La lluvia

¿Con qué ojos mira tu corazón la lluvia?

Con alegría o con nostalgia?

Abrazo a las dos con amor eterno.

La lluvia que me trae el beso perdido en una nocturna calle solitaria.

Mojándonos las caras, los cabellos hechos cascadas, sabor a madreselvas en los labios llenos de agua fresca, lluvia clara.

Al abrir los ojos, luces bailando en la calle, espejo negro mojado.

Apretar el abrazo, estremecerte con el hilo de agua mojándome la espalda.

Nostalgia del beso perdido en aquella noche mojada.

Pero al evocarlo y sentir de nuevo el corazón latiente, acelerado, sumergirte en la dicha del infinito, de nadar en el amor, de ser amor.

¿A eso le podemos llamar nostalgia?

La nostalgia se hace historia, para amarla.

Otras veces la lluvia, si no llevas paraguas, te sumerge en la alegría de un niño, el que llevamos todos guardado. Corriendo bajo la lluvia, la cara al cielo, la boca abierta, bebiendo el aguacero, olor a tierra mojada, viendo los barquitos navegar la correntada.

¿A eso le podemos llamar alegría?

Claro, alegría para abrazarla y amarla.

Me gustan las miradas de la lluvia, de alegría o nostalgia.

Por eso cada vez que llueve elijo amarla, creando una nueva historia de alegría o de nostalgia.

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