intensidad, ya que te transportan siempre al momento donde esta transcurre: AHORA. Ni antes ni después.

Por eso acariciar tus caderas es acariciar las nubes redondas y blandas que flotan en el cielo de verano.

Besar tus labios frescos es beber agua del manantial escondido en el bosque, llenando mi alma del amor verde y fresco de los musgos de las rocas.

Recorrer tu piel es sumergirme en las aguas claras de una cala al amanecer, fundiéndome en el agua, siendo UNO con el agua.

Cuando abres tus ojos a la inmensidad de la mar, tu corazón abre la puerta de otro mundo. El de la paz y el amor.

Por eso me gusta bañarme en tu pelo igual que me gusta bañarme en la mar.

Hago volar mi cometa, dejo que flote en el aire, mis pensamientos van con ella, los veo flotar y volar.

Para hacer inmortal a una gota de agua, la debes verter a la mar. Los instantes de alegría y felicidad los debes verter al océano del amor. Así siempre volverán tal vez en forma de gotas de lluvia fina y tendrás otra gota para hacerla inmortal.

Todo ocurre mirando las nubes, dale la forma que quieras y el instante de alegría aparecerá. Siéntelo, vívelo e igual que a la gota échalo otra vez a la mar, la mar del amor, claro.

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Mediterráneo

En mi pequeño paraíso las rocas navegan a vela,

los peces acostumbran a volar

los cielos turquesas se hacen líquidos

las algas construyen paredes de ladrillos verdes

doña medusa vuela por el espacio sideral.

Tal vez los peces son estrella fugaz

en este universo lleno de planetas,

rocas y velas que salen a navegar.

Una ventana

Sentarte a mirar la mar es viajar a otros mundos.

Abres una ventana al universo. Igual que si te paras a mirar un cuadro, de aquellos que la mano era el corazón.

Al sentarte a mirar la mar el alma salta el horizonte. Te fundes con el cuadro, miras todo con el corazón. Eres la gaviota volando. Eres la luz del sol jugando en el agua. Eres un rayo de sol. Eres la brisa fresca perfumada de alga y sal. Eres el viento que empuja la vela en pensamientos de inmensidad.

Sabes que detrás del horizonte nuevos sueños y nuevos mundos hay.

Qué paz, alegría y calma cuando abro la ventana que mira a la mar.

Ventana de sol, estrellas y lunas te abro de par en par, para abrazarte en silencio, en el silencio de la mar.