Atardecer para oír, oler y sentir.

Sentado en un montículo de hierba

de las sobrevivientes marismas

miro el atardecer con luna nueva.

Este no es un atardecer para la vista          DSC_2915

la espesa capa de niebla en el horizonte

no dejaba sangrar al sol mientras se iba.

Es un atardecer para olerlo, oírlo, acariciarlo.

Flotando en la húmeda niebla los trinos        DSC_2916

se mezclaban con risas y voces de niños

que llegan lejanas, fundidas en el aire.

El perfume húmedo y salado de la mar,

se funde con el olor a hierba de las marismas.   DSC_2918

Mi corazón acaricia suave, despacio, lento

todo el aire que me envuelve, sintiendo todo,

hasta esa caricia lejana que me llega

cuando veo el fino aro de la luna,     DSC_2919

saliendo de un nido de ramas desnudas.

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