Sueños

IMG_0762Curioso el mundo del dormir, al cerrar los ojos despiertas en otro mundo.

Esta noche desperté en un prado verde. La luz era la de un cielo sin sol aunque veía el color verde intenso de la hierba.  Donde acababa el prado, comenzaba un bosque con árboles que no podía identificar su especie.  Me dirigía alegre y sonriente hacia el bosque.  Desde lejos, veía la figura de una mujer con un vestido largo de blanco lunar, irradiando luz. Me sonreía y le sonreía. En un instante me encontré delante de ella, porque en el mundo de los sueños, no existe el tiempo ni la distancia, simplemente todo sucede en el mismo instante. Sin decirme nada supe que era un espíritu del bosque. Pensé por un momento que se confundía porque yo vengo de las interminables praderas, esas en que el horizonte es una inalcanzable utopía. Praderas donde puedes navegar….o caminar por mares de trigo y de maíz, en las que las nubes son vellones de lana blanquísima, suspendidas estáticas en el cielo al igual que en un cuadro pintado por un ser especial.

El bosque se veía oscuro y muy poblado de árboles de troncos gruesos. Pese a su aspecto más que misterioso, no inspiraba ningún temor. La mujer de blanco, me invitó a entrar con ella al bosque, no hablaba con la boca sino que la comunicación era con el corazón, por lo tanto todo lo que hablábamos era transparente y cristalino como agua de manantial. Cuando hablas con el corazón eres un recipiente de cristal.

Dentro del del bosque, escuchaba mis pasos en la hojarasca crujiente, sólo los míos, los de ella eran inaudibles porque se deslizaba como lo hace la brisa fresca, acariciando el suelo y meciendo las hojas. Eso sí, a su paso dejaba una fragancia de bosque húmedo, a setas y pinos frescos.

Mientras me deleitaba con el camino, aparecí de pronto en un claro del bosque, un círculo pequeño no más de tres metros de diámetro, pero en donde incidía una luz especial, proveniente de todos lados, es decir no iluminada por focos o sol, sino como surgiendo de adentro de cada objeto. Ya sabemos, en el mundo de los sueños la física neuwtoniana es incomprensible e inaplicable.

En ese claro del bosque, había un manantial pequeño por donde surgía el agua  entre rocas vestidas con musgo de verde intenso. El agua, las rocas, el musgo, todo resaltaba con luz propia, iluminados desde adentro.  Coronando el manantial, había una planta con dos pequeñas hojas brotando ufanas y alegres.

Sin preguntar nada, la dama de blanco me dice que la planta es el regalo que le hicieron en un sueño. Un regalo lleno de amor, el cual ella plantó en el medio de su bosque para que creciera y luego respirar el perfume de las flores y así alimentar su alma y corazón. Es que parece ser que en ese mundo “paralelo” o de los sueños, todo funciona con la energía del amor.

Le quise acariciar la cara para agradecerle tanta dicha que me regalaba pero se desvaneció en luz sobre la planta. Le dije que escribiría la historia del sueño, de la mujer blanca, del bosque, la fuente y la planta.

De pronto un estridente pitido me devolvió a una cama,  rayos de sol débiles entrando por los huecos de la persiana iluminaban mi cara. Me di cuenta que estaba “despierto” en este mundo pero con la sensación que me acostaba en un lecho de hojas y ramas, unas suaves manos blancas acariciaban mi cara y un susurro que me decía -hasta mañana-.

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