Los rayos del sol
pintan de amarillo
los pétalos.
Dentro del lirio
la luz se transforma
en perfume de flor.
Pronto acudirá la abeja
a llenarse de sol.

Regalos de primavera son ver el sol intentando abrirse paso entre la niebla, escuchar a mirlos y jilgueros inundar el aire fresco y húmedo con sus cantos, ver los romeros llenos de flores azules llamando a las abejas. Sentir que la vida tiene prisa por manifestarse. Decir al mundo que la larga noche termina, que la sabia vuelve a subir del sueño de la tierra. Luego vendrá el viento, soplará la niebla y el sol abrazará a todos los seres de todos los mundos para que estos en su libre albedrío sean felices.
La lluvia moja de alegría campos y calles, pintando de gris alegre los paisajes.
Ocurra lo que ocurra, estemos donde estemos y cómo estemos, dejemos que nos envuelva la luz que renace en la primavera. Entonces el miedo se vuelve paz y la tristeza alegría.

Sentarse a ver pasar la nubes, dejar ir la vista más allá del horizonte, escuchar el susurro del viento al pasar las agujas de los pinos, sentir la lluvia mojando tu cara, ver danzar la llamas en el fuego…., son eternos instantes que nos colocan fuera del espacio tiempo, nos llevan a otro mundo, tal vez a otra dimensión. Ese sentirte UNO con lo que estás viendo y sintiendo, nos dice que existen varios mundos por los que podemos transitar.
Es entender los «relojes blandos» que tan magistralmente pintó Salvador Dalí. Un reloj reblandecido colgando de un árbol o deslizándose por una roca en un mundo de formas imposibles. Exactamente eso, entrar en el mundo de los sueños, que tal vez es el «real».
Cuando vemos desde un lugar quietos las nubes pasar, cielo y mar fundirse en el horizonte, escuchar al viento….estamos «pintando», «grabando» un cuadro bidimensional, plano, que al proyectarlo se transforma en un holograma tridimensional. Holograma que es nuestro universo, el de cada uno, de acuerdo al «cuadro» que hemos pintado.

Para «pintar» cuadros bidimensionales en los cuales queramos vivir el viaje de la vela rumbo al sol, sólo tenemos que «invocar» a la alegría. Sentir un corazón en un abrazo, jugar como niños, con un perro, un gato, saborear un beso, sentir la caricia dada y recibida, respirar sabiendo si el aire es frío o cálido, esos son los pinceles, las pinturas, la paleta y el lienzo para hacer nuestro cuadro que será el holograma de nuestro universo.
Arde el sol en el fuego del hogar.
Las llamas nos hablan de veranos.
Nos hablan de hojas verdes
cautivadoras de soles largos.
Así quedó el sol atrapado
en su cárcel de madera.
El árbol y sus brazos lo tienen prisionero.
Pero el frío despertó el hacha,
que sin vacilar segó la rama,
en el hogar ardió el fuego,
liberador de soles prisioneros.
Así el sol bailó con las llamas
convirtiendo en luz y calor
su apasionado cautiverio.


La fragata vuela rumbo al sol
el viento y la mar acarician sus alas.
El sol se sumerge en la nube,
dorado e intenso,
mientras la fragata sigue su vuelo.
En forma de disco rojo incandescente,
deja la nube para bañarse en la mar.
La tarde rueda tranquila,
tranquila está la mar,
solo la mueve el aire de las alas
de aves y almas vibrando
sobre el cielo y la mar.

La luz surge del horizonte surcando la mar,
hasta abrazar y besar las rocas junto a la mar.

Detrás del olivo la luna quiere brillar.

Ahora que menguas te vas a acostar
en un lecho de estrellas quieres estar.
Tranquila que Venus tu cielo iluminará.
¿Cuánto amor debe guardar?,
seguro que mucho será,
porque brilla llena de alegría y felicidad.

Ni la noche fría la puede quebrar,
porque su luz es de Amor que nunca acabará.
Cielo de invierno, cielo de Navidad,
con la lunita menguante, que pronto a dormir se va,
quedas lleno de estrellas tiritando con frío invernal.
Pero cuando con el corazón te miran,
los corazones haces estallar,
de tanta alegría y felicidad al poderte mirar.

Así se veía Venus al atardecer del 23 de diciembre. Si la ves respira sus rayos de amor.
No muy distinto debería ser el aspecto del Lago de Banyoles en el año 1267, año del nacimiento de Eymeric de Usall.
Igual que todas las grandes masas naturales de aguas, está rodeado de misterios e incógnitas. Probablemente fruto de la imaginación colectiva de sus pobladores, al ver crecer la niebla desde el centro del lago en una noche de luna llena.
Más misterio se sumó al Lago, a la muerte de Eymeric de Usall, en el año 1355 en Banyoles, porque este fue el último templario o Caballero del Temple, siendo embajador del Rey Jaume II en Egipto. Como todos sabemos pertenecer a la Orden del Temple ya era algo misterioso, no sólo por la persecución sufrida y posterior actuación en la clandestinidad, sino por los supuestos poderes esotéricos adquiridos por esta Orden a lo largo de «las cruzadas», con incursiones, conquistas y derrotas en Tierra Santa hoy llamado Oriente Medio.
Puede estar vinculada la vida de Eymeric de Usall en Banyoles al hecho de encontrarse en la iglesia de Santa María dels Turers un trozo de madera de la Vera Creu, o sea la cruz en la cual fue ejecutado Jesús de Nazaret.
Pero aparte de los misterios de los cruzados con el Santo Grial, la alquimia, inmortalidad y poderes sobrenaturales, está ese halo de misterio que emana del lago y su entorno.
Sus aguas son como un gran espejo en donde se mira el cielo haciendo que el espejo guarde todos los tonos de azul.
Es una delicia caminar junto al lago sintiendo el tiempo detenerse o estirarse lánguido como una masa de harina. El deleite de escuchar los patos sumergirse para capturar alguna trucha distraída, o las ranas saltando al agua entre cascabeles de hojarasca, son instantes que detienen el tiempo. Es cuando el tiempo se queda estático que ves a las truchas mordisqueando algas de formas imposibles, nubes saliendo de las ramas desnudas de las hayas que descubren nidos esperando primaveras, patos de colores tornasolados nadando en en líquido de plata. Casetas de cuentos de hadas que se adentran en el agua. Juncos y nenúfares con sueño de invierno en las orillas del Lago.

Incluso puedes ver asombrado rayos de luz saliendo de troncos acostados. Aunque hay quien dice que es el halo de luz que dejan en su vuelo las diminutas alas de las hadas o dones d’aigua, las cuales dicen, son los más antiguos habitantes del Lago.
Así caminando junto a la orilla del Lago, al pasar la puerta del no tiempo, eres partícipe del misterio del Lago.


Cuando la luz solar comienza a derramarse en la aguas empieza la sinfonía de colores en el cielo y en la mar, es difícil encontrar la palabras justas para describir la tarde.

Es difícil encontrar palabras que te hagan sentir a la Tierra girar.
Es difícil encontrar palabras que te digan que el aire se llena de luz y las aguas de la mar en calma se tiñen de colores cálidos.
Es difícil encontrar palabras que te hagan escuchar el grito de las gaviotas surcando el cielo y las risas de niños que llegan lejanas atravesando luz en el aire.
Es difícil encontrar palabras que pinten a la luna creciente en el aún azulado cielo.
Es difícil encontrar palabras que te expliquen que en el horizonte del Este, la bruma, se tiñe de rosa.
Es difícil encontrar palabras donde veas al sol derretirse de amor en las aguas.
Es difícil encontrar palabras que expliquen que en estos momentos mágicos el paisaje entero derrama hilos de luz que dejan todo repleto de Paz, Amor y Calma.
Es difícil encontrar palabras para describir cómo en estas tardes de paz y calma tu corazón se vuelve sol y llena de luz cálida tu alma.
Qué difícil es hacer paquetitos de palabras donde puedas regalar sol, mar, tierra, aves, risas, paz, alegría, calma, amor……..

La luna creciendo quiere llenarse de sol,
mirándolo sumergirse en las profundidades de la mar

Cuando él desaparezca ella será su luz
porque se ha llenado de su cálido amor.
La mar lo envuelve con su húmedo manto azul,
y la luna creciendo se llena de su luz.
Duerme sol dorado en lo profundo de la mar
que la luna creciendo guardará tu luz
derramando en la noche todo su amor.

A un día del cuarto creciente de diciembre de 2016.