La alegría

Me dijeron que la alegría es un ángel

de esos de verdad

con alas de plumas, vestidos de túnica

me dicen algunos que no lo pueden ver

¿qué venda tienen tus ojos?, respondo

lo verás jugando con los niños

sintiendo una caricia tierna, enamorada

viendo el sol reflejado en una cabellera al viento

en el canto de los pájaros

en un trigal mecido por el viento

en las noches de luna llena empapada de perfumes

en la sonrisa franca del amigo

en el eterno retorno de las estaciones

en el dibujo que te habla

en el susurro al oído

en la luz del relámpago y el rugido del trueno

en las horas mirando el fuego.

Al ángel de la alegría sólo tienes que invocarlo

para poder verlo.

Carta a un amigo

Querido amigo:

Ya sabés mi afición a la comunicación a través de “la carta”. Tal vez me venga de haber repartido tantas veces la querida “cartita”, aquella que nos mantenía informados durante los terribles y oscuros años de la dictadura militar en mi querida Banda Oriental. Fueron años crueles así como el infinito exilio posterior.

Tal vez me venga, lo de escribir cartas, del relato de Eduardo Galeano cuando narraba lo que le explicó su maestro un día, Juan Carlos Onetti, al referirse si escribir a máquina o manuscrito. Entonces le decía Onetti que no había nada más lindo que escribir con birome porque ibas sintiendo el trazo, las vueltas de las letras que irían formado las palabras y estas irían cargando los sentimientos que cada palabra representaba. En una atrevida opinión personal creo que la descripción es casi erótica. Bueno a mi a veces me pasa, cuando escribes palabras en manuscrito, al ir trazando las formas redondeadas de las letras es como si acariciaras con todos los sentimientos unas caderas, pechos, labios, piernas la piel y el pelo entero de una mujer enamorada, entras sin dudas en el mundo del amor. Entiendo que algo así se debe de sentir cuando dibujas o pintas una acuarela, un cuadro, en donde la mano va dando formas y colores a la visión que sale del corazón del artista.

No quiero ni imaginarme lo que nos diría ahora Onetti en donde todos, o casi todos, vamos escribiendo con un procesador de textos de un ordenador. También te tengo que confesar que llevo siempre a mano una pequeña libreta y un bolígrafo por si en algún momento, mientras voy en un tren, autobús o simplemente sentado mirando la mar, conecto con alguna de las musas del aire, esos seres maravillosos que revolotean por el corazón, y me viene una frase, un recuerdo, un perfume, un tacto, una estrofa de un poema o simplemente un pensamiento. Entonces sale la libreta y dibujo las palabras que luego intentaré pintar en un cuadro, eso sí con el procesador de textos correspondiente.

Antes usábamos la carta manuscrita, aquella que estabas horas escribiendo, la que explicabas todo lo que había pasado en los días o meses de ausencia. Era lindo porque ibas recordando lentamente los acontecimientos que considerabas más importante y que le pudieran interesar al destinatario de la carta. Todo un ritual sin dudas. Cada palabra salía del corazón directamente a la mano, de esta a la hoja, luego de doblarla al sobre y este al correo. Siempre tuve la sensación que era como mandar un cuadro reducido por correo.

Las cartas, qué cosa linda. Es un momento en el que estás exclusivamente por ese amigo, o ese amor lejano. Por eso, como considero que tanto en la amistad como en el amor, lo que llamamos tiempo, pierde las coordenadas, desaparece, se disuelve en lo que es, una simple ilusión, una norma aceptada por todos y que nos la creemos tanto que es casi indiscutible como verdad absoluta. Ay, cuantas verdades absolutas fueron cayendo una a una. Tal vez creemos en las cosas porque vivimos engañados por las pseudoevidencias. Siempre recuerdo aquella clase magistral que nos dio el Profesor Clemente Estable en el Instituto Biológico de Montevideo. Nos hizo salir al hermoso patio del Instituto y nos pregunta: “-qué evidencia estamos viendo ahora, muchachos?-” ante el silencio y la sorpresa de todos nos dice “-que nosotros estamos completamente quietos y el sol se va moviendo en el cielo-“, “-todos sabemos que eso no es así ¿cierto?-” “-aquí tenemos un claro y sencillo ejemplo de una pseudoevidencia-“.

Este hecho me hizo pensar mucho, ¿cuántas cosas habrá en el mundo que creemos y damos por ciertas que en realidad son el producto de una apreciación errónea?

Por eso te digo que en la carta, quedan grabadas para siempre la amistad y el amor, escapando de las invisibles cadenas del espacio y del tiempo.

Recuerdo con mucho cariño cuando retomamos con mi gran amiga Gisela el flujo de cartas. La sorpresa y estupefacción de su familia, me contaba ella, cuando un día aparece un cartero a entregar una carta, fue mayúscula. No lo podían creer, siendo ella analista de sistemas, lo que significa que su dominio en las “nuevas tecnologías” era absoluto, estuviera recibiendo una carta manuscrita, con un sobre, con sellos de correo y con su debido “matasellos”.

En su última carta que recibí, antes de marchar a ese otro mundo en donde no hay ilusión ni engaño y en donde todas las cartas están escritas, escribió cosas como estas: “En agosto estuve unos días en Rocha, en casa de Ileana, pero rodeada del afecto de mis demás hermanos y sobrinos lo que fue muy bueno. También despertar oyendo el canto de los gallos y los pájaros, el sol y las estrellas tan distintos como vivencias a los de Montevideo (con la hermosa excepción de la rambla, ¿no?). Planeo volver en estos días a encontrarme allí con la primavera. con su consagración, pensando en Tchaicosvski y Botticelli……”

Esta carta permanece guardada hasta que supongo algún día alguien la encuentre, amarillenta y bien doblada pero completamente libre e inaccesible al veto digital al que nos sometemos diariamente escribiendo con el procesador de textos del ordenador. Al leerla, quien la encuentre, y ver que no conoce a nadie de los citados, ni destinatario ni remitente, tal vez le llegue sorprendentemente el canto de gallos y pájaros a la luz del sol o las estrellas y se encuentre con una hermosa primavera.

Querido amigo, increíble las vueltas que se dan al escribir una carta. Todo esto fue saliendo debido a un mensaje que me mandaste, utilizando las nuevas tecnologías, en que me hablabas del familiar repiquetear de la lluvia en el cobertizo de techo de zinc en un barrio montevideano vestido de otoño. Te prometo que la próxima hablaremos de aquellos gurises que jugaban en los charcos sin importar lo fría que estaba la lluvia. Hoy me he perdido por los caminos de las palabras escritas en una carta.

Un abrazo grande como charrúa atajando ñandúes.

Fernando

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En Vilanova i la Geltrú, así se ve la Luna en su Cuarto Creciente del mes de mayo de 2019, flotando blanca en la mar azul del cielo.

Oasis de la marisma

Las tardes junto a la mar y las marismas sin duda tienen algo especial. Tal vez sea la percepción de que el sol se va poniendo muy lento. Puedes sentir la Tierra girar. O tal vez por el lento caminar de los transeúntes del parque. También el nadar lento de los patos en el agua de la marisma y los pequeñitos escondiéndose entre las hierbas con su protectora madre.

Creo que lo especial de estas tardes es que se puede sintonizar los corazones con el micro universo que ves. Es parar el cronómetro. Es convertirte en el mismísimo tiempo. Es ser las aguas, el viento, el sol. Es ser todas las cosas.

Es el momento en donde en el abrazo se mezclan los latidos de corazones, haciendo interminable, largo, inmenso, infinito el beso apasionado. Bocas que sonríen, miradas que penetran, labios que se besan.

Los bancos del parque te invitan al silencio. Si te sientas te transportan a otro tiempo o… mejor dicho te sacan del tiempo.

Así las tardes junto a la mar y las marismas en el parque tienen la puerta misteriosa que cuando la traspasas todo queda blando, tibio, lento. Todo a ritmo de corazón latiendo feliz y contento.

Me dejo abrazar por la tarde, acariciar por el viento, llenar mis ojos de mar, de nubes, de patos nadando lento mientras agradezco al banco que me halla transportado fuera del tiempo.

 

Vilanova i la Geltrú en luna cuarto menguante del primer día de mayo de 2019.

Una noche de Luna creciendo

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Brilla creciendo la luna

lenta camina

entre nubes y claros,

pasos que acompasan

sonido de sonajas

sumergidos en la hojarasca,

lenta y calma va la noche

el canto de un grillo

pone música a la calma,

momento de abrir los ojos

crear sueños de amor y calma,

se llenan de luz de estrellas

las sombras que la luna plasma.

 

Poesía de la calle mojada.

Alegría de la lluvia

aceras mojadas de hojas amarillas

calles desiertas

repiquetear de gotas en el paraguas

charcos espejos

sonrisa de luz en la cara mojada

nostálgicos recuerdos

otoños e inviernos cubiertos de frío

calor en el alma

niños jugando bajo la lluvia

amor escondido bajo el paraguas

cielo que llora

alegría de calles de almas

lluvia de hojas de agua

tiempo que colapsa dentro de una gota

gota inmortal

cayendo en la mar infinita y eterna

ora brava ora calma

si quieres ser gota subes a una nube

si quieres ser eterna

te conviertes en la mar amada

me gustas cuando recorres mi cara

siento mil manos de amor

que hacen inmortal mi alma.

 

A los 4 días de la Luna Llena de octubre 2018, caminando en círculos por la ciudad mojada.

Un trozo de tarde junto a la mar

Junto a la mar, el tiempo pasa lento, o tal vez no pasa. Cada segundo es una ola. Olas que siempre están llegando y nunca pasando. Acarician la playa, las rocas, siempre hay una por llegar.

Por eso al sentarte en la arena, mirar y escuchar a la mar sientes que el tiempo sencillamente, desaparece. Se resbala de cualquier mano que lo quiera atrapar. Sólo te puedes convertir en tiempo.

El rumor continuo de las olas hace tu piel viento para fundirse en el agua infinita de la mar. Es entonces cuando tu piel toca la piel de la mar. Así los dos fundidos en uno recorremos los cálidos caminos de luz que juegan sobre la mar.

Los pensamientos son velas que pasan sin que se puedan atrapar.

El aire, la luz y la mar dejan tu cuerpo liviano, se puede flotar. La gaviota volando parece surgida de un cuadro que un corazón quiso pintar.

Cuando respiras la luz del aire tu cuerpo se puede fragmentar. Ser las olas de la mar, la caricia tibia del sol, las hierbas rojizas de la marisma, la arena húmeda de la playa, la gaviota volando, la vela en su navegar. Eres espíritu que ama, eres los labios que se besan, la mirada enamorada, el susurro al oído de palabras que sólo el corazón puede decir.

Junto a la mar el tiempo desaparece.

Gregal a la tarda

Bufa el Gregal barrejat de marinada

porta petites gotes d’aigua

ja s’olora a terra mullada

eriça la mar amb una carícia apassionada,

la grisor del cel de la tarda

em deixa la cara mullada

el silenci de l’aire

porta el remor de les onades

no escolto les meves passes

sobre la sorra mullada

només respiro la mar eriçada

per les sabies mans del Gregal

que li xiuxiueja paraules apassionades.

Als set dies de la Lluna Nova de setembre, poema per a compartir caminant per la platja deserta. Només dues mans entrellaçades, la mar, el vent i una mirada.