Las luciérnagas y el caminante nocturno.

De regreso a casa, el caminante tomó el camino que bordea la enorme laguna. La noche ya había cubierto los caminos con su manto negro, más que negro, hacía ya un buen rato.

Tiempo le costó adaptar las pupilas para poder ver la orilla del camino de tierra y piedras. Las malezas irreconocibles eran una mancha renegrida en esa noche sin luna. Mojones vegetales marcando el camino.

Sumido en el pensamiento de llegar pronto a casa aprovechó a disfrutar del perfume a campo que desprendía la noche. Olor a pradera, tan especial e inconfundible envuelto en el aire fresco y húmedo que indicaba la proximidad de la laguna, la cual era sólo una gran planicie oscura.

De pronto, absorto en la marcha, fue como si del cielo hubiera caído una galaxia con todas sus estrellas. El trozo de noche quedó iluminado por centenares de luciérnagas que como él caminaban la gran oscuridad.

Como él las miró con el corazón, las luciérnagas, no dudaron en responderle.

-¿A dónde van pequeñas lucecitas en esta noche tan negra? 

-Vamos al pajonal de la laguna. Pondremos huevos y en unos pocos días nuestras larvas tendrán abundante comida en caracoles y babosas. ¿Y tú caminante, a dónde vas en esta noche tan negra?

-Regreso a mi casa, que está pasando la curva de la laguna, después de haber hecho un largo viaje. El ómnibus me dejó en la ruta y después de atravesar la tranquera hay un par de leguas hasta llegar a casa por este camino. Me quedo muy contento de verlas, de dónde vengo ya no hay luciérnagas.

-Qué pena, ¿y cómo hace la gente para vivir lindos sueños? ¿O no sabes que la luz es la que crea lo que estás viendo?

-No lo sabía. ¿cómo es posible eso?

-Es que todo está en la luz, todo lo que ves lo creaste tú con la luz que de tus ojos va a tu corazón. Nosotras estamos aquí porque nos creaste con un pensamiento y ahora nuestra luz va a tu corazón. Tú venías caminando en una noche sin luna, querías ver algo más del camino y aparecimos nosotras que con nuestra luz te dejamos ver hasta la laguna. 

Puedes pensar y sentir las cosas que quieras que la luz las hará aparecer ante tus ojos y te encontrarás en el ambiente que has pensado.

Por eso caminante ten presente siempre lo que sientes y piensas porque la luz obedece a ciegas lo que tú quieres que se haga.

El camino, la laguna, el pajonal, la noche negra, nosotras, las nubes, las estrellas, tu cuerpo y tu corazón están hechos de luz igual que la más humilde de las luciérnagas.

El caminante empezó a ver la luz de su casa que lo esperaba contenta. 

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