EL MISTERIO DE LAS PUERTAS CUÁNTICAS.

Un perfume, un tacto, un sonido, una imagen, son puertas cuánticas.
Entradas a multiverso. Pasajes a una inmensidad de universos. Lugares que viven, nacen y mueren en lugares fuera de la ilusión de las coordenadas de lo que llamamos espacio-tiempo.
Cuando estoy en contacto con una de esas puertas, las abro y me convierto en un viajero del tiempo.
Me gustan las puertas de perfumes de madreselvas o las de sonido de agua, en la lluvia, en la correntada. Esas puertas, cuando las abro,
me llevan al universo de las “dones d’aigua”.
En el momento que perciben mi presencia, siempre hay una que se acerca. Imposible no enamorarte de su sonrisa y mirada. Deja de peinar
su largo pelo en el espejo líquido del lago, me mira y sonríe sin articular palabra. Sabe que vengo de otro universo, el de los pensamientos materializados. Me pide que le cuente historias del mundo de la materia, del que vengo. No la oigo con los oídos, no le hablo con la boca, pero la escucho y le hablo. Así es el universo de las “dones d’aigua”.
Con esa sonrisa y esa mirada, tengo tantas historias que me gustaría
contárselas.
Caminamos por los infinitos jardines de las “donas de aigua”, siempre cercanos a estanques, caídas o corrientes de agua. Flores y plantas trepadoras que en el universo de las tres dimensiones, del que vengo,
sólo en los sueños se pueden ver. Me dice que es ahí donde se crea su universo, en los sueños. Sueños que son luz no decantada en materia.
Por eso ella no puede ser una viajera del tiempo y acompañarme por el
multiverso. Le falta la materia para poder oler, tocar, escuchar,
degustar las diferentes puertas cuánticas que se abren en el mundo de
la materia.
Le explico historias que guardo en mi memoria. De inviernos junto al fuego, sintiendo su calor, oliendo la madera, viendo la erótica danza de las llamas. De enormes barcos deslizándose por colinas gigantes de mar. De la arena clavándose como aguijones al caminar los médanos en
una playa solitaria. Del canto tibio y libre de pájaros pintados con colores vivos, brillantes. Del dulce sabor de los besos bajo un paraguas, o a la luz de la luna en una noche estrellada.
Me gustaría abrazarla, besarla. No puedo es una “dona d’aigua”, junto con sus lagos y jardines pertenece al universo de un sueño. Tan real es este universo como el aire que no vemos. No nos despedimos porque me sé viajero del tiempo, amante de una “dona d’aigua” y se que siempre me llegarán puertas de perfumes de madreselva o sonidos de
agua.
Ahora sé que cuando se abra la puerta, entraré al jardín de estanques y buscaré a la “dona d’aigua”, a la de la sonrisa y la mirada
enamorada. La que me enseña flores y plantas maravillosas, la que me
pide que le cuente historias muy raras.

Viajes de una tarde de septiembre bochornosa y cálida junto a la mar
Mediterrània.

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