Murmullos del atardecer

Sólo con el corazón se puede escuchar la tarde. El sol atardeciendo es un camino de luz dorada que te introduce en el silencio.

El mantra vibrante de las olas te sumerge en el trino de los pájaros,  buscan refugio en las ramas despobladas de los árboles cantando bajito una antigua canción de cuna. Se invitan a dormir nomas se oculte el sol.

El banco del parque junto a la mar, te muestra una película a cámara lenta. Las olas vienen y van en un monótono y relajante acariciar a la playa.

Los paseantes van lentos como si la tierra los quisiera sujetar, hablan en voz baja los que van acompañados y los solitarios tararean o silban una melodía. Las risas y ladridos llegan lejanas envueltas de murmullo a mar.

El aire frío y los latidos del corazón te funden en la tarde. Es la hora de las presencias. Seres o almas que no se ven con los ojos sino con el corazón. Tal vez sean suspiros de amor que el viento y los rayos del sol llevan.

Lo cierto es que en el banco del parque que mira a la mar, la paz te inunda y el cielo no para de sonreír.

Murmullos del atardecer, susurros al oído, besos y amores viajando con el viento.

 

A tres días después del cuarto menguante de febrero 2018.

 

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