Nave Tierra

Cada amanecer es diferente, así nos lo explica el cielo. Creo que son los vientos y el aire los que configuran el día. Nubes de formas caprichosas, de formas que sólo los sueños pueden imaginar, hacen ver el sol siempre cambiante.

Lo que si tiene cada amanecer es que si lo miras y entras en él unos minutos, sientes al planeta, nuestro hogar, nuestra madre, la Tierra, girar como un trompo lanzado al círculo por la chaura resistente de la inocente mano de un niño que lo mira girar sorprendido y alegre.

Puedes sentirte en el amanecer tripulante de una gran nave espacial.  Siempre tienes una gran ventana para ver el espacio exterior. Amaneceres, atardeceres, medios días, noches estrelladas.  Astronautas, viajeros del espacio en esta, para nosotros inmensa nave, pequeña subpartícula para el Universo, viajando a grandes velocidades por un infinito vacío lleno de cosas.

Todo es un inmenso y cambiante holograma creado de corazones, pensamientos y emociones.

Por eso cada amanecer es distinto porque el holograma lo creamos cada uno de nosotros, latiendo, pensando, sintiendo.

 

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