La mar fría y calma
se desvanece en vapores
borra el horizonte
abraza árboles desnudos
esconde la ciudad.
La niebla poblada de sueños
se llena con la luz del sol
de la paz silenciosa
envolvente y amorosa
con la que la mar nos regaló.

El charco calmo y tendido en medio del camino que lleva al monte,
le regala a la Tierra cielos, nubes y ramas.
Espejos de agua donde se peinan la nubes con hojas de olivo.
Me gustan los charcos porque en ellos puedo acariciar la nubes.
Si te metes dentro, rompes la imagen
pero al salir se recompone terca y porfiada
con pegamento de luz, el mismo que une todas las cosas.
Es lo que nos hace pensar en las hadas,
escuchar susurros que llegan cuando el viento acaricia las ramas.

En línea cual flecha celestial
están Urano, la Luna, Marte y Venus.
La flecha apunta al ocaso solar,
dejando atrás el azul instante del cielo.
La ciudad y sus luces de neón,
miran con asombro la flecha celeste
deshaciéndose en polvo de estrellas.
Miles de hilos de plata
siembran la ciudad de sueños.
Sueños de alegría y de calma,
sueños que sólo la Paz
tejerá con sus hilos de plata.
Sueños que son polvo de estrellas.

Regalos de primavera son ver el sol intentando abrirse paso entre la niebla, escuchar a mirlos y jilgueros inundar el aire fresco y húmedo con sus cantos, ver los romeros llenos de flores azules llamando a las abejas. Sentir que la vida tiene prisa por manifestarse. Decir al mundo que la larga noche termina, que la sabia vuelve a subir del sueño de la tierra. Luego vendrá el viento, soplará la niebla y el sol abrazará a todos los seres de todos los mundos para que estos en su libre albedrío sean felices.
La lluvia moja de alegría campos y calles, pintando de gris alegre los paisajes.
Ocurra lo que ocurra, estemos donde estemos y cómo estemos, dejemos que nos envuelva la luz que renace en la primavera. Entonces el miedo se vuelve paz y la tristeza alegría.

Sentarse a ver pasar la nubes, dejar ir la vista más allá del horizonte, escuchar el susurro del viento al pasar las agujas de los pinos, sentir la lluvia mojando tu cara, ver danzar la llamas en el fuego…., son eternos instantes que nos colocan fuera del espacio tiempo, nos llevan a otro mundo, tal vez a otra dimensión. Ese sentirte UNO con lo que estás viendo y sintiendo, nos dice que existen varios mundos por los que podemos transitar.
Es entender los «relojes blandos» que tan magistralmente pintó Salvador Dalí. Un reloj reblandecido colgando de un árbol o deslizándose por una roca en un mundo de formas imposibles. Exactamente eso, entrar en el mundo de los sueños, que tal vez es el «real».
Cuando vemos desde un lugar quietos las nubes pasar, cielo y mar fundirse en el horizonte, escuchar al viento….estamos «pintando», «grabando» un cuadro bidimensional, plano, que al proyectarlo se transforma en un holograma tridimensional. Holograma que es nuestro universo, el de cada uno, de acuerdo al «cuadro» que hemos pintado.

Para «pintar» cuadros bidimensionales en los cuales queramos vivir el viaje de la vela rumbo al sol, sólo tenemos que «invocar» a la alegría. Sentir un corazón en un abrazo, jugar como niños, con un perro, un gato, saborear un beso, sentir la caricia dada y recibida, respirar sabiendo si el aire es frío o cálido, esos son los pinceles, las pinturas, la paleta y el lienzo para hacer nuestro cuadro que será el holograma de nuestro universo.
Arde el sol en el fuego del hogar.
Las llamas nos hablan de veranos.
Nos hablan de hojas verdes
cautivadoras de soles largos.
Así quedó el sol atrapado
en su cárcel de madera.
El árbol y sus brazos lo tienen prisionero.
Pero el frío despertó el hacha,
que sin vacilar segó la rama,
en el hogar ardió el fuego,
liberador de soles prisioneros.
Así el sol bailó con las llamas
convirtiendo en luz y calor
su apasionado cautiverio.


La fragata vuela rumbo al sol
el viento y la mar acarician sus alas.
El sol se sumerge en la nube,
dorado e intenso,
mientras la fragata sigue su vuelo.
En forma de disco rojo incandescente,
deja la nube para bañarse en la mar.
La tarde rueda tranquila,
tranquila está la mar,
solo la mueve el aire de las alas
de aves y almas vibrando
sobre el cielo y la mar.

La luz surge del horizonte surcando la mar,
hasta abrazar y besar las rocas junto a la mar.

Detrás del olivo la luna quiere brillar.

Ahora que menguas te vas a acostar
en un lecho de estrellas quieres estar.
Tranquila que Venus tu cielo iluminará.
¿Cuánto amor debe guardar?,
seguro que mucho será,
porque brilla llena de alegría y felicidad.

Ni la noche fría la puede quebrar,
porque su luz es de Amor que nunca acabará.
Cielo de invierno, cielo de Navidad,
con la lunita menguante, que pronto a dormir se va,
quedas lleno de estrellas tiritando con frío invernal.
Pero cuando con el corazón te miran,
los corazones haces estallar,
de tanta alegría y felicidad al poderte mirar.

Así se veía Venus al atardecer del 23 de diciembre. Si la ves respira sus rayos de amor.