La noche, encuentro de almas

La hora azul del cielo fue trayendo el manto negro de la noche, con
sus estrellas, su luna, sus nostalgias.
Lenta, suave, cálida fue llenando corazones, calles y plazas.
Así sin prisas, abre la puerta de los sueños a los corazones que se aman.
Misterio de la noche mar que se encuentran las almas.

Días de magia

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Estamos acostumbrados a mirar el tiempo como si fuera una línea. No sabemos dónde comienza y menos donde acaba. Así instalamos nuestras vidas sobre una de esas líneas. Al nacer le hacemos una marca y cuando morimos alguien hará otra marca indicando el “tiempo” que duró nuestra vida.

Cada uno debe de tener una línea. Me imagino que vistas desde lejos, deben parecerse a una ventana con percianas de láminas. Aunque sin dudas su estructura es irregular. Por ejemplo deben de haber tramos en que dos líneas se tocan. Recorren un trozo de tiempo lineal paralelo. Siempre regido por las marcas de “inicio” y “final” de cada línea. Deben de ser, esos trocitos paralelos, los que compartimos vida con parejas, hijos, amigos… Luego está todo el tiempo o línea que sobra antes y después de las marcas. ¿lo ocupan otras personas? ¿se pierde en la nada?. Un misterio.

En una de mis fotos, siempre buscando el efecto de la luz en las cosas, surgió una idea. Inconsistente y etérica como todas las ideas.

Al acercarme a la “ventana” que abrió el objetivo de la cámara surgió de pronto un concepto, igual que las dos pequeñas figuras “humanoides” que se ven con claridad. Tal vez todo es un inmenso “caldo” donde flotan libremente infinitos universos. Donde la línea que le hemos atribuido al tiempo es un círculo, que con otros infinitos círculos forma una esfera. Algo así como una madeja de lana, tan compactada que no hay punta de inicio o punta de final.

Entre el sol, las ramas y el lente de la cámara, entramos a una de las infinitas ventanas que nos llevan a cualquier punto de la madeja de lana.

Por eso creo que en el silencio y la calma podemos entrar en la magia. La magia de poder viajar libres por la infinita madeja de lana. Ir a los puntos que nuestros corazones y nuestras almas quieren vivir sin las marcas en una línea seguramente inventada.

A dos días de la Luna Llena de Aries de 2020.

 

El abrazo, un cuento irreal.

Viviendo estos días extraños, de encierro, angustia, miedo, incertidumbre, de sensación de final, de oscuridad, siempre surge una luz. El otro día esa luz surgió de las palabras de mi hermano Aldo. Somos hermanos de sangre por libre decisión, lo que nos hace más hermanos. Todo surgió cuando aquellos niños que jugaban a “indios” en un barrio de la austral Montevideo, decidieron al mejor estilo de Abayubá, Vaimacá, Guyunusa, Tacuabé, Senaqué, hacerse un corte en el pulgar derecho y juntando los dos dedos y las dos sangres decretar para siempre que seríamos Hermanos de Sangre. Desde ese momento seguimos con nuestros arcos atravesados en el cuerpo y unas cuantas flechas de caña tacuara en la mano.

Iremos escribiendo conjuntamente aquellas historias, muchas que seguro los incautos lectores no las creerán. Y harán bien porque son historias que surgen de las mentes de dos niños “hermanos de sangre”.

Hoy compartiremos un cuento breve, “El abrazo”. Este fue escrito para ser presentado en el “Concurso compartido literario”, convocado por la Casa del Uruguay en Barcelona.

Este “cuento breve”, es exactamente eso: un cuento. Es la recopilación de historias contadas verbalmente, cosa que nunca sabremos si pasaron tal como son relatadas. Tampoco sabremos nunca si los personajes existieron o si se parecieron a otras personas ya que al ser un compendio de varios relatos verbales, sabemos que las mentes de las personas no siempre narran las cosas tal y como fueron o simplemente se perdieron en los infinitos relatos, todos ellos posibles, de universos paralelos.

Lo definiríamos simplemente como la historia de un abrazo que quedó enganchado en una plaza de la austral Montevideo. Esa ciudad de la enorme bahía protegida por un cerro y dormida en las playas del enorme Río de la Plata o Paraná Guazú (río grande).

Si les gusta o no, pueden hacer sus comentarios.

Un abrazo para todos de estos hermanos de sangre.

Entrar en el vínculo.

                         El abrazo

Sentimientos empaquetados en palabras (1)

Hoy quisiera hacer paquetes de sentimientos con palabras. Igual que cuando estás sentado en la hierba junto a un río con la espalada apoyada en el tronco de un árbol. A la sombra fresca en un mediodía de verano.

Perderme en pensamientos que corren rápido con el agua. Soñar sentimientos, intentar atraparlos en palabras. Construir oraciones largas donde las comas y los puntos son el zumbido de insectos que pasan.

Preguntarle a la corriente del río dónde se esconden las diminutas ninfas del agua. Esas que juegan con sus espejitos mágicos. Las que hacen bailar fragmentos de sol cuando se quiere refrescar en el agua.

Estirarte en la orilla del río para acariciarlo mientras camina lento o rápido. Sentir el líquido fresco que moja mi mano. Mojarme la cara.

Sentir como el río pasa. Mirar el cielo y ver pasar las nubes más veloces que el sol. Algodones blancos de vapor de agua.

Escuchar el canto de las chicharras, el ulular de las torcazas. Sentir el mediodía de verano envolver mi cuerpo desnudo de tibio calor bajo la sombra del gran árbol.

Entornar los ojos y soñar sueños de agua. Tal vez para poder ver a las pequeñas ninfas del agua.

Hoy quería empaquetar en palabras el sentimiento de la paz y la calma.

Si alguien las abre y siente su cara mojada su cuerpo envuelto en calor tibio y pasa delante de su frente una mariposa, que en realidad es una ninfa del agua, los paquetes de palabras habrán estado bien empaquetados.

También cuando las vayan desempaquetando han de sentir en el pecho como el corazón se ensancha y se convierte en río y en una frondosa sombra en un mediodía de verano.

Luna semilla en el primer día de marzo de 2020.

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La ciudad y la luna

Anaranjada, redonda, enorme, como un saco luminoso lleno de sueños de amor, sale la luna.

Lleva días juntando sentimentos de corazones que la piensan y miran.

Dentro de ese globo luminoso se guardan sentimientos y palabras.

Sentimientos de amor encendidos, de lejanas nostalgias, o de otros que están por nacer y que ahora son sólo palabras pintadas en papel.

Lleva también en su panza de luz, millones….infinitas palabras. Muchas que se dijeron bajo su luz bañando una mar calma, en praderas de horizontes lejanos o surgiendo de una pineda en la alta montaña. Hay otras palabras, que también las guarda, no dichas aún porque están esperando que se junten dos manos y dos miradas. Así en el silencio de una noche, derramará su luz con palabras codificadas. Unos labios transformarán la luz en palabras susurradas y un oído las llevará al corazón y al alma. Empezará un intercambio de palabras, de labios húmedos que las susurran, de corazones y almas que las guardan. Entonces habrá un momento en que coincidan las miradas en la luna brillante y redonda, saldrá de los corazones un rayo de palabras, que se descodificarán en luz para llenar a la luminosa panza, la de la viajera noctura. Ella las guardará en secreto y amor para vertirlas infinitas veces cada vez que se entrelacen dos manos y dos miradas.

Luna llena de palabras y sueños de amor ilumina mi ciudad dormida, déjanos tus rayos de luz para poder susurrar palabras, bien bajito para no despertar la noche llena de magia.

A la Luna Llena de febrero de 2020.

“Un buen guiso siempre vale la pena”

Después de muchos años de exilios y ausencias los antiguos amigos volvían a estar juntos. Fueron muchas las “casualidades” que se dieron para que esta reunión tuviera lugar. Nos conocíamos todos muy bien. Es que habíamos compartido esas etapas de la vida en la que todo se aprende: la niñez y la adolescencia. Cuando los aprendizajes se hacen compartidos se crean lazos indisolubles en los que por mucho que pase el espacio y el tiempo, siempre puedes retomar la conversación donde la habías dejado. Ese es el misterio de la amistad. El hecho es que la “barra” del “muro de Berlín” estaba junta otra vez.

El lugar elegido para la reunión fue el Parque Nacional de Santa Teresa. Otrora territorio salvaje entre el Océano Atlántico, la Laguna Negra y los vastos bañados del Departamento de Rocha. Territorio de caza de los arachanes, la misteriosa etnia charrúa que habitaba aquellas lejanías. También era zona del puma y el jaguar, hoy muertos o encarcelados por “atentar contra la propiedad”. Peor suerte corrieron los arachanes que fueron extinguidos, tan cruelmente que destruyeron para siempre su lengua y cultura. De las pequeñas pirámides que construían sólo quedan algunos montículos llamados “los cerritos de los indios”.

El hecho que esta maravillosa zona medio salvaje, se convirtió en Parque Nacional con un área de servicios habilitada para acampadas. El atractivo es tal que puedes instalar la tienda en medio de un frondoso bosque nativo o un bosque de gigantescos eucaliptos, que fueron plantados para fijar las arenas móviles de las antiguas dunas. Estar acampado en un lugar así es maravilloso. En las frescas noches del verano austral te permite acercarte a las interminables playas del Atlántico y contemplar uno de los cielos estrellados más hermosos del mundo. Galaxia, nebulosas, constelaciones, se ven perfectas entre las estrellas, como si fueran cantos rodados de un río celeste. Las noches sin luna o cuando está menguando, es decir con oscuridad absoluta, son las estrellas las que iluminan el paisaje. Luz tenue, de un azulado más que enigmático que al mezclarse con el intenso perfume del salitre oceánico te hace entrar en un mundo diferente, un mundo en donde eres parte de un “todo”, donde alma y espíritu se fragmentan en la luz de las estrellas.

Se te puede ocurrir entrar en las frías aguas del Atlántico con un “calderín” para pescar un buen puñado de plancton y hacer una “fritadita para la cena”. Luego, al salir del agua lucir figura de espectro, fosforescente, debido a las microscópicas noctilucas que habitan el agua.

En un lugar así el centro de todo es el “fogón”. El lugar donde se enciende el fuego ya sea para calentar e iluminar las frescas noches de enero o para cocinar. Allí puedes hacer desde riquísimos pescados a la brasa, corvinas o brótolas, pasando por el típico asado de tira con su respectiva parrillada compuesta de chorizos, morcillas, tripa gorda, mollejas… Otra forma de cocinar es con la olla de hierro colgada por una cadena del soporte de madera. Un “fogón” de estas características bien hace un par de metros cuadrados.

Resultó ser que uno de los días que pasaba la “barra” de amigos acampada, surgió la idea de regalarnos con un delicioso guisito rústico.  Esos que llevan buenos trozos de carne, chorizo, morcillas, papas, fideos, choclo, especies y sobre todo se cuecen en un fuego de leña.

Lo que no programamos fue que ese día de verano austral íbamos a estar bajo el ardiente viento del Norte, el que trae el terrible calor húmedo de la lejana selva tropical. Ese al que le decimos “el aliento del diablo”.

A pesar del terrible calor, el guiso, empezó a marchar en el fogón. Protegidos por la sombra acogedora de las anacahuitas, las coronillas y algunos de los gigantes eucaliptos, fue transcurriendo el día entre mates, vinos y algún vaso de whisky brasilero. El Parque está a muy pocos kilómetros de la frontera con Brasil y realizar “compras” para el campamento siempre sale encuentra, además de visitar el Chuy o Santa Vitória do Palmar pueblos fronterizos donde la simpatía de sus habitantes siempre te cautiva.

Llegada la hora de la comida saboreamos el exquisito guiso con repetición y todo. Contentos después de acabar la comida y comprobar que había quedado suficiente para calentar en la cena. Estaría más bueno todavía porque como suele suceder los sabores se “asientan” y queda más gustoso.

El calor era cada vez más asfixiante. Pero todos muy bien sabíamos que eso era puntual. Cuando viene el aire cálido del Norte, siempre al chocar con las aguas frías del Atlántico Sur, inevitablemente desata tormentas impresionantes de lluvia, viento e importante aparato eléctrico, es decir rayos y centellas. Esto convierte a estas tormentas en muy peligrosas y más aún si estás acampado en un paraje natural.

Efectivamente, durante la tarde el aire caliente y pesado se fue ionizando y cargándose eléctricamente, preparándose para lo peor.

Al caer la noche nos disponíamos a “calentar” el maravilloso guiso pero paralelamente el viento hacía mecer ya con rumor de hojas de las altas copas de los eucaliptos. Estos árboles al haberlos plantado para fijar las arenas, encontraron abundante agua proveniente de acuíferos conectados con la inmensa Laguna Negra. Con tanta agua crecieron hasta pasar los 20 metros de alto y unos diámetros en que tres o cuatro personas les cuesta “abrazarlos”. Al ser el suelo arenoso, la solidez de las raíces de estas moles es muy cuestionable. Siempre cuando sopla el viento tormentoso caen tres o cuatro de estos gigantes. Eso los convierte en muy peligrosos ya que pueden caer sobre una tienda de campamento, sobre un fogón o directamente sobre personas. Produciendo muerte o discapacitaciones severas.

Rápidamente los amigos organizadores del encuentro deciden hacer caso a los consejos de los administradores del Parque (el ejército, es que continúa siendo una zona estratégica para el País. Desde allí se controla el llamado “Paso de la Angostura”, entre las lagunas, los bañados y el Océano Atlántico), de ir a refugiarse a la “Capatacía”. Ese lugar es como un “búnker”, de piedra y alejado de los gigantes de pies débiles, además está rodeado de pararrayos, cosa que garantiza el no morir chamuscado.

El guiso ya estaba a punto para comer, dejaba ir un perfume irresistible.

Al caer las primeras gotas de lluvia, sentirse los primeros truenos intimidatorios y las ráfagas de viento helado, todo el mundo empezó a recoger las cosas imprescindibles para ir a refugiarse a la Capatacía.

-Dale, apúrense, bo, que se viene con todo! -Nos dicen nuestros anfitriones.

Al vernos la cara de uno de los amigos y la mía, de incredulidad con la tormenta, aunque en el fondo era una gran resistencia a abandonar el exquisito guiso que nos esperaba calentito.

Ya estábamos recibiendo el último ultimátum: -Bo, nosotros nos vamos si se quedan acá les puede caer un rayo o un árbol.

Mi amigo me mira y me dice: -Ché ¿cómo lo ves esto?

Le respondo -Bueno creo que es una tormenta pasajera.

-Es que si nos vamos nos perdemos el guisito que tiene pinta de estar buenazo. Dijo mi amigo.

-Sí, es una lástima perdernos el guiso calentito y todo. Yo iría comiendo y se vemos que se complica más, rajamos para Capatacía. Sugerí como propuesta altamente razonable.

Con una amplia sonrisa dijo mi amigo: -Mirá creo que tenés razón y después de todo, si nos cae un rayo quedamos con los pelos de punta y salimos como en un negativo de foto.

Entre el viento, la lluvia intensa y los rayos que menudeaban aquí y allá, saboreamos debajo del toldo el exquisito guiso acompañado de un vaso de vino y una charla llena de risas y alegría recordando antiguas anécdotas vividas.

Cuando pasó la tormenta, la verdad no sé cuánto duró, porque cuando te comes un guiso con un amigo en el medio del caos, el tiempo se diluye, desaparece. 

Cuando regresaron el resto de amigos, el comentario era: -¿Y se morfaron todo el guiso?

-Cláro, es que un buen guiso siempre vale la pena.

  Las fotos no son del guiso protagonista de la historia, pero sirven para ilustrar el “fogón”.

Invierno en Septentrión

Paraísos cercanos aquellos que puedes respirar, oler, tocar, ver, palatar.

Massís del Garraf, vieja montaña cárstica, misteriosa, de simas profundas.

Puedo ver desde tus acantilados ponerse el sol en la mar, intrépidos veleros intentando atrapar la luz.

Remanso para patos, garzas y almas en tus plácidas marismas, refugio, comida y alimento espiritual.

Al adentrarte en el Massís del Garraf, te reciben viñas dormidas, pinedas, olivares e intrépidos almendros que empiezan a florecer. Milenarias masies perdidas entre picos y valles, Can Grau, Can Camps, Can Suriol. Ruinas del Castell d’Olivella, bastión medieval, desde el siglo IX custodio de “la frontera”, “la marca” que separaba mundos, el islam al Sur, carolingio al Norte.

En este paraíso cercano, escucho el canto del ruiseñor, puedo disfrutar del silencioso vuelo del águila, los cencerros de los rebaños trashumantes que buscan un invierno más suave entre valles que hacen florecer los almendros. Pronto vendrán las abejas con sus danzas y zumbidos y probaremos la dulce miel joven con sabor a almendras, romeros, retamas, tomillo, hinojo….esa la de mil flores. Gusto a Mediterráneo, gusto a Massís del Garraf.

Paraísos cercanos, este que puedes respirar, oler, tocar, ver, palatar.

 

Marismas y la mar

Amanecer en la marisma de Ribes Roges el 21 de diciembre, último día del año astronómico ya que mañana 22 se produce el Solsticio de Invierno en el hemisferio Norte y comenzamos el “viaje hacia la luz”.

Había un intenso temporal de Garbí que agitaba la mar provocando un oleaje continuo de rugido intimidatorio.

La vida en forma de garzas, patos, caderneras, estorninos, gaviotas y cormoranes se refugiaba en los remansos de agua de la marisma, protegidos por la vegetación y alimentados generosamente por ella.

La niebla y la lluvia le daban el toque imprescindible para despedir el otoño y vivir el día más corto del año rumbo al invierno.

Mañana vuelve la luz, deja de retroceder para comenzar su ascenso imparable hasta estallar en vida en la próxima primavera.

Un buen día el de hoy, para hacer balance del año, comprobar si conseguimos los objetivos planeados o qué nos faltó para conseguirlos. Encendemos las luces del árbol para decirle que no tenga miedo a las sombras, que la luz ya viene y pronto renacerán sus ramas hojas, flores y frutos

Esperamos la luz con la confianza que la madre Tierra nos soportará y nos alimentará igual que lo hace con las aves de la marisma de Ribes Roges. El próximo año que empieza mañana, no nos faltará de nada, todo lo que pensemos con el corazón la madre Tierra nos lo dará llena de alegría como lo hacen todas las madres.

Un feliz Solsticio de Invierno a todos y que nuestros pensamientos y sentimientos sean de alegría, dicha y prosperidad. Encendamos el árbol de nuestros corazones y a disfrutar del viaje intergaláctico con nuestra Madre Tierra y nuestro padre Sol por el inabastable Universo.

 

Impresiones de un instante junto a la mar.

Ubres de bronce que espuma de mar dan

montañas azules, lejanas entran a la mar

cañas pescando luz con anzuelos de sueños

mujer de bronce que miras el firmamento

impresiones de este exacto momento

instantes de aire fresco y húmedo

la mar moviéndose en sus adentros

revestir con el corazón la mar, el aire,

las formas del bronce, la luz todo un universo.

Vilanova i la Geltrú mañana de domingo a dos días de la Luna Nueva del centauro arquero.

Una tarde de otoño

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Volar, caminar, navegar por la tarde otoño entre la mar y la marisma es un placer a los sentidos.IMG_5791

Desenvolver el aire frío y zambullirte con los patos en las aguas calmas de la riera. Ver mecerse los gorriones en las hierbas altas buscando el grano de comida. Sentir el viento en la cara, el sol tintando las nubes. El color azul oscuro de la mar con frío. El tiempo detenido en ese instante.

Para entrar en la tarde de otoño entre el mar y la marisma hay que recorrer un túnel curvo de luz dorada con caminos que convergen en la playa.IMG_5800

Respira, siente el olor a agua salada. Siente en tu cara el viento y escucha los susurros de amor que lleva en las alas.

Deja tu corazón en calma, déjalo que sea uno con la marisma, la mar, el sol y el viento que llevará tus pensamientos a donde quieras que vayan.

Impresiones de un atardecer de otoño con la luna entrando a menguante.