Casa del Uruguay en Barcelona 40 años de amistad

 

pastedImage(1).png

Como dice el tango “que 20 años no es nada…, ” ni les cuento lo que son 40 años.

Así se nos pasaron 40 años. Los muchachos/as de entonces, algunos/as auténticos chiquilines/as, seguimos compartiendo un sueño.

Empezamos todos compartiendo una de las experiencias más duras de la vida, el exilio.

Los más pensábamos que era cosa de un par de años y luego volver a seguir con nuestros proyectos particulares de vida. Pero algunas veces el destino es porfiado y nos obliga a seguir otros caminos. Esa terrible adversidad del destierro, nos unió de una manera gluónica (esa misteriosa fuerza que une los quarks dentro de los nucleones, y que sólo actúa cuando se le aplica una fuerza para romperlos). Así surge la Casa, gracias al tesón y esfuerzo de unos pocos y que fue ganándose el cariño y prestigio de todos.

En aquellos años duros e inciertos, la Casa fue el gran oasis donde calmábamos la soledad  que implica el destierro. Pasaron por la Casa grandes orientales como Benedetti, Galeano, Viglietti…. y como dijo Mario en tono de broma, Onetti no, porque ya se había metido en la cama.

Después llegó el año 1984, el retorno de muchos fue muy significativo. Otros ya habíamos tirado el ancla en esta tierra que nos enamoró, Catalunya. Ahora con motivo del 40 aniversario se hizo una edición recuperada de la mítica postal confeccionada como agradecimiento y reconocimiento al Pueblo de Catalunya por la solidaria acogida que tuvo con todos nosotros. En la postal están las fotos del monolito y la plaza en Montevideo dedicada al President Lluis Companys, asesinado en 1940 por la dictadura franquista, la plaza es del año 1944, se puso en el anverso de la postal “Primer y único monumento público en el mundo…”

Entre recuerdos, de los que nos dejaron en este viaje, las anécdotas,  la historia de la Banda Oriental y el legado que nos dejó José Artigas Protector de los Pueblos Libres, pasamos las horas de la tarde de este 2 de junio.

Cuarenta años de compartir un sueño de solidaridad constante, humanismo, democracia y libertad. Cuarenta años que han valido el reconocimiento de la República Oriental del Uruguay a través de una emotiva placa entregada por la Sra. Cónsul General del Uruguay en Barcelona, hecho que nos llenó de alegría y orgullo.

Como hablábamos con mi amigo Salvador, la vida es una construcción de sueños como los ladrillos que forman una casa, todos los compartimos con otras personas, algunos con una sola, otros con muchas. La Casa del Uruguay en Barcelona es uno de esos sueños que hoy compartimos deleitándonos de la amistad.

Felicidades amigos/as y compañeros/as.

Fernando Galbán Testa, socio.

Barcelona, 2 de junio de 2018.

 

Sensaciones de una mañana

Vista que se pierde en el verde de olivos y viñas

amarillos de campos segados y retamas,

robles, encinas, borrajas y malvas

se mezclan con trinos, zumbidos y murmullos de alas,

perfume dulce e intenso de las amarillas retamas

aire tibio poniendo música de sonajas

a las hojas de encinas y robles, oboes son los pinos,

pero cuando el aire calma, surge misterioso

el perfume de las hadas, discreto y suave

en flores de vides, que a los insectos llaman.

A la vista llegan centenarias chimeneas apagadas

campanarios de ermitas, siempre esperando una plegaria,

sintiendo la mañana, ves, escuchas y hueles como pasa lenta,

rodando al mediodía del alma.

 

En un rincón del Gran Penedès, el día de la Luna Llena de mayo de 2018.

Nave Tierra

Cada amanecer es diferente, así nos lo explica el cielo. Creo que son los vientos y el aire los que configuran el día. Nubes de formas caprichosas, de formas que sólo los sueños pueden imaginar, hacen ver el sol siempre cambiante.

Lo que si tiene cada amanecer es que si lo miras y entras en él unos minutos, sientes al planeta, nuestro hogar, nuestra madre, la Tierra, girar como un trompo lanzado al círculo por la chaura resistente de la inocente mano de un niño que lo mira girar sorprendido y alegre.

Puedes sentirte en el amanecer tripulante de una gran nave espacial.  Siempre tienes una gran ventana para ver el espacio exterior. Amaneceres, atardeceres, medios días, noches estrelladas.  Astronautas, viajeros del espacio en esta, para nosotros inmensa nave, pequeña subpartícula para el Universo, viajando a grandes velocidades por un infinito vacío lleno de cosas.

Todo es un inmenso y cambiante holograma creado de corazones, pensamientos y emociones.

Por eso cada amanecer es distinto porque el holograma lo creamos cada uno de nosotros, latiendo, pensando, sintiendo.

 

Perfumes, olores…

Los homínidos que nos autodenominamos “seres humanos” somos una imagen holográfica creada por los sentidos y asociada entre si por los pensamientos.

Durante nuestras vidas funcionando en 3 dimensiones (espacio, tiempo, materia), vamos recibiendo, a través de los sentidos multitud de estímulos. Formas y colores mediante la vista, melodías y sonidos por el oído, olores y perfumes con el olfato, sabores con el sentido del gusto y percepciones táctiles por la piel es decir el sentido del tacto.

Conforme vamos “sintiendo”, los vamos agrupando siguiendo un parámetro de polaridad emocional: lo que vimos, olimos, tocamos, degustamos, escuchamos, nos produjo una emoción placentera, agradable, alegre, excitante (digamos positiva) o por el contrario esta emoción nos hizo sentir miedo, rabia, angustia, asco, dolor (emociones negativas).

Con esta dual clasificación, lo vamos guardando en ese misterioso agujero negro de nuestro cuerpo: la memoria. Luego nuestra mente los va rememorando y ordenando convirtiéndolos en pensamientos positivos o negativos. Con estos pensamientos vamos creando nuestras realidades y atrayendo, la mayor de las veces inconscientemente, las cosas del espacio, tiempo, materia que nos harán sentir y vivir lo que queramos experimentar.

 

Personalmente, desde mi más tierna infancia, siempre disfruté intensamente de la lluvia o me produjo sensaciones placenteras.

Durante mi infancia austral, cuando llovía en verano era salir a la calle casi desnudo a corretear sintiendo el agua fresca que recorría mi cuerpo, abrir la boca mirando al cielo y saborear el agua. Hacer barquitos de papel estraza, (con lo que se envolvían los alimentos que se compraban en aquella época), y correr junto a ellos por la correntada de la calle. Oler el perfume de “tierra mojada” al caer los primeros y avisadores gotones del inminente chaparrón, también era una agradable sensación que luego se mezclaba con los perfumes de jazmines y violetas.

En invierno, bien enfundado en cálidas botas, saltar dentro de todos los charcos del camino, esperando a la mañana siguiente romper la capa de hielo que dejaba la noche. Escuchar el aguacero golpeando techos y ventanas con el viento desmelenando los helechos del patio. Sentir la cara y las manos mojadas, heladas, mientras ibas sin prisas a la escuela.  Oír el canto del sabiá o el grito de los teros, que siempre se alegran cuando llueve.

Tardes de domingo lloviendo en el gran parque, caminar por los senderos rodeado de gigantes verdes, escuchar tus pasos ritmados por el repiquetear de las gotas en el paraguas. El tacto de acariciar un pelo y una cara mojadas, sentir esos labios frescos con tus labios formando un único universo mojado.

Hoy tal vez por eso de la lluvia fina de primavera, tuve dos regalos. Mojarme la cara en el parque escuchando las gotas caer entre los árboles con los mirlos ejecutando su sinfonía y las melias (paraísos) florecidas perfumando toda una calle. Momento de alegría y placer que la lluvia hizo que mi mente creara.

Siempre observo lo que pienso, atraigo y vivo lo que siento.

Para no hacerlo muy largo, lo dejo aquí, pero prometo comentar otro sobre el perfume del café recién hecho, del pan caliente, de las salsas en la cocina de mi infancia, del mate con cáscaras de naranja del pelo de mi amada.

Hay que ver las cosas que hace una fina lluvia de primavera.

 

Wesak o la Luna del Buda

El plenilunio de Tauro nos trae momentos en los que podemos funcionar como lo que auténticamente somos: seres conectados y unidos indisolublemente a todo el Universo.

Es el momento en el que al ver la brillante Luna Llena llenamos nuestras almas con sentimientos de paz, amor y alegría.

Los seguidores de las enseñanzas del Buda, se reúnen bajo esta luna para celebrar el Festival de Wesak.

Podemos aprovechar estas plegarias y oraciones para llenarnos con esos sentimientos de paz, amor y alegría. Luego como una fuente derramando agua, volcamos esos sentimientos en nuestro entorno, con una sonrisa, una palabra de aliento, un cálido abrazo, una caricia, un beso, una cómplice mirada, un sincero “todo está bien”, una mano extendida a la comprensión y el diálogo, un estoy contigo, un saber que, ocurra lo que ocurra estamos envueltos por siempre en la luz de la Luna de Wesak y nuestras mentes están en paz.

Comparto con todos/as esta Luna Llena y que al verla todos nuestros corazones sean recipientes que desborden paz, amor y alegría.

Un enorme abrazo de luz.

Luna Llena de Tauro de 2018.

Mar de sueños

Fuera del tiempo el viejo pescador teje las redes

pronto saldrán a la mar

en lo profundo de las aguas sueños de plata atraparán

hondo silencio el de la mar

redes que van a la mar a pescar peces y sueños.

A la farola el sol la hace soñar

sueña con noches oscuras para las barcas guiar

sueña con besos a la luz de la luna

llenos de caricias junto a la mar, susurro de olas dormidas

fuera del tiempo porque esto es amar.

 

Vilanova i la Geltrú al cuarto día de la Luna Creciente del mes de abril de 2018.