Rubíes de brasas arden en la noche del hogar. 
La fragata descansa nadando en las dulces aguas del temporal.
La mar se deja despeinar por el viento, 
y de la espuma hace nubes,
que surcarán el firmamento.
La inquieta luna se despierta muy temprano.
Se detiene en el mástil de un barco.
Se rasca la barriga en un cuerno de bronce.

Se viste de blanco para lucir en el azul celeste.
Luego cuando el sol se vaya,
será la reina del cielo y se peinará en las aguas.
Dejaré esta noche un cubo con agua,
para mañana recoger sus hilos de plata.
Luna llegando a «llena» de febrero de 2016.
Carta a un sueño
Iba caminando por la oscura y mojada calle. Sentía las deliciosas gotas deslizarse por mi cara, eran una caricia tierna, amorosa que las nubes me brindaban.
Escuchaba mis pasos que los ahogaba la soledad de la calle. A lo lejos, pero cada vez más cerca oía la mar erizada rompiendo en mil olas que sonaban igual que un trueno constante, sin rayos, sin luces porque el negror de la noche todo lo tragaba.
Disfrutaba de las pequeñas gotas de agua que recorrían mi cara entonces en mi sueño, me fui a mi cabaña. La pequeña cabaña de troncos y techo de paja. La que tengo junto a un lago, al cual llego por un muelle palafitado, en el que me espera la barca. A la que subo para recorrer el lago, para ver los soles y las lunas reflejados en sus aguas calmas. Cómo me gusta mecerme en las aguas, mirando correr las nubes que forman figuras extrañas, o el vuelo en formación de las aves que pasan. Cerca de la costa maravillar mis ojos con los colores de las estáticas libélulas que se posan en nenúfares que pueblan las orillas del lago.
Hoy, al llegar era primavera, el gigantesco jacarandá vestido de azul competía con el cielo, está ubicado a la izquierda viniendo desde el lago. Bajo su sombra hay una mesa y bancos de troncos de un viejo árbol caído en la tormenta. Todo su entorno está recubierto de una alfombra de flores azules que perfuman de calma las noches que paso sentado en los troncos escuchando grillos, lechuzas y ruiseñores, todos ellos salen de su refugio del bosque de pinos y hayas que se encuentra detrás de mi cabaña. Dos senderos conectan el bosque con la cabaña. Senderos que cuando entro me llenan el alma, porque puedo hablar con los árboles, escuchar sus risas cuando el viento se cuela entre sus ramas. Escuchar como si de la más exquisita sinfonía se tratara los trinos y cantos que pueblan de plumas el aire, los zumbidos alegres de colmenas de abejas colgando de ramas. El olor de las setas ocultas bajo la hojarasca. Y cuando mis pasos se sincronizan con los sonidos del bosque, mi alma lo es todo, árbol, pájaro insecto, seta, aire y calma.
Al otro lado de la cabaña, está el huerto, lleno de verduras frescas y perfumadas, bordeado de un cerco de rosas que con sus perfumes y colores me alegran amaneceres soleados o tormentosos, esas rosas siempre sonríen.
Un pequeño porche con suelo de listones de madera separa la entrada de los cinco escalones de acceso. Dentro, una gran estancia única con una chimenea de piedra, rodeada de un largo sofá con almohadones de colores ocres naranjas, rojos y amarillos. La chimenea está flanqueada por dos grandes ventanales que dan al lago, y sentado en el sofá, veo las más hermosas puestas de sol sobre el lago o las tormentas que descargan con rayos que intentan encender las aguas. Del medio de la estancia tengo una escalera de amplios escalones de madera maciza que sube a la habitación. Cuando subes ya ves en el suelo un confortable futón de lana cubierto por un mullido edredón. El techo de dos aguas está acristalado para así en las frías noches invernales poder beber las estrellas solitarias o acompañando a la luna.
Qué hermosa, cálida y cómoda es mi cabaña, que la tengo guardada en el continuo de los sueños, que es en donde se forman y crean todas las cosas que a nuestras vidas entran.
Hoy les escribo esta carta desde mi cabaña.
Segundo día de luna nueva de acuario de 2016.
Cristales que atrapan al sol
mientras la tarde se desangra.
Nubes rojas y rosas que esconden al viento.
Sueño de Septentrión.
Retinas que son cristales
atrapando al sol.
Pronto vendrá la noche sin luna.
Oscura y sin estrellas la noche viene,
oiremos al viento aullar.
Más sentiré un tibio calor,
del sol que quedó atrapado,
en los cristales de mi corazón.
Quiridos/as amigos/as, seguidores de http://www.creandomundos.org les invitamos a divertirse un rato escuchando la lectura de los correos enviados con motivo del mítico viaje a Suiza de un grupo de orientales para «candombear».
Un abrazo,
Fernando
Inauguramos una nueva sección de nuestro blogg http://www.creandomundos.org
Iremos leyendo los correos antiguos enviados desde la Associació Candombe, con motivo de salidas, eventos o lugares donde participamos. El gran valor que tienen es que fueron correos electrónicos, o sea pre-redes sociales.
Bueno como siempre deseamos les guste y pasen un breve rato disfrutando.
Un abrazo, Fernando
Las nubes cansadas de tanta noche,
al sol quieren amar.
Más su luz intensa y apasionada,
Entre su etérico cuerpo se suele escapar.
En un suspiro el sol les dijo,
mañana volveré a estar,
pero vosotras algodones del aire,
los vientos os pueden llevar.
Si me queréis amar, dejar que mis rayos os toquen,
que es como yo os puedo amar,
llenando vuestros algodonosos cuerpos,
de luz y colores sin igual.
Camino por el parque, sintiendo la noche llegar.
Entre luces y sombras la ciudad enciende sus farolas.
Más el cielo me ha dejado una gran compañera.
La luna
que
entre árboles y chimeneas,
acompaña mis pasos y mi corazón,
entre
caminos del parque que llevan
a soñar los sueños de la ciudad que se duerme.
Tormenta en la mar.
Relato del texto «Tormenta en la mar», en vídeo.
Historia de parte de un viaje aún no acabado……
Hoy sentí a la tarde abrazar el sol poniente.
Pintar de rosa, rojos y amarillos,
mi cielo de azul pastel.
Colorear las nubes de Divinas pinceladas.
La mar gris, profunda, misteriosa,
mira al igual que yo, extasiada,
al líquido sol tiñendo de rojos el cielo.
Sinfonía de colores, del azul pastel al rojo.
Nubes que forman extrañas figuras.
Cielo camino a la noche,
colores que pintan mi alma.
Momentos de amor y calma.
Unirme a la luz estallando
en miles fragmentos de amor.
Susurrar al aire un poema,
derretido en selvas, ríos, montañas.
Inundar corazones que se, vibran,
con los colores del atardecer y de mi alma.
Me fundo en un abrazo,
suave, largo, intenso,
de esos que sólo es capaz de dar el alma.
Siente, respira, descansa,
mi dulce tierra amada.