TARDE DE INVIERNO EN LA PLAYA

Las tardes de invierno en la marisma lo bañan todo de rojo.

Herido el sol vierte su sangre. 

Viajero celestial que vas al inframundo, a iluminarlo o tal vez a despertarlo.

Sueño oscuro de cielo negro y luz de luna fría. Sólo las estrellas guardan tu promesa de despertarnos mañana.

La marisma se prepara para la noche larga. Sumergida en tu sangre roja, proteges aves y plantas de la temida helada. 

Si caminas por la playa sentirás bajo tus pies la arena húmeda, fría y blanda. El beso de las olas sobre la playa borrará para siempre tus efímeras pisadas. Sólo quedarán los besos, las caricias en la cara y el susurro de las palabras que el viento llevará mar adentro para volver al alba.

Dame la mano compañera de la tarde de invierno, hagamos desaparecer el tiempo o convirtamoslo en un círculo como el que hace el sol en su viaje celestial. 

Todo, tu mano y mi mano serán un sólo corazón latiendo en la marisma sumergida en la sangre del sol.

Sol camino al inframundo.

NAVIDAD Y LAS AUSENCIAS

Bien sabían los espartanos qué ocurría cuando condenaban a alguien a la pena máxima: el destierro.

Este pueblo, austero y guerrero no tenían entre sus leyes la pena de muerte. Sabían que peor que la muerte era desterrar o exiliar a la persona o personas condenadas.

En estos días de fiestas navideñas en el mundo cristiano, en donde respondemos a la tradición ancestral genética de reunir a la tribu, el clan, la horda, el avá, la familia…, a todos nos duelen las ausencias.

Están las ausencias que podemos entender como naturales, las de los seres queridos que nos precedieron en el tiempo y fueron marchando al siempre misterioso mundo de la muerte. Estas aunque tremendamente dolorosas, nos queda el consuelo que esos seres queridos cumplieron su ciclo y camino en la vida, tan diverso y variado como seres humanos que habitamos el Planeta. Después están las ausencias de los seres queridos que marcharon fuera de tiempo, estas tal vez son las más duras, incomprensibles e inaceptables. Son las ausencias que nos ponen delante de nuestra insignificancia y fragilidad en el Universo. Para los que han de sufrir estas ausencias, no hay receta posible para mitigar el dolor y el desconsuelo, sólo acompañar en silencio.

Nos queda otra ausencia no menos terrible que es el exilio o el destierro de uno de la tribu, el clan, la horda, el avá, la familia… Es terrible y cruel porque el sufrimiento va en las dos direcciones, una la de los que están en la mesa con una silla vacía pero saben que el que va en esa silla está vivo, aquí me refiero solamente a los exilios forzados por una condena o por una imperiosa necesidad vital, aparte dejo los magníficos espíritus aventureros o exploradores, esos normalmente pueden volver a ocupar su silla cuando quieran dependiendo de sus economías. La otra dirección, la del exiliado no es mejor que la primera, sabe que su silla está vacía y que no la puede ocupar porque su vida o la de los que comparte ideales o causa queda en peligro. Esa es la muerte en vida.

Lo peor de esas ausencias, la del exilio, es que la tribu, el clan, la horda, el avá, la familia… saben que la mesa quedó rota para siempre porque aunque vuelva el exiliado o desterrado ya habrá pasado tanto tiempo que los mayores no estarán y si marchó alguien cuando no tocaba no has estado para compartir la lágrima en el abrazo silencioso.

Mira que sabían de crueldad los espartanos de la Grecia Clásica.

Para todas las tribus, clanes, hordas, avás, familias… que tienen sitios vacíos, quiero desearles que sean capaces de emitir todo el amor de sus corazones en un recuerdo alegre de los que marcharon y dedicar una oración, una vela, una flor, una carta, una llamada a los ausentes.

Un amoroso y fraterno abrazo a todas las tribus, clanes, hordas, avás, familias… de todos los mundos.

Fernando

EL MATE EN INSTANTES ETERNOS

Estamos haciendo la revisión de INSTANTES ETERNOS para poder publicarlo como eBook, o sea en formato digital así puede llegar a mis hermanos americanos.

Vamos descubriendo trozos en los cuales las sensaciones y los sentimientos afloran como el agua de una fuente.

Aquí va un homenaje al mate. La infusión más maravillosa del mundo, al menos para los Orientales.

“Una de las costumbres más lindas de nuestro Pueblo Oriental, consiste simplemente en dedicar tiempo, un trocito de vida a compartir el mate. Les aseguro que cuando estás en una rueda de mate, estás inmerso en el único lugar en donde transcurre la vida, el momento presente. Dedicas todo “tu presente” a compartirlo.”

DÍAS ANTES A UN 29 DE NOVIEMBRE

Llevo días sintiendo una cierta inquietud. Algunas noches me cuesta más de la cuenta conciliar el sueño. Durante el día percibo olores y sensaciones térmicas de otro espacio-tiempo, del que no tengo ni idea en dónde está.

Aunque está muy claro que lo huelo y lo siento en estos momentos.

Hoy 27 de noviembre al mirar el calendario me di cuenta de lo que me pasaba. El 29 de noviembre de 1978 conmemoro los 45 años de nuestra partida de la Tierra de los Pájaros Pintados, la República Oriental del Uruguay.

Me di cuenta que aquel cambio de hemisferio, pasar del Sur al Norte, es como si, a pequeña escala cambiaras de planeta. Dejaba el despertar de una primavera a las puertas del verano para sumergirnos en un otoño camino de un invierno inminente.

Tal vez por este cambio tan radical escribimos este fragmento en INSTANTES ETERNOS:

“…Luego, ya medio llenos, tocaba dormirse una siesta, para aguantar hasta bien tarde en la noche, las 12 como mínimo. Mientras tanto, mi padre armaba el fuego para tener buena brasa y hacer un delicioso asado o un cordero, mientras ya bajo las estrellas preparábamos el “juda” para quemar.

Después de la cena, los brindis con sidra y vino, por parte de los adultos, era el momento de salir a corretear por el barrio. Tirábamos cohetes y saludábamos a los vecinos desde la vereda, ya que las casas estaban con puertas y ventanas de par en par abiertas, llenas de luz, risas y alegría.

“Feliz Navidad don José….Feliz Navidad doña Tota….” y escuchábamos a la carrera, “Feliz Navidad gurises”, y a veces con alguna sana advertencia “…bo, no armen mucho relajo…¿ta?”

Cuando ya no dábamos más, era hora de irse a la cama. Antes, se había dejado a oscuras la habitación fumigada con bastante flit, para que no nos comieran los mosquitos.

Una vez en mi cama con la ventana bien abierta veía en el cielo al gigante Orión mirándome sonriente. Iba entrando en el sueño de a poco, acunado por los toques de tambores que mezclaban su sonido con la fragancia de las inmaculadas flores del jazmín del cabo.

Mañana al despertar ya sería Navidad y si no caía una tormenta, también haría calor.
Es así que llegó la mañana de verano con el cielo plomizo, el aire grueso, cargado de humedad, gelatinoso y espeso.

Costaba moverse, las piernas pesaban, en el gallinero las gallinas se movían lentas en su actitud diaria de perseguir los granos caídos del comedero.

El barrio entero estaba apretado, prisionero de la atmósfera espesa y agobiante.

Al mediodía el sol misteriosamente estaba rodeado por un arco iris circular.

¡Qué problema!, ¿Cómo iríamos a buscar esa olla llena de oro si este arco iris nunca tocaría la tierra?. Es que nuestros padres siempre nos decían, que si caminábamos hacia el arco iris y llegábamos a una de sus puntas insertadas con la tierra, ahí estaba enterrado un fabuloso tesoro de oro y piedras preciosas. ¡Qué suerte que tuvimos!, porque aun hoy seguimos caminando hacia ese encuentro, sabiendo que en ese andar nos hemos ido encontrando tesoros más fabulosos, como el de sentir la vida en cada paso. Esos grandes tesoros que nos regalan los duendes del arco iris en cada amanecer, en cada atardecer, en cada sonrisa, en cada abrazo, en cada beso. Pero este arco iris estaba en el cielo, rodeando al sol, tal vez ese era el tesoro: la visión de luz que nos llena de alegría y nos hace vivir el misterio.

La tarde también llegó pesada y espesa. Invadió todo el jardín también a los dos árboles del jazmín del cabo, nevados por cientos de flores. Resultó que habían atrapado miles de arco iris y nos daban ese blanco tan radiante como si fuesen faros de luz en el verde del jardín. Flores de pétalos blancos, pequeñas y hermosas. Mi madre las sacaba con mucho cuidado de los arbolitos y sembraba toda la casa con fuentes de vidrio llenas de agua en donde flotaban los jazmines perfumándolo todo.

Perfume dulce y fresco gravado en lo más profundo de mis recuerdos.

Al girar la tarde, el aire pesado y húmedo abrazó, apretando con fuerte pasión amorosa los árboles de jazmín del cabo.

Los amó tanto que derramaron todo su perfume haciéndose uno con el aire y llegando con la embriagante fragancia del amor y de la paz a todos los confines del barrio.

No se cuánto duró el éxtasis de esa calma, de ese navegar en fragancias, seguramente fue toda una eternidad, porque todavía está ahí surgiendo de la niebla, intacto, puro, tal como era.

Despertamos del letargo tropical con un potente rayo que descargó toda la electricidad que había ido amontonando el aire. Los cristales de las ventanas temblaron con tremendo estruendo.

Luego vino la lluvia, torrencial, lavándolo todo. Cambiamos el perfume de mis jazmines de cabo por la fragancia a tierra mojada, envuelta en aire fresco.

Así, lenta, llegó la noche con su manto de estrellas y nos durmió en su aliento fresco, marcándonos la Cruz del Sur, nuestro Norte. …”

Ahora sé de dónde surge esta inquietud. Comprendí que en definitiva es algo maravilloso. Por lo tanto, dejé que recorrieran mi cuerpo los perfumes y las sensaciones que me llegaban de algún lugar del espacio-tiempo.

Supe entonces que todo se está viviendo en el mismo instante y que la única manera en que siguen “existiendo” los recuerdos compuestos, de olores, sabores, sensaciones, imágenes, era volver a mirar el “cuadro” desde dentro, o sea formando parte del “cuadro” y que la puerta para acceder a él es el perfume del jazmín del cabo, el aire de la tormenta de verano, el sonido de unos tambores o la constelación de Orión brillando en un cielo estrellado.

Así de sencillo.

DOS POEMAS: UNO DE LUNA OTRO DE NIEBLA

DE LA LUNA Y DEL PARQUE

Murmullos y sonrisas

en luna llena,

caricias y susurros

en luna nueva,

tu mano y mi mano

abrazadas

de luna llena,

tu boca y mi boca

juntas                                                                     

de luna nueva,

tu alma y mi alma 

una,

en todas las lunas.

LA NIEBLA 

Extraño la niebla 

mundo de misterio

húmeda y sin tiempo.

Perderme dentro 

olvidarme de la forma

ser gotas levitando.

Carcelera de la luz

todo ocurre más lento

los pasos, las caricias.

Húmedos besos

voz tersa y suave 

susurrando aliento.

Niebla protectora

de caricias y besos

del amor nuevo.

MURMULLO DEL VIENTO

Cuántas cosas dice el viento, si lo escuchas hablar,

cuando estoy contento me susurra primaveras

llenas de niños haciendo volar sus cometas,

me habla de perfumes de jazmines, de aire oliendo a río

de muchachas y muchachos desojando margaritas,

de noches de verano con cielos estrellados,

entre el canto de los grillos me sigue hablando

habla de trigales verdes mecidos como olas en un lago.

Cuando alguna tristeza me abraza o una suave nostalgia,

me habla de otoños con hojas amarillas arrancadas de sus ramas,

hojas atrapadas en torbellinos o flotando en charcos de agua.

Me habla de adoquines negros, brillando en una noche mojada

otras veces me habla del silencio de dos tazas de café

mirando llover detrás de una ventana.

Mientras me habla, me acaricia la cara con sus manos invisibles

aveces húmedas, mojadas, frías, heladas, tibias o calientes.

Una tarde me dijo mientras un atardecer miraba:

puedes estar contento, puedes estar triste, siempre tu elijes,

yo siempre te hablaré de lo hermosa que es la vida,

en otoño, invierno, primavera o verano.

Busca la belleza del momento aunque los rayos caigan a tu lado,

deja que pueda abrazarte, honra la vida en cada momento

sonríe, esa sonrisa, yo, que soy el viento, la llevaré a todas partes.

En Vilanova i l Gealrtú a 27 de octubre 2023 – Hablando con el viento.

LA ALEGRÍA DE LOS AMANECERES – UN ESTADO DEL SER

Una de las cosas más hermosas de la vida son los amaneceres. Ver o sentir salir el sol, además de ser todo un espectáculo, es una fuente de ALEGRÍA.

Los amaneceres, nos llenan de colores, sonidos, olores, texturas y sabores.

La luz del sol surgiendo por el horizonte es algo sublime. Del rojo encendido al rosado más cálido es sin dudas pintura para las almas.

Momentos en que nos envuelven sonidos especiales. El despertar de las tupidas copas de los árboles de hojas perennes, convertidos en altavoces de trinos y cantos, es la música de la mañana. Las personas que van a sus tareas, si bien manteniendo la prisa exigida socialmente, pasan casi de puntillas como si atravesaran un templo donde un coro hace cantos.

En calles de pueblos y ciudades, los olores de café caliente y panes horneados ponen una nota más al pentagrama de la ALEGRÍA. En caseríos o masías aisladas huele a hierba húmeda y tierra mojada. El humo que sale de las chimeneas lleva perfume de pan tostado untado de muchos sabores que anuncian el inicio de un nuevo día.

El aire se llena de las texturas frescas de todo amanecer. Aire que acaricia y envuelve e invita a respirar profundo y pausado llenando de ALEGRÍA el amanecer.

Luego los sabores, el del pan blando y caliente o la crujiente tostada con la mantequilla y la mermelada. Paladar el café a sorbitos cortos, llevar en tu boca inmensos cafetales en selvas y montañas.

Sin dudas, son los amaneceres generadores de ALEGRÍA.

Cuando estás en el estado de ALEGRÍA, imposible estar en la tristeza, el miedo, la rabia, el odio, la desazón, la angustia o la pena.

Por eso los amaneceres nos abren cada día una puerta a ese estado que nos lleva a celebrar la vida. Es una oportunidad, si dejamos entrar cualquiera de las percepciones que nos brindan los amaneceres. Ninguno sabrá jamás qué nos deparará el resto del día, pero estamos seguros que si hemos podido dejar entrar por unos momentos la ALEGRÍA, por alguna de sus ventanas, de colores, sonidos, texturas, olores o sabores, el día que se abre ante nosotros será mucho mejor.

Si un día puedes vivir un amanecer con todas sus ventanas abiertas, estarás en la FELICIDAD y si sigues buscando o eligiendo los instantes de ALEGRÍA, tus días pasarán sin pasar, porque estarás fuera del tiempo y serás un faro de AMOR, construido en la firme roca de la ALEGRÍA.

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LA MALEDICCIÓ DELS POBLES DE LA PRADERA

La meva finestra al cosmos s’obre a Septentrió. La constel·lació de 7 estrelles que volten Polaris. El Carro o la grega Osa Major.

La meva natal finestra és al Sud del Planeta on no es veuen ni Polaris ni l’Osa Major ni el Carro, ni la brillant Arcturus.

Allà, al Sud hi és Ñandú Guasú Pyporé que en guaraní vol dir la Petjada del Nyandú, anomenada pels colonitzadors europeus «la Creu del Sur».

El pobles originaris de les praderes, els charrúas, anomenaven el nyandú com a «berá».

Va ser-hi arrel del comerç i intercanvi amb el poble guaraní, vinguts de la selva preamazònica, que ells que tenien com animal sagrat a l’aranya, nyandú en guaraní, van quedar-hi meravellats pel port, bellesa i mida d’en berá el qual era considerat pels pobles de la pradera com l’animal sagrat. Va ser així que el van començar a anomenar nyandú guasú, que vol dir «Animal Sagrat Gros». Als charrúas els va agradar aquesta denominació, ja que el definia perfectament i el van començar a anomenar de forma més simplificada com NYANDÚ.

No entenien els guaranís com podia ser-hi un au i que no pogués volar.

Aleshores, els charrúas, que coneixien perfectament l’evolució de les especies els van explicar el perquè.

Va haver-hi un temps en el que els berás volaven com qualsevol au, fins que van arribar a les enormes praderes del Con Sud americà. Allà no necessitaven volar ni visitar el cel. Tenien al seu abast tot el menjar que la pradera els oferia, herbes, llavors, insectes, serps i petits mamífers. A partir d’aquell moment l’únic que haurien de fer era desplaçar-se per les praderes i ser-hi molt veloços per no caure en les arpes del jaguareté o el puma.

Es veu que això va provocar una maledicció per forces fosques del cel, envejoses de la decisió dels nyandús i no van poder aixecar el vol mai més. Però aquesta maledicció no tan sols afectava als nyandús sinó que també als pobles de les praderes i profèticament deia que aquest pobles restarien condemnats a vagar per les prades i ser-hi perseguits pel fet d’haver-hi convertit a Berá en Nyandú Guasú el seu animal sagrat.

Però com en tota profecia malèfica, també intervenen les forces de la llum. Aquestes van permetre a l’Avi Nyandú, l’ultim de l’estirp que sabia volar, fer un últim vol per els cels del Sud.

Al Sud del Sud aquest va deixar les seves urpes clavades que formen les 4 estrelles de la Creu del Sur, Nyandú Guasú Pyporé, «la petjada del nyandú». Aquesta petjada de fet és un advertiment als pobles de les praderes que no els sorprengui si un dia són perseguits i desplaçats de les seves praderes, sembla que aquesta maledicció continua vigent.

Potser per això tots el que vàrem néixer al Sud sota l’influencia de Nyandú Guasú Piporé, varem ser-hi perseguits i vàrem tenir que abandonar les nostres praderes.

Ara, puc gaudir d’aquesta finestra a Septentrió sabent també que l’Osa Major en realitat és Calisto salvada per Zeus quan ella era una osa errant degut a la maledicció d’Hera, la dona de Zeus, per haver-hi tingut un fil, Árcade, amb el seu marit. Árcade estava a punt de matar a Calisto, ja que el seu fil era un important caçador i ella estava convertida en osa errant per Hera. En veure això, Zeus els va salvar col·locant-los al cel del Nord, voltant Polaris, a ella com la constel·lació de l’Osa Major i al seu fil Árcade com Arcturus l’estrella més brillant.

NOTA: La llegenda de Nyandú Guasú és extreta d’aquest vincle, on posa que està tret de: «Material extraído del libro» Leyendas, mitos y tradiciones de la Banda Oriental» del historiador Gonzalo Abella Betum San Ediciones» http://www.geocities.ws/uruguayoculto/leyendas/laprofeianandu.html

Us ho recomano llegir-ho sencer ja que està molt ben fet.

¿COMPARTIMOS UN SUEÑO?

«Corazón que lates en los sueños

te imagino latiendo en labios frescos,

en manos recorriendo cuerpos.

Geografía de latidos escapando del sueño

corazones fundidos en la alegría del encuentro.

Vuelvo al sueño, mi corazón sigue latiendo

sigo eligiendo fundirnos en el beso,

recorrernos el cuerpo, salirnos del tiempo.

Ritmo de corazones latiendo, crear un universo,

dame tu mano compañera del viento

volemos juntos en latidos, ser eternos.

Vivamos en el mismo sueño,

sin tiempo, sólo corazón latiendo.»

Cuando navego sentimientos, desaparecen los tiempos. Ni pasado ni futuro, sólo un presente perpetuo. Es un presente de pasados y de futuros que seguro están en ves a saber qué línea de tiempo.

Son los sentidos que te llevan a sentir la emoción de cada momento por eso sólo la vida es la que nos lleva a lo eterno. Siente y ama la tristeza y el miedo, siente y ama la dicha y la alegría, son los vehículos del tiempo.  

LA MAGIA Y LA FÍSICA CUÁNTICA

De pié, detrás del atril del Paraninfo de la Universidad, la Doctora. Eulalia Grau, especialista en Física Cuántica, se disponía a hacer su discurso.

Había ganado el premio al mejor trabajo de investigación científica del año.

Su estudio sobre las subpartículas atómicas era el responsable de haber obtenido el primer premio.

La luz del atril iluminaba la primera hoja de su discurso, mientras acomodaba el micrófono a la altura de su boca.

Después de los aplausos, el público que llenaba el paraninfo, guardó un profundo silencio académico.

La Doctora Eulalia Grau sintió aquel silencio como algo místico, casi religioso.

El silencio le dio tiempo para ser consciente de en dónde se encontraba.

Supo que estaba en el lugar más emblemático de su querida Universidad. En el sitio donde tantas veces había asistido, como oyente, a tomas de posesión de rectores, clases magistrales de académicos extranjeros, entrega de doctorados, en una palabra, los acontecimientos más importantes y trascendentes de la Universidad.

Ahora estaba ella, la Doctora Eulalia Grau, explicando a compañeros científicos de todo el mundo sus espectaculares investigaciones y descubrimientos del enigmático comportamiento de las partícula subatómicas.

Iba a hablar de las partes más pequeñas que componen los átomos, que a su vez son los que forman el mundo material que conocemos.

Tal vez fue el profundo silencio, misterioso y envolvente, tal vez la sala del Paraninfo revestida de madera marrón clara, escalonada y circular tipo anfiteatro con dos pasadizos ascendentes color rojo granate de moquetas mullidas o tal vez fue un misterioso as de fotones saltándose los limitantes parámetros del espacio-tiempo, como bien sabía ella que hacían las subpartículas atómicas en funcionamiento cuántico, pero lo cierto es que en su corazón resonó la voz de su abuela Manuela: “Mi pequeña Lali, ¿ahora sabes qué es la magia?”

Al oír a su abuela, instantáneamente se encontró en la enorme cocina de la casa de sus abuelos.

Era otra vez una niña pequeña de 7 años, con dos trenzas rubias a los costados de la cara. Llevaba aquel vestido azul que tanto le gustaba, calcetines hasta las rodillas y zapatos negros sujetos por una tira. Estaba hablando con su abuela mientras esta cocinaba.

– Abuela, ¿qué es la magia?

Al recordar aquella pregunta supo porqué se encontraba delante del atril en el Paraninfo de la Universidad. Era la Doctora Eulalia Grau, la mejor científica en física cuántica del país y una de las mejores del mundo entero. Reconocida, seguida y respetada por prestigiosas Universidades y centros de investigación.

Desde centros espaciales dependientes de estados punteros en la conquista del espacio hasta laboratorios de investigaciones biomédicas. Sus estudios e investigaciones eran imprescindibles para hacer navegar con éxito una nave por el infinito espacio exterior lleno de planetas, galaxias, sistemas solares, materia oscura, agujeros negros, espacio y tiempo, materia y energía… También para hacer navegar por el torrente sanguíneo de un ser vivo, nanorobots microscópicos para reparar células y curar enfermedades.

En definitiva magia pura.

La Dra. Eulalia Grau, recodaba perfectamente cuando Lali, la niña de 8 años, llena de preguntas, llena sueños, ávida por entender el mundo que la rodeaba, le preguntó a su abuela “¿qué es la magia?”

Su abuela Manuela, que aún guardaba a la niña curiosa e inquieta en su corazón, intentó responderle lo mejor que pudo.

Manuela sabía la respuesta, pero como era una respuesta venida de la intuición más profunda, esa que te hace estar seguro de que sabes algo pero que a su vez te es muy difícil ordenar los conocimientos en palabras y más aún explicarlo en una secuencia a alguien.

Ella sabía que lo sabía, que la respuesta estaba en un lugar del puente, nunca descripto y explicado por la ciencia, que une el corazón con el cerebro. Aunque más que puente tal vez fuera un lemniscata (símbolo del infinito).

Así fue como comenzó la explicación:

“Bueno mi querida Lali, lo que entendemos por magia, la que hacen los magos que vemos en el circo o en el teatro, la magia de hacer desaparecer objetos o personas delante de nuestros ojos, o sacar conejos y palomas de una chistera, que es imposible que estuvieran en espacio tan pequeño, o los que nos adivinan cual carta de la baraja hemos pensado, esa magia, tal vez sea la que más conocemos, es la que nos divierte y fascina.

La maravillosa magia que traslada un huevo, una moneda de unas manos a unas orejas sin que nadie las lleve, esa es la que mueve las cosas de un lugar a otro sin ver el camino recorrido.

Además esa magia hace desaparecer las tristezas. ¿Verdad que cuando estamos delante de un mago o una maga siempre acabamos con la boca abierta de sorpresa y una enorme sonrisa de alegría?

Es que nuestra mente racional, la que se mueve por pautas, por secuencias lógicas, queda completamente alterada porque lo que ocurrió delante de nuestros ojos no tiene explicación posible para nuestra mente.

Lo cierto es que todos, a pesar de nuestra dudas marchamos del teatro felices, pensando en que lo que vimos, son trucos, son engaños a nuestros sentidos, básicamente el de la vista, aunque también interviene el oído y en algunos espectáculos también el olfato y el tacto.

La magia ésta, es la más antigua y querida por todos. Nos divierte, nos llena de alegría y hace que los misterios se transformen en risas y sonrisas. Sin dudas todo un acto de magia.”

Pero a Lali…o mejor dicho la Doctora Grau le fascinaba más la otra magia. La magia que muchas veces había experimentado estando sola o con su abuela Manuela.

Era la magia de los misterios del Universo.

Recordaba una tarde en que las dos fueron a hacer un paseo por la playa, muy cerca de la casa de su abuela. Se imaginaron a la Tierra, el planeta, como si fuera una nave espacial recorriendo una galaxia.

Manuela le dijo que entre las dos podrían crear una comandante interestelar, que en realidad eran ellas, y escribir las impresiones del momento en el cuaderno de bitácora como haría cualquier capitán de una nave interestelar.

Primero había que partir de una fecha. Pero como sabían las dos que en el Planeta existen culturas que tienen formas distintas de medir el tiempo, decidieron que al llegar a casa buscarían en la Enciclopedia Universal de Manuela las fechas correspondientes al día. Una búsqueda emocionante.

La abuela Manuela, llevaba unos cuantos años jubilada de maestra. Tenía los conocimientos de didáctica y pedagogía más que suficientes para enseñar a Lali los métodos de búsqueda y desarrollo que luego la llevaron a ser una de las científicas más renombradas del mundo.

Una vez instaladas las dos en la gran cocina de la casa, Manuela y Lali como dos niñas amigas, despejan la mesa de madera maciza tal y como hacían los domingos. Dejar la mesa sin mantel ni nada sobre ella era imprescindible para hacer la masa de los deliciosos tallarines caseros, aplaudidos, esperados y celebrados por toda la familia. La diferencia que en lugar de harina y huevos, llenaron la mesa de libros que necesitarían para hacer un buen y digno cuaderno de bitácora.

Qué momento más bonito, más mágico.

“Hemos de buscar la velocidad de la Tierra en su órbita.” -dijo Manuela- .

“¿Cómo la busco abuela?”

“Mira, coge el tomo de la Enciclopedia por dónde aparece la letra “T”. Luego ves buscando las combinaciones: primero te aparecerán temas que comiencen por “ta”, luego “te” y así hasta “ti”, después “tia”, “tie”….hasta encontrar Tierra como planeta, no como la de plantar.”

Lali enseguida aprendió la forma de búsqueda.

“Aquí, aquí, lo tengo abuela”. Dijo Lali llena de entusiasmo.

Ahora busca la velocidad del planeta en su órbita. Dijo la abuela.

“Dice que el Planeta Tierra va a una velocidad de 107.280 quilómetros por hora. Eso es mucho ¿no? Si mamá le dice a papá cuando va a 100 quilómetros por hora en el coche por la autopista, que va muy rápido, que vaya más lento. ¡Y la tierra va a más de cien mil quilómetros por hora!” Concluyó Lali llena de asombro.

Con los datos imprescindibles empiezan a redactar el cuaderno de bitácora de una comandante en una nave interestelar.

“Cuaderno de bitácora: año de la Nave tripulada Tierra según calendario maya 12.18.15.9.0, según calendario hebreo 17 Jeshvan, 5749 según calendario gregoriano 28 de octubre de 1988.

Seguimos en órbita estelar de la pequeña estrella, enana blanca, llamada “sol”.

Nuestra Nave Tierra mantiene su velocidad promedio de crucero estelar: 107.280 Km/h.

Intentamos mantener los objetivos que tiene esta misión: observar el espacio intergaláctico a través de la función VIDA.

Para que la misión tenga éxito es imprescindible procurar, mantener y cuidar la felicidad y el bienestar de todos los tripulantes asignados a esta misión.

El deber y la función de los tripulantes al mando de la Nave es garantizar el buen funcionamiento de la función VIDA.

Se han detectado muchas disfunciones en los últimos tiempos. Agradecemos a los pequeños grupos de tripulantes que están surgiendo, la gran labor en utilizar protocolos algorítmicos para reparar anomalías y mantener activa la función VIDA.

Esta función, es la base para poder cumplir la misión que es la de observación del espacio intergaláctico.

Para conseguir este fin, nuestra Nave fue dotada de una gran diversidad de tripulantes. Todos y cada uno imprescindibles para el funcionamiento general.

Así pues, tenemos a los tripulantes árboles que son los encargados, a través del sofisticado procedimiento de la fotosíntesis, de regenerar el aire que respiramos todos. Gracias a ellos el aire en la Nave Tierra es limpio y saludable.

Hoy he disfrutado de uno de los acontecimientos más hermosos que vivimos desde la Nave: el inicio del otoño.

Continúa la Comandante anotando en el cuaderno de bitácora.

Desde mi ventana de observación, situada en este caso a 41º de Latitud Norte y 2,1º de Longitud Este, magnitudes imprescindibles para movernos por nuestra nave, he visto el espectáculo.

La pequeña enana blanca aparecía y se ocultaba detrás de blancos cúmulos de vapor de agua, apreciándose su perfecta redondez.

Dejaba caer sobre la gran mar, rodeada de tierras, un hermoso chorro de fotones blancos que se derramaban sobre el agua. Parecía un líquido mágico vertido desde el athanor de un gran alquimista”.

Llegadas a este punto de la anotación en el cuaderno de bitácora, fue necesario buscar nuevos datos porque Lali que le preguntó a su abuela:

“¿Alquimista, athanor?, ¿qué es eso abuela?”

Una vez más la Gran Enciclopedia de Manuela daría la respuesta.

Leyeron atentamente las explicaciones de los términos buscados: alquimista y athanor.

Luego le dieron una interpretación comprensiva para que pudiera estar, como estaba, en el cuaderno de bitácora.

Un alquimista es o era la persona, que saliéndose del método científico por excelencia, de observación, experimentación y demostración, combinaba el uso de diferentes metales con conceptos espirituales, como la oración, para obtener un producto al que llaman “la piedra filosofal”.

Esta “piedra” tendría que tener el poder o la capacidad de convertir metales vulgares como el plomo o el hierro en metales preciosos como el oro o la plata, con sólo ponerlos en contacto.

Tal vez por eso, pensaba Lali que al poner en el cuaderno de bitácora: “un hermoso chorro de fotones blancos que se derramaban sobre el agua”, se referían a esa misteriosa mezcla que convierte las cosas en oro. La luz del atardecer de otoño era dorada y brillante como el oro.

Encontraron también y para que no hubiese dudas, que el “athanor”, es el horno donde se funden todas las sustancias que una vez solidificadas dan lugar a la piedra filosofal.

Estaba claro el “chorro de fotones de luz blanca” era la mezcla líquida que daría lugar a la piedra filosofal convirtiendo la tarde de otoño en luz de oro y también tal vez las rocas y arena de la playa. Seguro el athanor es el sol o la pequeña enana blanca.

La comandante siguió su anotación:

“Los colores del as de luz fueron cambiando lentamente. Sobre la cúpula protectora de la atmósfera, en ese punto, fueron apareciendo hermosos colores que iban del dorado amarillo al rojo más intenso.

Los cúmulos de vapor de agua se teñían de rojo al igual que la enana blanca llamada sol. Como la velocidad de giro de nuestra Nave Tierra es de 460 metros por segundo, la enana blanca iba desapareciendo sobre la mar muy rápidamente.

Al estar la mar calma y plana, el sonido de las pequeñas olas que llegaban a la playa eran rimados, casi hipnóticos.

Escuchaba voces y ladridos de otros tripulantes que se sincronizaban perfectamente con el ritmo de las olas. Como las aguas estaban de una claridad absoluta, podía deleitarme de la danza conjunta de los tripulantes que están en las aguas.

Compartía el momento con los tripulantes alados, que también les encanta observar a la pequeña enana blanca sumergirse en la mar. Ellos vuelan siempre rumbo a la estrella haciendo descansos para alimentarse y flotar meciéndose sobre las olas.

Nuestros ojos y sentidos se llenan de belleza infinita.

Ver el cielo de azul pastel reflejado en las aguas de la marisma, la luz de la estrella derramada a raudales sobre la mar, la música de las olas, silencios, suspiros, miradas, caricias, pequeños tripulantes con plumas nadando o volando, voces, ladridos…es cumplir el objetivo de la misión: ser felices”.

En este letargo de paz, la Comandante decidió desactivar la función “Tiempo”.

Esta función solamente hay que activarla para realizar los trabajos de mantenimiento de la Nave y de nosotros mismos.

Es una función que hay que controlarla y administrarla conscientes de que su mal uso pude y resulta nocivo o peligroso para el resto de la función VIDA.

Cuando está activada la Función Tiempo, por parte de los tripulantes autodenominados “humanos”, o sea nosotros, se corre el riesgo de estar ubicados en zonas inexistentes de la nave.

Es una función que tiene la capacidad de hacernos recordar momentos que ya pasaron y por lo tanto no existen. Esto fue diseñado para poder hacer tareas repetitivas. Mantener frescos los aprendizajes y realizar las tareas diarias en cada momento. Por ejemplo cómo curar a los diferentes tripulantes que sufren accidentes o enfermedades, o recordar y aplicar en el momento las fórmulas matemáticas aprendidas para reparar o confeccionar maquinarias o ingenios que nos ayuden en las tareas de mantenimiento de la Nave.

Pero el peligro está que esta función, la del Tiempo, al poder retroceder puede reproducir, momentos de miedo, pánico, tristeza o nostálgia.

Estos sentimientos, son parte de esta función. De hecho fue programada para cuidar la aplicación VIDA. Por ejemplo el sentimiento del miedo, es una alarma que alerta a los tripulantes al entrar en lugares de la Nave que pueden ser de riesgo individual o que podemos hacer una mala manipulación del lugar y provocar desperfectos serios en sectores vitales de la Nave como accidentes, incendios o derrumbes.

No siempre los tripulantes del sector llamado humanos, somos capaces de reconocer la alarma y provocamos serios desperfectos.

Por eso esta función, TIEMPO, se ha de manejar teniendo bien claros los objetivos previos a ser activada.

Por ejemplo, hacer un mantenimiento constante de la agrupación de los tripulantes vegetales en bosques, ya que estos son los responsables de la respiración correcta de todos los demás tripulantes en la Nave, incluidos los humanos.

Por esto hoy al observar el espacio desde esta ventana de la Nave hoy pudimos disfrutar del fenómeno astronómico llamado otoño.

-Mientras Manuela y Lali buscaban datos sobre la Tierra, encontraron la explicación en la Enciclopedia Universal de el porqué se producen las estaciones y porqué la Tierra está dividida en dos hemisferios: SUR y NORTE.

Esto es debido a que el Planeta, que gira sobre un eje como una peonza, este eje está inclinado y hay dos momentos cada seis meses en qué el Sol, nuestra enana blanca ilumina más horas al día un hemisferio que otro. A estos cambios se les conoce como EQUINOCCIOS, de primavera o de otoño.

Por lo tanto la Comandante de la Nave Tierra, miraba desde su ventanal que había menos horas de luz en el hemisferio Norte y por lo tanto sabía que comenzaba el otoño.

Continuaron con esta información escribiendo en el Cuaderno de Bitácora.

“Debido a la inclinación del eje de la Nave, lo que llamamos hemisferio Norte, comienza a tener menos horas de irradiación estelar. A este fenómeno le llamamos otoño. Un período en donde algunos de los tripulantes, los más antiguos navegantes, comienzan un período de letargo y reposo para poder seguir con fuerzas en su hermosa tarea de suministrar oxígeno al resto de tripulantes, manteniendo así en buen funcionamiento la función VIDA.

Desde este ventanal la observación es más que placentera.

Como siempre ocurre cuando haces estas observaciones, los sentidos del observador se agudizan.

Los momentos de observación son instantes o momentos llenos de eternidad.

Es cuando saltamos al vacío de la eternidad sin abandonar la Nave.

Es cuando disfrutamos plenamente de la función VIDA en todo su potencial.

Cierro cuaderno de bitácora, adjunto algunas imágenes de la observación.

Un abrazo estelar a todos los tripulantes de nuestra Nave Tierra.”

A las dos, abuela y nieta, les pareció fantástica la anotación de la Comandante de la Nave Tierra en el Cuaderno de Bitácora.

En estos juegos con su abuela, Lali, comenzaba su fascinante camino de convertirse en la eminente Doctora Eulalia Grau, física cuántica.

Empezó a darse cuenta que se encontraba en un Universo inimaginablemente inmenso, lleno de misterios por entender.

Se dio cuenta que todo lo inmensamente grande funciona a partir de todo lo inmensamente pequeño.

¿NOMOS Y HADAS O QUARKS SUBATÓMICOS?

A Lali le encantaban los cuentos que le leía o contaba su abuela donde los protagonistas eran los nomos o las hadas. Seres infinitamente pequeños, mágicos y invisibles para los ojos.

Seres que sin dudas son tripulantes de la Nave Tierra y que acostumbran a vivir en los bosques junto a los tripulantes vegetales. Hay también muchos que viven en las aguas, por ejemplo, las ninfas en ríos, arroyos, lagos y cascadas.

Luego están las sirenas que estas habitan los mares, los responsables de dar el color azul a la Nave Tierra vista desde el espacio.

Estos seres son invisibles a los ojos, solamente los puedes ver con el corazón, sintiendo la energía amorosa que emiten y que te hacen sentir tan bien cuando caminas o te sientas en una piedra en medio de un bosque, bebes agua con la mano de un río, caminas por una playa o estás en el pico de una montaña.

También los puedes ver con forma en el mundo de los sueños, muchas veces se aparecen y te hablan mientras duermes.

Manuela también le contó a Lali que hay seres de estos en el aire y en el fuego.

A los del aire se les llama ángeles, a los del fuego salamandras.

Lali recordaba perfectamente los días que iba a quedarse a la casa de su abuela.

Sobre todo le encantaban las noches de invierno y con tormenta. Eran las noches en que se iba a dormir pronto y Manuela se quedaba estirada con ella hasta que se dormía. Era para que no tuviera miedo de los truenos y rayos que menudeaban bajo el aguacero.

Además esos eran los momentos de los cuentos “inventados”. Los cuentos en donde todas las cosas eran posibles a partir de un simple pensamiento.

Así, el posible miedo se disolvía en la voz suave y tranquila de la abuela y el calor tibio y agradable de la cama.

La tormenta no paraba de hacer electrizantes destellos azules iluminando todo, como el flash de una cámara de fotos.

Los visillos de las ventanas de la habitación dejaban pasar la luz siempre enigmática de los relámpagos.

Suerte que duraban poco tiempo, porque acababan siempre en el estruendo explosivo de truenos o rayos.

“Seguro que Espurna y los seres del rayo, andan celebrando algo” – le dijo Manuela a Lali-.

“Espurna es nada más ni nada menos que el duende de los rayos, relámpagos, centellas y de todas las luces que aparecen durante las tormentas.” -continuó la abuela-

“El nombre se lo pusieron hace ya miles de años los antiguos habitantes de las cavernas. Según cuentan las lejanas historias, esas que como nunca se escribieron, jamás sabremos si son ciertas. Dicen que Espurna enseñó a utilizar el fuego a los habitantes de las cavernas. Parece ser que el poder de encender fuego sólo pertenecía a los seres invisibles, esos que no se pueden ver con los ojos. Son los seres que duermen en las nubes y en la luz de las estrellas. Al igual que todos esos seres infinitamente pequeños, les gusta jugar y reírse, como a cualquier hada, ninfa, duende o ángel.

La forma que tiene Espurna y los seres del rayo de divertirse, es juntar muchas nubes, darles de comer algo parecido a las palomitas pero que en realidad son bolas de energía y ver como estás las digieren o se atragantan. Aunque ellos dicen que son vitaminas que no vienen ni en jarabe ni en pastillas que hacen engordar las nubes.

Cuando las nubes están llenas, les hace ruido la barriga, son los truenos que escuchamos.

Después les hacen cosquillas, algo que le encanta a las nubes. Los seres del rayo se ponen a cantar hasta hacer llorar de risa a las nubes.

La letra de tan graciosas canciones son casi incomprensible para nosotros, excepto si nuestros corazones están ligeros y sin miedos.

Con las lágrimas de risa y las palomitas de energía los seres del rayo modelan varas de luz dorada para hacer más cosquillas a las nubes.

Todos ocupan sus posiciones en diferentes nubes. Se lanzan las varitas de nube a nube. ¡Parecen rocas rodando!” “¡Qué ruido más divertido!” – ríen los seres del rayo-

“¿Abuela me contarás la historia de como Espurna y los seres del rayo enseñaron a utilizar el fuego a los seres humanos de las cavernas?” – le pidió Lali a Manuela con los ojos iluminados por el fulgor de un relámpago-.

“Claro mi pequeña flor de primavera – así era como Manuela llamaba muchas veces a su nieta desbordando ternura- déjame poner cómoda en tu almohada y te la cuento enseguida.”

LA MÁGIA DE LOS SERES DEL RAYO

“Empezaré primero por explicarte cómo son estos seres o duendes juguetones.

Yo vi uno, no se si era el mismísimo Espurna o tal vez era se madre o su hermana o hermano.

Fue hace muchos años, pero lo recuerdo muy bien. Era yo por aquel entonces tal vez algo más pequeña que tú. No mucho más pero sí más pequeña.

Recuerdo que al atardecer se había desatado una intensa tormenta, mucho más fiera que esta de hoy.

Por aquel entonces vivíamos con mis padres, o sea tus bisabuelos, en una granja en el campo.

La casa la recuerdo muy confortable. Era de madera con dos plantas y techos de dos aguas.

En una casa como esta, las noches de tormenta se llenaban de ruidos inquietantes y misteriosos, sobre todo para una niña de 8 años.

El viento se colaba siempre por alguna de las ventanas que nunca cerraban herméticamente.

Así colándose entre las rendijas y con la impunidad de la noche, hacía que se escucharan desde aullidos de lobos hambrientos o tal vez otros animales más temibles hasta desgarradores lamentos que la imaginación de una niña podía convertir en almas de muertos o espíritus malévolos que vagaban por campos y montañas perdidos. Seguramente aprovechaban la oscuridad y la tormenta para entrar en casas solitarias del campo y atemorizar a los habitantes.

Pero un día, en medio de una tormenta, escuché al viento que se colaba por una pequeña ventana. No aullaba como un fiero animal ni como un espíritu malévolo. Sonaba como una flauta dulce. Un sonido agradable y suave. Enseguida decidí escuchar esa música del viento. Desaparecieron los temores y al sonido de la flauta le acompañaron los redobles de las gotas de la lluvia racheada golpeando los cristales de la ventana.

Recuerdo bien que me acerqué a la ventana, separé los visillos para deleitarme del repiquetear de las gotas y de las flautas del viento.

Afuera se veía todo muy negro. Aprovechaba la luz de los relámpagos para ver las copas de los árboles meciéndose. Cabellera larga, despeinada, revuelta. Parecían artistas de algún grupo de rock blandiendo sus guitarras.

De pronto, una bola de fuego de blanco brillante saltó de una nube posándose sobre la alambrada de uno de los corrales de la granja.

Era una espiral de fuego, girando, lanzando chispas incandescentes a todos lados en su giro frenético.

Reconozco que al principio me asusté, pero se me pasó cuando vi la bola de fuego ir corriendo por el alambre más alto del corral.

Parecía que era el mejor equilibrista del mundo, corriendo por por un alambre sin caer y además con el viento que soplaba.

Cuando llegó a la barra metálica que sostenía los alambres y era el límite de la larga puerta del corral, se detuvo con una gran explosión.

Ahí fue cuando lo vi. La luz blanca incandescente quedó azulada. Un pequeño ser vestido de plumas azules incandescentes, un fuego azul. Supe que un pájaro no era porque en lugar de alas tenía pequeños brazos con manos que no paraban de lanzar chispas a todos lados.

Los ojo eran enormes, en relación al cuerpo tan pequeño, y negros. Tan oscuros y negros que a simple vista podrían dar miedo. Pero no, ni gota de miedo. Eran unos ojos que sin escuchar palabra sabías que eran buenos. Se habían guardado las imágenes más bellas de todo el Universo, todo fue muy raro porque al mirar aquellos ojos entré en un mundo eternamente infinito y grande, pero partiendo de lo más pequeño, difícil de explicar.

Creo que como mi corazón estaba tranquilo y contento, escuchando las flautas del viento y los redoblantes de la lluvia en los cristales, pude ver adentro de los ojos de los ángeles del rayo.”

“¿Qué vistes abuela dentro de los ojos del ángel del rayo?” – interrumpió Lali intrigada-.

Vi como en un acto de amor, se apiadava de los pobres seres que vivían atemorizados en las heladas cavernas.

“¿Qué hizo entonces Espurna, abuela?”

Iluminó todo el cielo con la luz azulada de los relámpagos para que los homínidos que estaban en la entrada de la cueva pudieran ver el exterior perfectamente. Luego lanzó desde sus manos un potente rayo a unas ramas secas de un viejo árbol. Estas ardieron con un fuego amarillo maravilloso. Cesó la tormenta y unos de los homínidos, venciendo al miedo se acercaron cautelosos a los trozos de ramas que aún ardían en el suelo. Comprobaron que emitía un calor agradable pero si te acercabas demasiado te hacía daño. Uno de ellos cogió una de las teas caídas de la parte donde no quemaba y la llevó a la cueva. Vencido el miedo vieron que aquella llama iluminaba las zonas más oscuras de la cueva y les daba un calor agradable. Los más viejos dijeron que había que protegerlo con un círculo de piedras, mantenerlo dándole de comer ramas secas y adorarlo con gratitud porque era un regalo del cielo, era un trozo de sol para sobrellevar las largas noches de miedo.

Así fue como Espurna y los ángeles del rayo nos regalaron el fuego, bueno a nuestros antepasados. Imagínate si habrá sido importante Lali, que todavía hoy, pasados miles de años, en las culturas de muchísimos pueblos, existen fiestas que se rinde homenaje al fuego, a sus ángeles y dioses que nos lo dieron. Hacemos grandes fogatas donde nos reunimos a bailar en las fiestas de Sant Joan o el solsticio de verano, bajamos desde lo alto de las montañas teas encendidas para iluminar las plazas de los pueblos y un sinfín de rituales mágicos que nos recuerdan que hemos de cuidar el regalo del fuego.

La Doctora Eulalia Grau se encontró de pronto inmersa en el aplauso de ovación de todo el público puesto en pie que llenaba el paraninfo de la Universidad, acababa de hacer su discurso sobre el comportamiento de las partículas subatómicas.

Una lágrima de emoción se deslizó por su cara cuando en un as cuántico de luz vio sonriente a su abuela Manuela y destellos de luz azulada que la envolvían junto a Espurna y sus ángeles del rayo.

Un homenaje a todas las mujeres, en este cuento especialmente a las científicas.

Fernando Galbán Testa

cuentista