Caminos de luz

La luz solar penetra el bronce de Pasífae colándose entre sus patas.

Lentamente, como sin querer, de oro se visten las aguas.

Las gaviotas no pueden resistir volar y bañarse en doradas aguas.

El sol como un cántaro brillante aboca su luz líquida dorada,

momento de las almas que se aman para caminar juntas en los cielos y en las aguas.

Atardecer del Mediterráneo con las aguas calmas,

en mis ojos y en mi alma queda guardado este instante de magia.

Rumbo a la segunda luna nueva del mes de octubre de 2016.

 

Tarde de lluvia

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Las tardes de lluvia en otoño tienen algo especial. Aunque la lluvia, sea un motivo de alegría en si misma, ya que es un regalo de las nubes en forma de agua que es la vida, pero si se produce en otoño y en una tarde, es capaz de hacernos vivir momentos de eterna dulzura, calma y felicidad. Si por el devenir diario, no lo estás viviendo, la lluvia de la tarde de otoño se las arreglará para que en nuestros corazones evoquemos y «volvamos a sentir» aquella tarde, cercana, lejana o venidera, porque como ya sabemos el tiempo es un inmenso mantel de una invisible mesa, en el cual podemos ver los dibujos del mismo en el centro, en los bordes o en cualquier lugar del mantel, solamente tenemos que mirar a un lugar determinado, no hay líneas rectas.

Así que ayer, el segundo día de la luna creciente de Libra, estuvo lloviendo casi toda la tarde. Al ir esquivando los charcos de la calle, el aire húmedo y fresco me iba llevando a un punto del mantel en el que me veía niño, con mi túnica blanca arrugada, mojada y la moña azul colgando goteando agua sujeta por un nudo hecho de cualquier manera cuya única función era que no se perdiera la moña y que más o menos estuviera rodeando el cuello. Volvía de la escuela a casa, la cartera pequeña de cuero completamente empapada, conservaba bien secos los cuadernos, libretas y lápices que guardaba. Las medias, otrora hasta las rodillas, se agolpaban enrolladas como un mazacote informe y seguían sumergiéndose en el agua que guardaban los botines, después de haber caminado por todos y cada uno de los charcos de agua.

Sentía el sonido de los botines en el agua y las gotas de lluvia recorriendo mi cara, pasando la lengua por los labios para beber el agua. Instantes felices de la tarde de otoño, lluviosa de abril o mayo. Al llegar a un cordón de la vereda y ver la fuerte correntada descendiendo calle abajo, abrir la cartera y sacar aun medio doblado el botecito hecho en la escuela clandestinamente con papel de estraza, porque sabíamos que al salir encontraríamos antes de llegar a casa un buen río para que nuestro bote navegara antes de ser engullido por las enormes «boca tormentas», como le llamábamos a las alcantarillas. Cómo navegaba de rápido, compitiendo con hojas y palitos de ramas. Saludaba su viaje veloz y le enviaba un mensaje a las aguas de otoño que alegraban las calles.

Luego tiritando de mojado, entraba en casa donde sabía me esperaban la ropa seca, una taza enorme de cocoa o leche caliente con gofio y el delicioso pan marsellés untado con manteca y azúcar o dulce de leche……mmmmmmm. Una vez repuesto y al calor del «primus», escuchando la noche que empezaba a caer con las gotas de lluvia, después de hacer «los deberes» acompañados de algún dibujo con acuarelas de agua sobre hojas de garbanzo, siempre escuchaba alguno de los cuentos de Fernán Silva, Constancio Vigil o algún capítulo de «Corazón» de Edmundo de Amicis, sobre aquel valeroso niño de la Lombardía del siglo XIX.

Después venía la noche espesa, llena de lluvia para arrullarnos entre sueños y aventuras de los seres que poblaban los cuentos.

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Otras veces las tardes de lluvia en otoño, si no lo estás viviendo, te pueden llevar a ese lugar del mantel en el que convertido en un muchacho caminabas por un parque mojado abrazado de la mujer amada, los dos bien juntitos porque hay un sólo paraguas. Escuchar los pasos de ambos como si fuera uno solo, acompasados por el monótono repiquetear de la lluvia en el paraguas, entonando una canción de amor tan dulce que te detenía sobre cualquier charco y girando los cuerpos hacía que se encontraran los labios entonces, apartando un poco el paraguas dejábamos que las gotas de agua recorrieran las caras y mojaran aun más las bocas y los labios. Era cuando todo el Universo giraba en torno a la risa que provocaba las cosquillas del agua. Caminar por las arboledas mojadas que ya amarillaban sintiendo la lluvia de la tarde de otoño cayendo sobre el paraguas, es la magia que te dice, se puede mirar otro punto del mantel del tiempo y grabar un momento de alegría, tranquilidad, paz y calma……sólo lo tienes que ver con el cristal de tu alma.

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OTOÑO

                                                                      OTOÑO

POEMA DE OTOÑO.

La luz empieza a acortar el día,

nubes de tormenta hacen soplar al cielo.

La calma vuelve a la naturaleza.

dsc_4496Los árboles se desvisten con el viento.

dsc_3601Las veredas se llenan de otoño,

atardeceres largos teñidos de rojos.

Marrón, amarillo, ocres vistiendo árboles.

Corazones en la paz y la calma,

de las calles vestidas de otoño.

La euforia del verano necesita descansar, con las cosechas en los graneros y bodegas, la naturaleza empieza a dormitar.

Sentir el otoño, es empezar un viaje. Un viaje en la luz, acompañando a la Madre Tierra en su descanso.

Esperamos ver los bosques llenos de lluvia para recolectar las setas mágicas, sentimos el éxtasis de la vida en atardeceres largos teñidos de oro y rojo.

Dejamos que el viento haga volar nuestros pensamientos al igual que las hojas amarillas de los árboles.

Es la estación del viaje a nuestro interior, a seleccionar como semillas los pensamientos que luego harán nuestras realidades.

La Naturaleza nos invita a pensar la Paz, a pensar la Alegría, entonces estaremos rodeados de belleza y armonía.

Enlentecer los ritmos para diluir el tiempo, convertirlo en arcilla que de forma a nuestros sueños, igual que mágicos alfareros.

Es la época de ver como corren las nubes en el cielo, estirados en la hierba sabiendo que somos eternos.

Es la época de susurrar palabras al oído, despacio, lentas, de esas que sólo el corazón es capaz de pronunciarlas.

Feliz ciclo de otoño, en la Paz y la Alegría, disfrutemos de este viaje.

Cosas de la mar

img_1325 img_1324 img_1326 img_1315 img_1327 img_1328 img_1323 img_1318 img_1319 img_1317 img_1314 img_1321 img_1322 img_1320Siempre que te acercas a la mar el entorno es diferente. Aunque vuelvas a la misma hora, siempre hay algo que hace cambiar el paisaje. Todo depende de la luz, la estación del año, si está nublado, si hay temporal….

Pero desde hace un tiempo llegué a la conclusión, por simple observación, que lo que hace que el entorno cambie, son los ojos con los que los miras. Quiero decir que es cuando cada uno de nosotros, escucha los latidos de su corazón, cosa que hace «salirte» del tiempo lineal, entrando entonces en la verdadera dimensión del tiempo, un inmenso e inabastable plano. Al sentirte los latidos del corazón, la conexión es inmediata, le estás diciendo a tu cuerpo, que todo está bien, que te encuentras muy bien, en una zona de calma y tranquilidad, aunque estés corriendo. Es como si el corazón te dijera, -estoy bombeando sangre perfectamente a todo el cuerpo, tu respiración oxigena la sangre que distribuyo, sigue así que estoy muy bien-.

Luego de recibir este mensaje, por tus ojos, oídos, nariz, boca y piel, empiezas a recibir las imágenes, sonidos, olores, gustos y tactos necesarias para incrementar la sensación de bienestar, calma y alegría.  Por eso el paisaje cambia constantemente, aunque estés en el mismo lugar y a la misma hora. En definitiva es nuestro corazón el que hace cambiar el entorno, ya que ES lo que percibimos, sentimos y pensamos.

La otra tarde, me acerqué a caminar por el espigón de levante que hace de protección al puerto de Vilanova i la Geltrú, un paseo bastante habitual y frecuente.

Mi corazón enseguida me envió el mensaje -todo está perfectamente bien-, y empezaron a aparecer ante mis sentidos montañas de maravillas. De la mar me llegaba la fresca y húmeda brisa marina, mirando al Este, veía como el Macís del Garraf derramaba en piedra sobre la mar sus acantilados, las pequeñas calas y sus prominentes puntas, que se desdibujaban en las brumas de la lejanía. Mientras respiraba oliendo a sal y algas, mezclado con el tenue perfume de las flores silvestres que crecen entre las piedras del espigón, miro al Norte y veo la figura del faro recortándose sobre el Montgròs, la otrora montaña sagrada de los cosetanos, pueblo íbero de antes de la romanización, cargando sobre su perfil un impresionante cúmulo nimbo, seguro que cargado de agua, truenos y rayos. Allá casi oculta entre las mansiones noucentistas, la humilde ermita de Sant Cristòfor.

Miro al Oeste, cada vez más consciente de encontrarme en un punto del plano del tiempo, y me introduzco en un enorme pasadizo de luz creado por la complicidad del sol y la mar. Las barcas durmiendo su sueño de calma, que sólo el puerto les puede brindar, acompañadas por las gaviotas también adormiladas por las caricias del ya tibio sol vespertino. Más allá, al Sur, la inmensa y misteriosa mar tocando el cielo en el horizonte inalcanzable. Bueno inalcanzable con una barca, pero siempre cerca cuando lo miras, lo oyes, lo respiras, lo saboreas, lo tocas….con el corazón.

En fin supongo que son cosas de la mar y del corazón.

Caminos junto a la mar

DSC_4373Hay placeres en la vida realizables, como por ejemplo caminar por «els penya segats» de la Comarca del Garraf bien cerca de Vilanova i la Geltrú.

Oler las pinedas y la mar, bañarte entre posidonias, dejar tu boca salada y mirar una azulada luna menguante entre las ramas de un pino….., no tiene precio. Bueno si que lo tiene, el valor de sentir la vida, la alegría y la paz.

En el vínculo de abajo encontrarán algunas fotos seleccionadas y un breve poema que intentamos se acerque a trasmitir tanta belleza.

Caminos junto a la mar

Paseo entre viñas junto a la mar

Ya pasado el ecuador de este tórrido agosto en tierras de septentrión, hemos hecho un paseo por los caminos rurales de la Comarca del Garraf.

Como pronto empezará la vendimia en esta zona costanera del Mediterráneo, decidimos disfrutar del verdor de la viñas y sus mágicos racimos ya a punto de convertirse en maravillosos vinos.

Mientras caminábamos, acompañados por trepidar de las chicharras y nos dejábamos acariciar por la insistente marinada, disfrutábamos de los olores de la tierra que mezclados con el de la mar, hacían resonar en nuestra cabeza el hermoso poema de Josep María de Segarra, «Vinyes verdes vora el mar».

Poema que explica como ninguno la sensación de calma, paz y alegría de ver ese verdor lleno de frutos con la mar de fondo a modo de enorme lienzo líquido.

Vinyes verdes vora el mar

 Vinyes verdes vora el mar,
ara que el vent no remuga,
us feu més verdes i encar
teniu la fulla poruga,
vinyes verdes vora el mar.
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Vinyes verdes del coster,
sou més fines que la userda.
Verd vora el blau mariner,
vinyes amb la fruita verda,
vinyes verdes del coster.
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Vinyes verdes, dolç repòs,
vora la vela que passa;
cap al mar vincleu el cos
sense decantar-vos massa,
vinyes verdes, dolç repòs.
Vinyes verdes, soledat
del verd en l’hora calenta.
Raïm i cep retallat
damunt la terra lluenta;
vinyes verdes, soledat.
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Vinyes que dieu adéu
al llagut i a la gavina,
i al fi serrellet de neu
que ara neix i que ara fina…
Vinyes que dieu adéu!
Vinyes verdes del meu cor…

pàmpol d’or,
aigua, penyal i basarda.

Dins del cep s’adorm la tarda,
raïm negre,
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Vinyes verdes del meu cor…
Vinyes verdes vora el mar,
verdes a punta de dia,
verd suau cap al tard…
Feu-nos sempre companyia,
vinyes verdes vora el mar!

Josep Maria de Segarra

Después de pasear entre viñas y olivos, acabamos con un baño en la mar a la altura de la desembocadura del río Foix. Sólo se puede decir: una delicia, sinfonía de sensaciones.
Pondremos una traducción al castellano de la poesía de Segarra, aunque pierde la musicalidad que le dio el poeta al ser escrita en català, pero a los/as amigos/as que suelen leer nuestras publicaciones en lengua castellana, creo lo agradecerán.
 Viñas verdes cerca del mar

Viñas verdes cerca del mar,
ahora que el viento no refunfuña,
os hacéis más verdes y aún
tenéis la hoja miedosa,
viñas verdes cerca del mar.

Viñas verdes de la costa,
sois más finas que la alfalfa.
Verde cerca del azul marinero
viñas con la fruta verde,
viñas verdes de la costa.

Viñas verdes, dulce reposo,
cerca de la vela que pasa;
hacia el mar doblad el cuerpo
sin decantaros demasiado,
viñas verdes, dulce reposo.

Viñas verdes, soledad
del verde en la hora caliente.
Uva y cepavid recortada
encima de la tierra luciente;
viñas verdes, soledad.

Viñas que decís adiós
al laúd y a la gaviota,
y a la fina capa de nieve
que ahora nace y que ahora fina …
¡Viñas que decís adiós!

Viñas verdes de mi corazón …
Dentro de la cepa se duerme la tarde,
uva negra, hoja de oro,
agua, peñon y miedo.

Viñas verdes de mi corazón …
Viñas verdes cerca del mar,
verdes al alba,
verde suave al atardecer …

¡Hacednos siempre compañía,
viñas verdes cerca del mar!

Josep Ma. Segarra

Chau amigo

IMG-20160812-WA0001Hay vínculos de sangre o sea de herencia directa, de padres a hijos, abuelos, hermanos, etc., que parecen indisolubles. Pero hay otros vínculos tal vez más sutiles, casi etéricos, que llegan a ser de una fuerza y una solidez tan grandes que no existe fuerza capaz de arrancar. Sólo haciendo incursiones en la física cuántica, somos capaces de encontrar alguna explicación. Esta fuerza, que yo llamo «el amor de la amistad», es comparable a la fuerza de los llamados gluones que mantiene unidos los cuarks, esos que son imposible de desmembrar, ya que cuanto más fuerza se ejerce para separarlos, más resistencia, duplicada, ejercen los gluones para impedirlo. Algo así se crea cuando surge una amistad en el momento de dar nuestros primeros pasos erguidos.

Hoy te voy a escribir unas cuantas líneas, que se las estás esperando, y espero te gusten o te hagan reír, con esa risa tuya tan contagiosa.

Vos sabés Ricardo que los vínculos de amistad, esos que decía antes tienen una fuerza gluónica extraordinaria, son eternos y por lo tanto nada es capaz de disolver, ni la mismísima todopoderosa muerte. Muerte que por otra parte es parte de la vida, es el ciclo. Además no te olvides que nuestra amistad, venció a las otras grandes muertes dentro de la vida: el tiempo y el espacio, o dicho de otra manera la ausencia física y la distancia. Ahora me viene el comentario de un guía egipcio cuando nos enseñaba las pirámides: «el hombre le teme al tiempo y el tiempo le teme a las pirámides».
Así que a esta pobre que pintan de negro y con una guadaña, no tiene nada que hacer con nosotros. Si, nos puede separar en algún aspecto pero ya quedó demostrado que cada vez que nos veíamos a la vuelta de mi destierro lo primero que decíamos era: «¿qué hacés loco? Bo, el otro día……» , y empezábamos la conversación saltándonos el tiempo y el espacio. ¿Qué puede hacer esa vieja fea con capucha negra ante aquellos niños abrazados festejando un gol, o jugando a la bolita, haciendo bailar los trompos, remontando cometas o cayéndose de las bicicletas?. Nada.

Acordate que los niños aquellos, de las calles Berlin, Pablo Pérez, Corumbé, convertidos en muchachitos seguimos siendo la «barra del muro de Berlin». Aunque ya no esté el enorme árbol del paraíso que nos cobijaba de los soles del verano y al muro le levantaran una enorme valla, seguirán sonando nuestras voces, en las cantadas nocturnas o en las tertulias políticas que duraban hasta la madrugada o hasta que algún vecino gritaba: «bo, no jodan más, dejen dormir».

Acordate cuando nos colábamos en los bailes o cumpleaños de «15», de los que tenemos mil historias. Una de las que te gusta más es el día en un baile, uno de los muchachos de la barra, que sin lentes, digamos veía poco, te pregunta, «bo, cómo ves a la morocha aquella para sacarla a bailar», -«¿cuál?» -«aquella de la esquina», sólo viste una monja, -«pa, loco qué ojo tenés, está fenomenal», aquel no se lo piensa dos veces y va a sacar a bailar a una monja. Las risas empezaron a sonar, y siguen sonando hasta hoy de ver la cara de nuestro amigo, colorada como un tomate y no sabiendo qué hacer si agarrarte del pescuezo o qué. Al final la decisión fue matarse de la risa junto con todos nosotros.

Bueno loco la voy a ir cortando, porque ya sabés de historias para reírnos no acabaríamos más. Pongo algunas fotos que me mandó Aldo del encuentro que tuvimos todos los muchachos del muro, en el campamento de Santa Teresa, bueno faltan dos Antonio y Daniel, que no pudieron venir, pero como ya sabés, con que haya uno sólo y así lo quiera, la barra del muro de Berlin, está reunida.

Ahora loco hacé tranquilo el viaje que empezaste que los chachomus siempre DSC_4346estamos con vos.

Chau Ricardo.

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La barca de luz y los atunes

Llega a puerto la barca de luz,

cansada de tanta noche.

 

IMG_0991La esquiva sardina no acudió

al engaño de los focos,

no así el incauto atún

que en sus redes quedó atrapado.IMG_0989 IMG_0984

Los marineros contentos

de tener un buen sustento.IMG_0986 IMG_0992IMG_0982Hoy 4 de agosto por la mañana en el puerto de Vilanova i la Geltrú a la llegada de la barca «Peix Blau».

Secretos de una ciudad

Creo que las ciudades, son como las personas que las habitan, es decir tienen una imagen colectiva social y otra íntima personal.

Este es el caso de esta maravillosa ciudad de Barcelona, por un lado vemos su imagen colectiva social, con su eterno tráfico, bocinas, sirenas, gente agolpadas en los semáforos para cruzar las calles, turistas con sus cámaras retratándose en edificios emblemáticos como la Casa Batlló, La Pedrera… o los del Quadrat d’Or, sus palos para hacer «selfies» o autofotos, que me gusta más decirlo así, disfrutando de las farolas modernistas del Passeig de Gràcia, comprando en las lujosas tiendas… En fin, el ritmo y la aceleración de lo que se llama «una ciudad moderna», con todo el mundo «consumiendo» cosas, desde el tiempo cronológico
DSC_4140hasta las imágenes, con una voracidad insaciable por «congelar», «inmortalizar», «atrapar» algo que será imposible si tu consciencia no sabe que sólo en el corazón lo puedes guardar eternamente. DSC_4134Por eso cuando le dedicas unas horas a la otra ciudad, la íntima y personal, literalmente entras en otra dimensión del espacio tiempo. Entras a compartir la ciudad con sus «vivientes» o sea los seres para quienes la ciudad es su hábitat natural, trabajan, duermen, viven su ocio, sus angustias, sus alegrías sin salir de ella.DSC_4143 DSC_4137Este es el caso del «Jardí de la Torre de les Aigues». Se encuentra ubicado en una de las calles más transitadas y populosas del eixample barceloní, Roger de Lluria.  Ya le llaman muy bien «illes» (islas) a esos espacios centrales de las manzanas del eixample. Esas islas, son exactamente eso, lugares aislados, en este caso no rodeados de mar sino de edificios, calles con intenso tráfico y «viajeros» que no saben que están viajando, porque no hacen las fotos con sus corazones, que son las verdaderas cámaras imprescindibles para decir: «…he visto…», es que no me imagino a Ulises haciéndose una selfie con Medusa.DSC_4142En una discreta y sombría entrada en el número 56, después de atravesar un largo túnel, accedes a un cuidado jardín lleno de árboles de magnolias, una acacia un hermoso jacarandá y una alta pared recubierta de hiedra e hibiscus rojos. En el centro sobre unos laterales surge una sólida torre de ladrillo rojo construida al más puro estilo del modernismo industrial del siglo XIX que tuvo a Catalunya en general y Barcelona en particular su más alto exponente. Esta torre mandada construir por los vecinos que comenzaban a poblar l’eixample por el año 1860, tenía la finalidad de extraer agua de uno de los pozos que hay en esta zona, bombeada por una máquina de vapor el agua a la torre para su posterior suministro comunitario, a los efectos de garantir agua potable para las viviendas que se estaban construyendo en esta zona. Muchos de los edificios que se construyeron en l’eixample, hoy día son iconas de la ciudad de Barcelona como por ejemplo la Casa Batlló o la Pedrera.  DSC_4133Esta magnífica torre se mantiene escondida de las devoradoras cámaras de fotos de los turistas y a sus pies hay un estanque de agua bien fresca, ya que viene del oscuro subsuelo, que con sus azulejos azules hace de pequeña piscina para el deleite de niños y adultos que «forzosamente» los acompañan.

DSC_4135Allí sintiendo las risas de los niños, el chapoteo de sus pies en el agua, oliendo las magnolias, disfrutando de los colores de los hibiscus y el jacarandá, viendo la ropa de los vecinos colgando en los tendederos de las ventanas y tal vez comiendo un bocadillo de jamón con pan con tomate y aceite, tu corazón hace la verdadera foto, la que te llevarás para siempre porque en ese mismo momento sabes que la Ciudad te abraza en uno de sus secretos más bien guardados.DSC_4136

Un día «fuera del tiempo»

Desde que nuestra especie, los conocidos por «homo sapiens», abandonó sus hábitos de recolectores – cazadores, que nos convertía en nómadas y adoptamos el sistema de los asentamientos, pasando a depender de la agricultura y ganadería, se produjo una necesidad imperiosa: atrapar el tiempo, encasillarlo, dividir los ciclos de la naturaleza en puntos de referencia.Así es como surge la observación de los astros más relevantes, como el sol y la luna. Había que saber con antelación cuándo se producirían los solsticios y equinoccios, dividir el ciclo en estaciones para saber qué y cuando plantar o cosechar los alimentos, las épocas de crías de los animales domesticados. Poder predecir los tiempos dentro del ciclo de grandes lluvias o grandes sequías.

Conforme los grupos de sapiens, se iban sofisticando y la incipiente capacidad de generar tecnologías iba avanzando, necesitábamos cada vez más atrapar «el tiempo», es decir predecir con más precisión los acontecimientos naturales.

Basándonos en la necesidad de parcelar el tiempo surgen los calendarios. Pudimos perfectamente usar el calendario natural de la Tierra en donde para ella el tiempo, es un parámetro inexistente, porque el planeta entero sabe que ES en cada momento y vive en un absoluto AHORA, que «pasado» y «futuro», no están en ninguna parte, que todo, absolutamente todo ocurre en el mismo instante. Podría poner algún ejemplo pero declino a tal tentación sino estaríamos poniendo límites y fronteras a algo que no las tiene, es infinito, eterno y VACÍO.

Movidos tal vez, o mejor dicho, seguramente, por la supervivencia, o sea el miedo a la muerte, parcelamos el tiempo en calendarios y así nos hemos atrapado inexorablemente en una telaraña virtual de la que estas complejas sociedades será muy difícil que puedan abandonar. Tal vez en muy pequeños grupos, algo así como los antiguos nómadas se fueron progresivamente asentando.

Esta idea de que los calendarios son un «atrapa tiempo», lo tuvieron muy claro los pueblos mayas antiguos. Igual que todos los calendarios, el maya, divide en días y meses el viaje de la Tierra en su órbita solar. Pero a diferencia del calendario gregoriano, que es con el cual nos movemos mayoritariamente los sapiens actuales, ellos vieron que el giro completo de la Tierra en su órbita, lo que llamamos un año, correspondía a 13 ciclos lunares de 28 días, es decir de la Luna Nueva a Luna Nueva.  Esto evitaba, como ocurre en el calendario gregoriano, meses con 30 días, otros con 31, uno con 28 y cada 4 años agregarle un día más, siendo el año de 12 meses. Ellos aplicaron un calendario con 13 meses de 28 días pero para completar el giro de un año de la Tierra, les sobraba un día. A este lo declararon DÍA FUERA DEL TIEMPO.

Creo que sabían perfectamente los científicos mayas de aquel momento que el calendario era un «atrapa tiempo» y por tanto «atrapa sociedades», al resolver magistralmente el día sobrante. Simplemente lo dejamos fuera de la partición, le decimos indirectamente a todos los sapiens que el tiempo no existe, que es una partición arbitraria para controlarnos unos a otros.

En el «día fuera del tiempo», no existe tampoco el «miedo a la muerte». Es el Gran Día, es el momento de saber que somos eternos, infinitos e inabastables, sólo «transformables». Es el día que lo podemos dedicar a pensar, sentir y vivir la ALEGRÍA, la FELICIDAD y el AMOR en nosotros y compartirlo con todos los SERES y en un abrazo abierto de corazón con nuestra MADRE TIERRA, porque Ella ES Nosotros y Nosotros SOMOS Ella.

Tal vez si entre pequeños grupos somos capaces de ir actuando en COOPERACIÓN, compartiendo la maravillosa tecnología que hemos alcanzado y la que aún vendrá, venceremos el miedo a la muerte, sabremos que somos almas inmortales y que el Paraíso es y somos LA TIERRA.

Feliz Día Fuera del Tiempo y un deseo de PAZ, ALEGRÍA Y FELICIDAD para todos los seres de todos los mundos.

 

Según el calendario gregoriano 25 de julio de 2016.