Oasis de la marisma

Las tardes junto a la mar y las marismas sin duda tienen algo especial. Tal vez sea la percepción de que el sol se va poniendo muy lento. Puedes sentir la Tierra girar. O tal vez por el lento caminar de los transeúntes del parque. También el nadar lento de los patos en el agua de la marisma y los pequeñitos escondiéndose entre las hierbas con su protectora madre.

Creo que lo especial de estas tardes es que se puede sintonizar los corazones con el micro universo que ves. Es parar el cronómetro. Es convertirte en el mismísimo tiempo. Es ser las aguas, el viento, el sol. Es ser todas las cosas.

Es el momento en donde en el abrazo se mezclan los latidos de corazones, haciendo interminable, largo, inmenso, infinito el beso apasionado. Bocas que sonríen, miradas que penetran, labios que se besan.

Los bancos del parque te invitan al silencio. Si te sientas te transportan a otro tiempo o… mejor dicho te sacan del tiempo.

Así las tardes junto a la mar y las marismas en el parque tienen la puerta misteriosa que cuando la traspasas todo queda blando, tibio, lento. Todo a ritmo de corazón latiendo feliz y contento.

Me dejo abrazar por la tarde, acariciar por el viento, llenar mis ojos de mar, de nubes, de patos nadando lento mientras agradezco al banco que me halla transportado fuera del tiempo.

 

Vilanova i la Geltrú en luna cuarto menguante del primer día de mayo de 2019.

Una tarde de primavera

La tarde se fue yendo entre nubes grises llenas de gotas pintadas de amarillo por el sol que se acostaba. Las flores blancas perfumaban el aire que envolvía a la paloma que se cobijaba.

Miro la tarde que viaja lenta hacia la noche llena de nubes cargadas.

Tarde de primavera con flores, chubascos y aire que trae aliento de la cercana nevada.

En la puerta del armario hay un agujero negro.

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Un túnel en la puerta del armario.

De la espesa y tupida niebla que es el tiempo, tanto pasado como futuro, escapándose solamente el instante actual, al cual ilumina el foco de la consciencia como si de un teatro se tratara, tal vez las cosas que vemos con mayor claridad, dentro de esa niebla, son las que nos hicieron soñar o imaginar cosas.

Recuerdo nítidamente el enorme armario de caoba que había en la habitación de mis padres. Para un niño de seis o siete años le resultaba algo así como una montaña o tal vez un enorme prisma monolítico. Entre las infinitas formas de los nudos de la madera, destacaba en una de las puertas un dibujo con nueve elipses concéntricas que se extendían desde los límites de la puerta hasta el centro.

Las tardes de verano en que me “hacían dormir siesta” en “la cama grande”, como incentivo chantajista. La habitación estaba fresca, con una temperatura muy agradable a pesar de ser verano, debido a la penumbra que dejaban las persianas de láminas de madera cerradas. Era entonces que el dibujo de la puerta del armario, para mi, tomaba otra dimensión.

Como me costaba dormir, ya que lo que yo quería era estar en la calle, a pesar del calor, sentado o jugando a la sombra del enorme paraíso de la vereda, esperando que pasara el carrito del heladero con su entrañable toque de campanita y el grito de “conaproooole……conaproooole helaaaados”, la elipse concéntrica de la puerta del armario, era mi escapatoria.

Me ponía a mirar aquella figura formada por los colores marrones de la madera y se convertía en un interminable túnel el cual si lo andaba, podía acceder a infinitos mundos. Todas las elipses confluían en un punto que a modo de agujero negro galáctico tenía el poder de transportarme al lugar que quisiera. Claro está que no tenía ni idea de lo que era un agujero negro galáctico, es más, creo que ni lo había intuido los científicos.

Montado en mi “chata”, aquel veloz vehículo que consistía en una base de madera de unos 60 cm de lado con dos ejes de madera, uno de ellos giratorio a modo de dirección guiada con los pies, rematados con cojinetes por ruedas y que era imprescindible para las carreras bajando las pendientes de la falda del Cerrito de la Victoria, emprendía el viaje, volando ya que la chata dejaba de depender de la gravedad, dentro de los nueve círculos concéntricos de la puerta del armario.

Cuando pasaba el tramo oscuro de las elipses, el punto central me hacía pasar a uno de los mundos. Ya no necesitaba la chata para moverme. Podía caminar por bosques lleno de verdor, con plantas trepadoras que estallaban en flores de colores imposibles de ver en el jardín de casa. Sentía la cálida y agradable caricia del aire mientras me dejaba envolver por los perfumes más dulces y exóticos que desprendía el bosque. Era un mundo muy extraño, los ciervos, liebres, carpinchos, pumas, jaguares, los pequeños aperiás, el colibrí, las abejas, el tatú y la mulita, los ñandúes, el sabiá, el rojo churrinche…, todos compartían el agua fresca del arroyo y ninguno se tenía que comer al otro para vivir. Claro era un mundo en donde no existía la muerte, en ninguna de sus formas, nadie sabía lo que era.

Pero lo más increíble de aquel mundo era que los animales hablaban. Así resultaba que mientras caminaba por el bosque, escuchaba la conversación del puma con el carpincho: -cuéntame carpincho lo que viste en la otra orilla del río- preguntó el puma.

-vi a doña anaconda cuidándose sus 10 metros de piel en uno de mis fangares-

-¿y qué le dijiste?

-y…sabiendo su mal genio y su respetable tamaño, sólo le pregunté si tenía para mucho rato, ya que yo necesitaba darme un revolcón en el barro para limpiar mi piel, no la fuera a enfadar-

-ja ja ja- dijo el puma

-pero doña anaconda estaba de buen humor -interrumpió el carpincho- y me dijo ponte a mi lado carpincho que hay lugar para los dos, ya iré con cuidado de no hacerte daño con mis 90 kilos. Así fue que los dos disfrutamos de un maravilloso baño de barro.

Dejaba la conversación entre el carpincho y el puma y escuchaba la del colibrí y la abeja.

-Colibrí ¿no sé si has visto aquella maravillosa flor blanca que trepa la anacahuita gigante en donde nace el arroyo? -dijo la abeja-

-No, no la vi hermana abeja -respondió el colibrí-.

-Tendrías que ir a verla, tiene uno de los néctares más deliciosos del bosque y con su polen mis hermanas y yo haremos la miel más rica y dulce de todas las conocidas.

-Gracias hermana abeja voy volando a probar ese néctar.

Entre esos diálogos no se si me dormía o seguía viajando por valles, selvas, lagos, montañas, hasta que volvía a recorrer el túnel de elipses concéntricas de la puerta del armario, encontrándome de nuevo en la habitación de la “cama grande”, traído por el hilo invisible del grito del heladero “conaproooole……conaproooole helaaaados” y que yo no podía salir a comprarme un helado porque “estaba durmiendo la siesta”. Pero no importaba, qué bien lo había pasado en el viaje.

Relato que me trajeron las musas del viento cuando despejaron el trozo de niebla que lo cubría durante la Luna Llena de abril.

Día de la Poesía 21 de marzo de 2019

Del griego “hacer”, “crear”, “construir”…..con estas palabras definía el pueblo de la Grecia clásica lo que era una poesía.

Es la forma más efectiva de compactar sentimientos y emociones dentro de palabras.  Me gusta decirle “palabras empaquetadas”. Crea una interacción entre el “empaquetador” (escribiente u obrero/a de palabras) y la persona que “abre el paquete” (lector, oidor…).

Nada más hermoso que aquel que puede poner en palabras la ternura de una mirada, la calidez de una sonrisa, la magia de un abrazo, la pasión de un beso o el dolor y la tristeza por una pérdida; mientras del otro lado del puente invisible, hay una persona capaz de abrir esos paquetitos y deja que esos sentimientos y emociones recorran su alma como el viento fresco de primavera.

Les mando un paquete de regalo, está lleno de palabras, deseo que cuando lo abran desborden sus corazones de sueños.

“No me acuerdo bien la fecha cuando escribí esto pero fue en una tarde de lluvia, esas en que me envuelve la nostalgia o mi alma pierde la coraza y queda como cristal fino que lo puede romper una gota de agua.

Son momentos en que me siento blando, igual que tierra mojada por mil lluvias.

Son los momentos que abriría mi corazón para compartir toda esa nostalgia, que no tristeza, para transmutarla en una historia de esas que tanto me gustan.

Compartirla oyendo la lluvia besando una cara mojada.

Ay los sueños, tal vez mundos paralelos, tal vez lugares escondidos de la mente, tal vez agua que se escapa entre los dedos.

¿En dónde están?, ¿a dónde van los sueños?

Tal vez están en jardines llenos de flores y plantas, o viajando por blancas nubes sobre alguna mar lejana, tal vez se escondan en relojes blandos incapaces de marcar el tiempo.

Creo que están en los corazones guardados esperando el momento de luz para vivirlos completamente enamorados.

No se lo que son, pero si se lo que siento.”

Soledad de la mar

En su eterno ir y venir

amaneciendo soles y lunas

la mar creía que estaba sola

fue entonces que sintió una mirada,

que llevaba un pensamiento

lleno de amor y alegría

la mar nunca más se sintió sola

porque miró a sus adentros

sus profundidades más oscuras

vio que estaba llena de vida

supo que en sus idas y venidas

el misterio de la eternidad la envolvía.

Diminutas grandes cosas.

Tardes para mirar la mar, ver el sol ponerse, caminar, perder el tiempo y no quererlo encontrar, son placeres que regalan las tardes.

Todo es muy sencillo cuando ves al sol detrás de un tamariz desnudo. El reguero de luz caminando la mar. Los peces comiendo fuera del agua. Las algas a través de las aguas claras. El mundo que existe en el fondo de la mar. Las palabras no escritas volando con las gaviotas, mar adentro, rumbo al sol.

La musa que el poeta piensa escondida en la luz del sol.

Luna del perigeo

Rojiza, enorme, envuelta en nubes somnolientas, surge la Luna Llena.

Tu luz es un manto protector del beso.

Puede haber algo más hermoso que dos bocas fundiéndose en un beso bajo la luz de la Luna Llena?

Siente, estremécete, vibra, ama, estás dentro de la luz de la Luna Llena.

Mañana cuando el sol acueste la luna, tu vivirás el sueño de recordar el beso bajo la luz de la Luna Llena.

No busques a la dama blanca que surgió del sueño porque tal vez sea eso un sueño que trajo la luz de la Luna Llena.