Pesca de luz.

La tarde tiñó de gris el puerto. La marinada no para de soplar el aliento cálido de la mar. El sol intenta brillar pero sólo derrite nubes plomizas sobre las aguas.

El viejo pescador ¿qué quiere pescar? Seguro que motas de luz disfrazadas de peces.

La gaviota vuela en el espeso gris de la tarde.

La mar se sumerge en el aire, el aire se sumerge en la mar. Lo único que se mueve son las luces que bailan en la mar.

La tarde teñida de gris detiene el tiempo. El espacio se pliega en formas que te llevan a la paz.

Silencio con voces lejanas que ni las gaviotas se animan a romper.

Vestido de gris el sol se irá a dormir.

Si pescas la luz de este cuadro, alegría y paz te traerá. Sólo hay que sumergirse en esta tarde teñida de gris.

La siesta.

¿Cuánto ha pasado desde que el campanario de la iglesia tocó las 12?  ¿Unas horas o una eternidad de sol y luz brillante?

Calientes adoquines, cemento y asfalto. Calles de fuego. Calor altivo y victorioso. Árboles de hojas verdes derritiendo sombras ardientes en calles y plazas. Silencio de mediodía largo.

El aire húmedo, caliente y agobiante enlentece la marcha de los escasos caminantes. Todo es como una pasta enganchosa e invisible adormeciéndolo todo.

No se oyen risas de niños jugando en las calles. Tampoco trinos de pájaros. El calor arrecia, la chicharra canta.

Sólo queda la siesta para desangustiar el cuerpo y el alma.

Refugiados en las casas como si de una terrible tormenta se tratara, las gentes se aquietan y descansan.

Los vasos sanguíneos por el calor se dilatan, la sangre fluye lenta igual que el fuego que el sol derrama. Él sabe que si nos cansa, soñaremos sueños de siesta. Esos que no sabes si deseas o sueñas, si haces o recuerdas.

Sueños de dormir bajo la sombra fresca, donde las haya, de una tupida higuera sobre una cama de paja recién segada.

Sueños de sentir un cuerpo ardiente compartiendo y empapando sábanas. Mezclar humedades y almas. Entrar en el sueño de la siesta llenos de alegría y calma. Paz en las almas.

Respirar el perfume de jazmines y lavandas, destilados en el atanor alquímico, calentado por el sol del mediodía largo.

Soñar con agua fresca tal vez de lejanas montañas. Agua cayendo en las cascadas. Rocas enredadas de helechos y musgos donde el sol jamás derrama sus rayos.

Soñar también con lagos, anchos y caudalosos ríos refrescando praderas, bordeando bosques achaparrados. Marañas de hojas y ramas en donde el calor no pasa. Submundo de sombra fresca. Si quieres llegar al agua hay que utilizar los pasos de los nadadores carpinchos o capibaras, que ellos trazan para llegar a la hierba más allá del bosque indio.

Sueños de siesta, sueños en que no oyes las campanadas. Sueños que cuando despiertas ya pasó la calorada.

 

Las fotos son de un atardecer en el Río Negro (Uruguay), playa del Río Cebollatí (Uruguay) y una de las orillas de la inmensa Laguna Merín (Uruguay).