Archivo del Autor: fernandogalban
Verano
El sol cansado de subir tan alto
Se refresca en transparentes aguas.
Envuelve las tardes de horas calmas.
Mientras un velero navegar en la luz de plata
escucho la brisa traer risas y voces que juegan en la playa.
Así rueda la tarde hasta despertar estrellas
y junto a luna bañarse en esta mar de plata.
Siento la marinada soplar refrescante y humeda
acariciando mi cara y como un sueño de paz,
la gaviota planeando sobre las calmas aguas.
La amistad en el recuerdo
Esta historia que contamos bien podría estar en «Cuentos de la niebla» ya que sale de lugares lejanos, difuminados, casi ocultos por la niebla instalada en el corazón.
Ponemos la foto de la Luna Llena amarilla del solsticio de verano 2016
sólo para decir que no estamos solos, que todo es un eterno baile circular.

Pescador de estrellas.
El pescador en bronce piedra
recuerda inmutable las velas.
Las redes sobre su espalda,
pesadas y secas
le hablan de peces de otras épocas.
Miras inmutable el poniente sol.
Pero ¿dónde están tu barca y tus velas?
¿Qué vientos y mares se la han llevado?
Pescador de bronce piedra,
siempre serás de estas aguas,
navega en tu barca de luz, que los rayos del sol,
siempre empujan tus velas.
Luna Semilla

Luna semilla te llaman hasta llegar al creciente,
creces y creces preñada llena de deseos,
Corazones vibrando al verte resplandecer en el cielo.
Esta eres especial, porque cuando estés llena,
te juntarás con el sol bien alto,
y al verano nos llevarás en este hemisferio.
Dicen que ahora es momento,
de manifestar nuestros deseos.
Lunático que miras la luna, este es tu momento.
Dile tu deseo a la luna así cuando esté llena en el cielo,
tu corazón vibrará de feliz alegría, con un deseo ya hecho.

Sueños
Curioso el mundo del dormir, al cerrar los ojos despiertas en otro mundo.
Esta noche desperté en un prado verde. La luz era la de un cielo sin sol aunque veía el color verde intenso de la hierba. Donde acababa el prado, comenzaba un bosque con árboles que no podía identificar su especie. Me dirigía alegre y sonriente hacia el bosque. Desde lejos, veía la figura de una mujer con un vestido largo de blanco lunar, irradiando luz. Me sonreía y le sonreía. En un instante me encontré delante de ella, porque en el mundo de los sueños, no existe el tiempo ni la distancia, simplemente todo sucede en el mismo instante. Sin decirme nada supe que era un espíritu del bosque. Pensé por un momento que se confundía porque yo vengo de las interminables praderas, esas en que el horizonte es una inalcanzable utopía. Praderas donde puedes navegar….o caminar por mares de trigo y de maíz, en las que las nubes son vellones de lana blanquísima, suspendidas estáticas en el cielo al igual que en un cuadro pintado por un ser especial.
El bosque se veía oscuro y muy poblado de árboles de troncos gruesos. Pese a su aspecto más que misterioso, no inspiraba ningún temor. La mujer de blanco, me invitó a entrar con ella al bosque, no hablaba con la boca sino que la comunicación era con el corazón, por lo tanto todo lo que hablábamos era transparente y cristalino como agua de manantial. Cuando hablas con el corazón eres un recipiente de cristal.
Dentro del del bosque, escuchaba mis pasos en la hojarasca crujiente, sólo los míos, los de ella eran inaudibles porque se deslizaba como lo hace la brisa fresca, acariciando el suelo y meciendo las hojas. Eso sí, a su paso dejaba una fragancia de bosque húmedo, a setas y pinos frescos.
Mientras me deleitaba con el camino, aparecí de pronto en un claro del bosque, un círculo pequeño no más de tres metros de diámetro, pero en donde incidía una luz especial, proveniente de todos lados, es decir no iluminada por focos o sol, sino como surgiendo de adentro de cada objeto. Ya sabemos, en el mundo de los sueños la física neuwtoniana es incomprensible e inaplicable.
En ese claro del bosque, había un manantial pequeño por donde surgía el agua entre rocas vestidas con musgo de verde intenso. El agua, las rocas, el musgo, todo resaltaba con luz propia, iluminados desde adentro. Coronando el manantial, había una planta con dos pequeñas hojas brotando ufanas y alegres.
Sin preguntar nada, la dama de blanco me dice que la planta es el regalo que le hicieron en un sueño. Un regalo lleno de amor, el cual ella plantó en el medio de su bosque para que creciera y luego respirar el perfume de las flores y así alimentar su alma y corazón. Es que parece ser que en ese mundo «paralelo» o de los sueños, todo funciona con la energía del amor.
Le quise acariciar la cara para agradecerle tanta dicha que me regalaba pero se desvaneció en luz sobre la planta. Le dije que escribiría la historia del sueño, de la mujer blanca, del bosque, la fuente y la planta.
De pronto un estridente pitido me devolvió a una cama, rayos de sol débiles entrando por los huecos de la persiana iluminaban mi cara. Me di cuenta que estaba «despierto» en este mundo pero con la sensación que me acostaba en un lecho de hojas y ramas, unas suaves manos blancas acariciaban mi cara y un susurro que me decía -hasta mañana-.

El tren, el tiempo, la mar y la montaña.
En el tiempo del no tiempo
va el tren lleno de almas,
Atraviesa rápido la maciza montaña.
Mientras las almas miran,
por las deslizantes rocas trepan
romeros pinos y retamas.
En el abitáculo del tren,
universo de viajeras almas
suena la música de un vals
que el violinista nos regala
para calmar su vida,
no la de su alma, sino
la del cuerpo que por comida clama.
Las notas del vals ocupan y encajan
con ritmo suave la marcha del tren,
atravesando túneles, heridas de la montaña.
La mar verde azulada sigue el ritmo
que le llega de las ventanas.
Hasta las rocas de la antigua montaña,
parecen escuchar la música
que del tren emana.
Aunque la verdad, es que creo,
son el baile de las almas
que en el universo del tren
bailan con la mar y las montañas.
En este universo que viaja
por duras vías de hierro,
sale del espacio y del tiempo,
sólo para vivir la alegría de la paz.
Dejándonos un corazón en calma.
Impresiones de un viaje en tren el tercer día del cuarto menguante de Géminis.

Luna menguante
Luna que menguas en el azul del cielo.
Siento tu amor y tu luz que me iluminan.
Te veo lejos, te siento cerca,
como el inmenso océano que no te toca,
pero sabe que eres tú quien provoca sus mareas.
Tu luz y tu amor no dejan de producirme mareas.
Cómo me gusta sentirte y ver que eres la reina de mis cielos.
Hermosa luna que menguas.
Porque sí.
Después que te alejas de los bosques,
sientes un inmenso vacío.
Sólo queda en tu corazón el silencio.
Silencio que dice que has estado
en otra dimensión del espacio tiempo.
Dimensión que susurras a los árboles,
los árboles te susurran perfumes,
trinos y amores de otros espacios.
Por eso escribo a los bosques,
porque cuando les cuento cosas
se que he traspasado la puerta
que me lleva a ese otro lugar,
tan real como este que me encuentro
pero donde puedo susurrar al viento
poemas y frases que salen del corazón.
Cuanto extraño los bosques
llenos de musas que inspiran mi alma.
Pintar el cielo
El cielo es como un lienzo
o tal vez como un cuerpo y un alma.
mojo la paleta de blanco
y lo pinto de nubes blancas,
nubes que siempre siento
enviadas por algún hada,
es que cuando la miro y pinto,
se me llena el corazón y el alma
de un tibio amor envolvente
flor de una sonrisa encantada.
Impresiones del amanecer, segundo día de la luna llena de géminis.











