Una historia grabada en la hoja de un árbol

Todavía no se había acabado el siglo XIX, debería ser por el año 1892, quizás 93. En un lugar de América, más exactamente en la ciudad de
Salto, al Norte de la República Oriental del Uruguay, puerto fluvial
del Río Uruguay o Río de los Pájaros, como lo llamaba la Nación Charrúa. Por aquella época, se iba abriendo un futuro un jovencísimo inmigrante lombardo Luigi Testa Ferrario. De profesión cocinero, había instalado un negocio de restaurante, bar, cafetería y comestibles en general, un  almacén, “Casa Testa” en la ciudad de Salto.

Mientras en su vieja y querida Lombardía se iba consolidando, entre no
poco caos, después de la “unificación” italiana, el abuelo Luigi comenzaba a
dedicar su vida a una joven República americana. Nunca sabremos si llegó a las costas del Río Uruguay siguiendo los pasos de su compatriota Giuseppe Garibaldi quien participó activamente en las
luchas partidistas de la reciente República Oriental. Tal vez el abuelo llegó a conocer a algunos de los que fueron con Garibaldi a luchar por la independencia y la unidad italiana. Cuando el mismo Garibaldi escribió: “regresamos a Europa con un puñado de los mejores
de los nuestros”. Garibaldi y sus guerreros, todos con poncho al estilo matrero.

Todas estas hipótesis, la verdad, nunca las sabremos ya que muchas se
perdieron en la maraña caótica de la “trasmisión oral”.

Lo único cierto es que el abuelo Luigi recaló en la ciudad de Salto, fundó la mítica “Casa Testa”, tuvo 7 hijos, uno de ellos mi madre,
políticamente apoyó al Partido Colorado, con los cuales había luchado su compatriota Garibaldi y ayudó siempre a personas desvalidas.

La ciudad de Salto es una hermosa perla al norte de la República Oriental, extendida sobre la costa del Río Uruguay. El Río, ese que
Aníbal Sampayo li dijo cantando: “el Uruguay no es un río, es un cielo azul que viaja”, es el que marca la vida de la ciudad. No es difícil enamorarse de una ciudad así, donde muy cerca hay playas de blancas
arenas y donde los cantos rodados del lecho son ágatas pulidas por el agua. Una ciudad que vive y sueña junto al Río de los Pájaros.

También el Río tiene su aspecto más duro y grave. En lo inmenso de su cuenca, su longitud es de 1.838 km, más sus poderosos afluentes, hacen que en las épocas de intensas lluvias su caudal crezca peligrosamente.
Cuando esto ocurre, se transforma en un devorador de ciudades. Barrios enteros de la hermosa ciudad de Salto suelen quedar anegados por las aguas del Río, trayendo pérdidas y sufrimiento a sus habitantes. Pero aún así la ciudad sigue enamorada de su Río, escuchando el canto de
sus pájaros y preguntándose ¿qué pintor tan sublime fue capaz de darle esos colores a sus plumas? Como nadie sabe la respuesta la ciudad va creciendo a ritmo de atardeceres lentos y trinos que acarician el alma.

Una madrugada oscura y fría en plena crecida del Río, el abuelo Luigi iba como cada día a abrir su pcomercio.

El abuelo iba caminando por una zona de la calle aún no inundada. Sin conquistar por la rápida crecida del Río. Fue entonces cuando vio la
figura de una persona que estaba siendo arrastrada por la fuerte
corriente, dueña y señora del desaparecido paseo. No vaciló ni un
momento, entró al Río desbordado y asiéndose de las ramas de un árbol
pudo agarrar a la persona del empapado abrigo que llevaba. Una vez lo tuvo bien asido, le quitó como pudo el abrigo que funcionaba como un mortal lastre y así con muchas dificultades los dos pudieron salir de la corriente.

Intentó cambiar algunas palabras con el hombre pero vio que era imposible debido a que estaba muy confundido, agotado y ya había tragado mucha agua. Pasando un brazo del hombre sobre su hombro, ya
que el pobre no podía casi mantenerse en pie, se dirigieron al almacén. Le facilitó ropa seca para cambiarse mientras preparaba un café bien caliente y cargado.

A “Casa Testa”, no llegarían las aguas de la crecida del Río por lo que el hombre, del cual no sabemos su nombre, se sintió más seguro y
tranquilo. Después de haber tomado abundante café caliente y comer pan con manteca, el hombre se sintió con fuerzas para seguir su camino.

Le agradeció al abuelo por haberle salvado la vida y con la modestia casi avergonzada de las personas humildes le dijo que perdonara pero no tenía dinero para poder pagar la ropa y la comida. La respuesta del abuelo fue que él había hecho simplemente lo que cualquier ser humano
ha de hacer por otro ser humano, que no tenía ninguna deuda con él ni
nada que se pareciera.

Fueron pasando los años, el hermoso Río de los Pájaros siguió con sus playas de arenas blancas, sus ágatas de cantos rodados en su cielo
azul líquido, también con sus terribles crecidas.

La ciudad de Salto continuó con su crecimiento y rutina de vida de sus gentes.

Un día aparece en el negocio del abuelo, “Casa Testa” un hombre con una caja como esas que se utilizaban para regalar collares o billeteras.
Pregunta por el abuelo, enseguida uno de los camareros lo va a buscar.

Don Testa, no creo que se acuerde de mi, han pasado unos cuantos años, ppero yo soy aquel que usted sacó de la correntada aquella madrugada de creciente. El abuelo lo saludó con su franca sonrisa lombarda y un fraterno apretón de manos. ¿Pero qué es de su vida? Bueno en general
no me fueron muy bien las cosas. Por unos problemas….estuve 3 años
en la cárcel. Pero amigo mío cuanto siento oír esto. No, mire, durante todo este tiempo anduve pensando que gracias a usted estoy vivo y quería agradecerle su ayuda. La verdad no sabía cómo. Pero estos años
en la cárcel…. y como allí el tiempo es peor que la crecida del río, pensé que le gustaría este regalo. Se me dan muy bien las manualidades.

Le extendió al abuelo la cajita plana que llevaba en las manos. El abuelo la tomó en sus manos con el cuidado de quien recibe algo
extremadamente valioso. Al abrirla, había una hoja grande del árbol llamado “pata de vaca”, porque tiene la forma de las dos pezuñas de las patas de estos animales. No era una simple hoja. Estaba tallada con un alfiler. Magistralmente aquel hombre, durante su cautiverio, había tallado la hoja con figuras y texto. En figuras vemos una hermosa estrella de 5 puntas, una corona de laurel con la palabra
“PAZ”, flores, golondrinas volando libres con sus alas extendidas, una mariposa, un gallo cantando a la ciudad “SALTO” y de texto “AL DISTINGUIDO CABALLERO SR. DON L. TESTA – SALTO”. Agrega una fecha que yo intuyo 1902.

Los dos se sentaron en la mejor de las mesas del restaurante “Casa Testa” a tomar unos vasos de grapa para celebrar la Vida y ese Amor que como hilo invisible une todos los corazones y todas las cosas del Universo. Desconozco el nombre de tan magnífico artista pero su arte ha quedado grabado en esa hoja.

Nada queda ya de “Casa Testa”, ni el local, ni la lujosa vajilla y cubertería de plata, ni sus manteles bordados a mano, ni el patrimonio
de los abuelos. El olvido, la corrosión y lo efímero de la materia hicieron desaparecer todas esas cosas, bien lo sabía el abuelo.

Tal vez por eso guardó con tanto amor esa hoja de pata de vaca tallada. Símbolo de un agradecimiento a la vida, a la inmortalidad del Amor en todos sus rostros, a la fraternidad, a la solidaridad y la alegría de ver y oír cantar los pájaros en los montes ribereños de su
Río.

La hoja tallada, pasó, como herencia invalorable a mi madre Leonor, y de esta a mi, que hoy le pongo palabras a esta maravillosa historia de aquel joven lombardo que se enamoró de la ciudad de Salto y de su azul pRío de los Pájaros.

Lleno de orgullo de ser el custodio actual de un regalo surgido del corazón, cosa que lo hace inmortal, trascendiendo los pilares del 3D en que creemos movernos, espacio, tiempo y materia, pongo las fotos de
la hoja para compartirla con todo el mundo y el deseo de que los sentimientos e ideales que allí están plasmados nos llenen de Amorcomo un atardecer en el Río envueltos por el canto del sabiá.
Gracias abuelo Luigi, gracias artista anónimo.
Fernando Galbán Testa, en un lugar de Europa muy cerquita de la Lombardía del abuelo.

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