Invierno en Septentrión

Paraísos cercanos aquellos que puedes respirar, oler, tocar, ver, palatar.

Massís del Garraf, vieja montaña cárstica, misteriosa, de simas profundas.

Puedo ver desde tus acantilados ponerse el sol en la mar, intrépidos veleros intentando atrapar la luz.

Remanso para patos, garzas y almas en tus plácidas marismas, refugio, comida y alimento espiritual.

Al adentrarte en el Massís del Garraf, te reciben viñas dormidas, pinedas, olivares e intrépidos almendros que empiezan a florecer. Milenarias masies perdidas entre picos y valles, Can Grau, Can Camps, Can Suriol. Ruinas del Castell d’Olivella, bastión medieval, desde el siglo IX custodio de “la frontera”, “la marca” que separaba mundos, el islam al Sur, carolingio al Norte.

En este paraíso cercano, escucho el canto del ruiseñor, puedo disfrutar del silencioso vuelo del águila, los cencerros de los rebaños trashumantes que buscan un invierno más suave entre valles que hacen florecer los almendros. Pronto vendrán las abejas con sus danzas y zumbidos y probaremos la dulce miel joven con sabor a almendras, romeros, retamas, tomillo, hinojo….esa la de mil flores. Gusto a Mediterráneo, gusto a Massís del Garraf.

Paraísos cercanos, este que puedes respirar, oler, tocar, ver, palatar.

 

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