La amistad en el recuerdo

Esta historia que contamos bien podría estar en «Cuentos de la niebla» ya que sale de lugares lejanos, difuminados, casi ocultos por la niebla instalada en el corazón.

SoledadAtrasada

Ponemos la foto de la Luna Llena amarilla del solsticio de verano 2016

sólo para decir que no estamos solos, que todo es un eterno baile circular.

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Pescador de estrellas.

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El pescador en bronce piedra
recuerda inmutable las velas.
Las redes sobre su espalda,
pesadas y secas
le hablan de peces de otras épocas.
Miras inmutable el poniente sol.
Pero ¿dónde están tu barca y tus velas?
¿Qué vientos y mares se la han llevado?
Pescador de bronce piedra,
siempre serás de estas aguas,
navega en tu barca de luz, que los rayos del sol,
siempre empujan tus velas.

Luna Semilla

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Luna semilla te llaman hasta llegar al creciente,

creces y creces preñada llena de deseos,

Corazones vibrando al verte resplandecer en el cielo.

Esta eres especial, porque cuando estés llena,

te juntarás con el sol bien alto,

y al verano nos llevarás en este hemisferio.

Dicen que ahora es momento,

de manifestar nuestros deseos.

Lunático que miras la luna, este es tu momento.

Dile tu deseo a la luna así cuando esté llena en el cielo,

tu corazón vibrará de feliz alegría, con un deseo ya hecho.LunaSemillaJ.16.JPG

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Sueños

IMG_0762Curioso el mundo del dormir, al cerrar los ojos despiertas en otro mundo.

Esta noche desperté en un prado verde. La luz era la de un cielo sin sol aunque veía el color verde intenso de la hierba.  Donde acababa el prado, comenzaba un bosque con árboles que no podía identificar su especie.  Me dirigía alegre y sonriente hacia el bosque.  Desde lejos, veía la figura de una mujer con un vestido largo de blanco lunar, irradiando luz. Me sonreía y le sonreía. En un instante me encontré delante de ella, porque en el mundo de los sueños, no existe el tiempo ni la distancia, simplemente todo sucede en el mismo instante. Sin decirme nada supe que era un espíritu del bosque. Pensé por un momento que se confundía porque yo vengo de las interminables praderas, esas en que el horizonte es una inalcanzable utopía. Praderas donde puedes navegar….o caminar por mares de trigo y de maíz, en las que las nubes son vellones de lana blanquísima, suspendidas estáticas en el cielo al igual que en un cuadro pintado por un ser especial.

El bosque se veía oscuro y muy poblado de árboles de troncos gruesos. Pese a su aspecto más que misterioso, no inspiraba ningún temor. La mujer de blanco, me invitó a entrar con ella al bosque, no hablaba con la boca sino que la comunicación era con el corazón, por lo tanto todo lo que hablábamos era transparente y cristalino como agua de manantial. Cuando hablas con el corazón eres un recipiente de cristal.

Dentro del del bosque, escuchaba mis pasos en la hojarasca crujiente, sólo los míos, los de ella eran inaudibles porque se deslizaba como lo hace la brisa fresca, acariciando el suelo y meciendo las hojas. Eso sí, a su paso dejaba una fragancia de bosque húmedo, a setas y pinos frescos.

Mientras me deleitaba con el camino, aparecí de pronto en un claro del bosque, un círculo pequeño no más de tres metros de diámetro, pero en donde incidía una luz especial, proveniente de todos lados, es decir no iluminada por focos o sol, sino como surgiendo de adentro de cada objeto. Ya sabemos, en el mundo de los sueños la física neuwtoniana es incomprensible e inaplicable.

En ese claro del bosque, había un manantial pequeño por donde surgía el agua  entre rocas vestidas con musgo de verde intenso. El agua, las rocas, el musgo, todo resaltaba con luz propia, iluminados desde adentro.  Coronando el manantial, había una planta con dos pequeñas hojas brotando ufanas y alegres.

Sin preguntar nada, la dama de blanco me dice que la planta es el regalo que le hicieron en un sueño. Un regalo lleno de amor, el cual ella plantó en el medio de su bosque para que creciera y luego respirar el perfume de las flores y así alimentar su alma y corazón. Es que parece ser que en ese mundo «paralelo» o de los sueños, todo funciona con la energía del amor.

Le quise acariciar la cara para agradecerle tanta dicha que me regalaba pero se desvaneció en luz sobre la planta. Le dije que escribiría la historia del sueño, de la mujer blanca, del bosque, la fuente y la planta.

De pronto un estridente pitido me devolvió a una cama,  rayos de sol débiles entrando por los huecos de la persiana iluminaban mi cara. Me di cuenta que estaba «despierto» en este mundo pero con la sensación que me acostaba en un lecho de hojas y ramas, unas suaves manos blancas acariciaban mi cara y un susurro que me decía -hasta mañana-.

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El tren, el tiempo, la mar y la montaña.

DSC_3915En el tiempo del no tiempo

va el tren lleno de almas,

Atraviesa rápido la maciza montaña.

Mientras las almas miran,

la azul mar Mediterrània,
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por las deslizantes rocas trepan

romeros pinos y retamas.

En el abitáculo del tren,

universo de viajeras almas

suena la música de un vals

que el violinista nos regala

a cambio de unas monedas,
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para calmar su vida,

no la de su alma, sino

la del cuerpo que por comida clama.

Las notas del vals ocupan y encajan

con ritmo suave la marcha del tren,

atravesando túneles, heridas de la montaña.

La mar verde azulada sigue el ritmo

que le llega de las ventanas.

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Hasta las rocas de la antigua montaña,

parecen escuchar la música

que del tren emana.

Aunque la verdad, es que creo,

son el baile de las almas

que en el universo del tren

bailan con la mar y las montañas.

En este universo que viaja

por duras vías de hierro,

sale del espacio y del tiempo,

sólo para vivir la alegría de la paz.

Dejándonos un corazón en calma.

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Impresiones de un viaje en tren el tercer día del cuarto menguante de Géminis.DSC_3918 DSC_3917

Luna menguante

Luna que menguas en el azul del cielo.
Siento tu amor y tu luz que me iluminan.
Te veo lejos, te siento cerca,
como el inmenso océano que no te toca,
pero sabe que eres tú quien provoca sus mareas.
Tu luz y tu amor no dejan de producirme mareas.
Cómo me gusta sentirte y ver que eres la reina de mis cielos.
Hermosa luna que menguas.

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Porque sí.

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Después que te alejas de los bosques,
sientes un inmenso vacío.
Sólo queda en tu corazón el silencio.
Silencio que dice que has estado
en otra dimensión del espacio tiempo.
Dimensión que susurras a los árboles,
los árboles te susurran perfumes,
trinos y amores de otros espacios.
Por eso escribo a los bosques,
porque cuando les cuento cosas
se que he traspasado la puerta
que me lleva a ese otro lugar,
tan real como este que me encuentro
pero donde puedo susurrar al viento
poemas y frases que salen del corazón.
Cuanto extraño los bosques
llenos de musas que inspiran mi alma.

Pintar el cielo

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El cielo es como un lienzo

o tal vez como un cuerpo y un alma.

mojo la paleta de blanco

y lo pinto de nubes blancas,

nubes que siempre siento

enviadas por algún hada,

es que cuando la miro y pinto,

se me llena el corazón y el alma

de un tibio amor envolvente

flor de una sonrisa encantada.

 

Impresiones del amanecer, segundo día de la luna llena de géminis.

Los misterios de las montañas

El aire limpio y seco de la alta montaña,

llena mi cuerpo y alma de paz y calma.

Siento el espíritu elevarse,

a las cumbres más altas,

blancas y heladas por la nieve.

Espíritu que también, baja a la tierra,

se enraíza y penetra en ella.

Flor

De la pequeña pero fuerte raíz

surge la trémula hoja,

junto a esta la flor lila

de cuatro pétalos radiantes,

se deja acariciar

por frescas gotas de agua.

Baja y sube el espíritu,

mi cuerpo y alma vibran.

Sentir la inmensidad de la montaña,

su aire puro, cristalizado, trasparente

de miles de aguas bajando de la nevada.

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Llevan granitos y pizarras.

Imposible no sentir a las hadas,

dones d’aigua, ninfas u ondinas.

Energías de las aguas.

Sientes su amor envolvente,

nadie como ellas para llenarte de calma.

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Te dejan un mensaje claro: te aman.

Si te acercas con el alma,

sabes que te amarán por siempre.

Sólo tienes que verlas en las flores,

en los bosques, en los saltos de agua.

Las puedes ver peinarse en las cascadas,

escuchas sus cantos mientras el viento,

mece y se filtra por las ramas.

A cambio de su amor eterno,

ellas sólo quieren tus palabras.

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Palabras de amor que del corazón emanan.

Esa alegría de tu espíritu en calma,

alimenta a las hermosas hadas,

con una sonrisa enviada, con un pensamiento alegre,

o de pequeños paquetes de palabras,

que ellas saben abrir despacio,

con sus manos de oro y plata.

Palabras que vuelan como semillas,

suavemente enganchadas en borlas blancas

que la brisa hace volar o un suspiro enamorado,

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vuelan y se enraízan en prados o en almas.

Así florecen amores de otros tiempos y dimensiones.

Palabras y semillas que forman amores y flores,

sólo hay que regarlas  con la lluvia fina,

de la alegría, la paz y la calma.

Si las dejas florecer, en tu alma,

siempre sentirás el profundo amor de las hadas.

Por eso, por eso, me gustan estas montañas,

porque con ellas y la magia de sus hadas,

puedo crear mundos de amor sublimes,

que sólo los corazones los sienten enteros

como a las montañas.

 

 

Garúa

Hay mañanas en que el tiempo, me refiero al meteorológico, nos regala fenómenos atmosféricos verdaderamente maravillosos.

Hoy al salir de casa estaba el cielo completamente encapotado, preparándose para la lluvia. Cielo gris plomizo, aire con olor a agua, pesado y húmedo. Como si se estuviera preparando una tormenta.  Pero nada más lejos de eso, ya que los pájaros desbordaban los corazones con sus cantos primaverales.

De pronto en el medio de mi recorrido matinal, me encontré con una vieja amiga, que me había acompañado tantas veces por las calles campos o playas de mi amada Tierra de los Pájaros Pintados: la garúa.  El placer y la alegría estallaron en mi pecho al reencontrarme con ella. Creo que pasé por un «tocat de l’ala» como dice el refranero popular de estas tierras, ya que no podía disimular por nada del mundo la sonrisa de oreja a oreja que se me había puesto en la cara.  Y lo entiendo perfectamente, ya que un lunes, a las 7 de la mañana, mojándote por la calle, cuando todo el mundo va acelerado para llegar a quién sabe donde, para hacer quién sabe qué, como si se fuera a acabar el mundo en breves instantes, lo más lógico es no ver a alguien con una sonrisa radiante. Bueno el ir dejando el aliento, «estresado» como le encanta a una gran mayoría definirse, «voy de bólido», sin saber que los bólidos van tranquilos y felices recorriendo el espacio, y tantas afirmaciones más referentes a que «tenemos un montón de cosas por hacer» debido a las exigencias del mundo. Seguro que tenemos un montón de cosas para hacer, pero al ir corriendo, «estresados», «agobiados», «cansados»…., nos olvidamos de la primer cosa que tenemos que hacer: vivir.

Tal vez como estaba haciendo una de las cosas importantes del día, el paseo matinal con mi perro, fue que pude disfrutar y «vivir» la garúa que nos envolvió.

La garúa no es más ni menos que entrar dentro de una nube pero con los pies en el suelo. Es sentir las gotas atomizadas de agua que te empapan. Son gotitas tan finas y pequeñas que están suspendidas en el aire. A diferencia de la lluvia, que «cae» como hilos líquidos que te moja, la garúa te envuelve, tierna y suave, abrazándote todo el cuerpo, no se escapa nada a su abrazo.

Cuando estás dentro de la garúa, la luz es especial, si esta es de día, porque los primeros rayos del sol con paciencia de relojero, reflejan su luz en cada una de las ínfimas gotitas de agua. Si es de noche, ver la garúa a través de las luces de las farolas de la calle, también es una delicia.

Lo que sí tiene la garúa cuando entras en ella, ya sea de día o de noche, que te deja hacer una elección de sentimientos. Tal vez el primero que nos llega es el de melancolía, porque sólo puedes sentir el agua que te moja, no la puedes oír, sencillamente porque no repiquetea en el paraguas, simplemente está llenando el aire, suspendida, meciéndose. Un agua que te moja de esta manera tan suave, es inevitable que te traiga recuerdos, de niñez,  juventud, amores…., cosas que pasaron.

Pero también puedes elegir en sentir la paz del momento, tus pasos sobre la calle mojada, la frescura del agua en tu cara y en tus manos, ver las periódicas sacudidas de tu perro quitándose el agua, escuchar los pájaros en sus cantos, sentir la alegría de los árboles por sus brotes mojados y lavados por un agua tan suave. Sentir simplemente que te estás mojando al caminar por el interior de una garúa, sentir que la vida está ahí, en tus pasos, tu perro, el agua, las minúsculas gotitas, los trinos, las voces, la calle mojada, saber que está haciendo lo más sublime que puedes hacer en ese momento, caminar, respirar, oír, oler y dejarte mojar por la garúa.

 

 

Me pareció oportuno, poner el tango «El último café», cantado por el compatriota Julio Sosa, que nombra la garúa. Bueno el tango este «eligió» a la garúa para vivirla desde una «melancolía triste». También son sentimientos que evoca la garúa. Ustedes elijan el que más le guste a su alma.

Un abrazo, Fernando

Vilanova i la Geltrú, 3er. día de la luna nueva de Tauro.