Sueño de una noche de verano

El día había estado encendido de calor. Así que la noche sería de insomnio largo, pegajosa sin dejar que la luz fría de la luna llena refrescara las sombras.

Me levanté cansado, sudoroso más que somnoliento. No estaba malhumorado de no haber podido dormir por el calor húmedo que hizo naufragar mis sueños. Más bien pensaba que había podido disfrutar durante la noche de la luz de la luna recorriendo la habitación, entrando por el ventanal abierto de par en par. Brisa no entraba ninguna, el patio con sus árboles estaba con las hojas como engominadas, con la forma que les había dejado el día. Eso si entraba una luz cremosa de luna llena. Le daba a la habitación un aire de profundo misterio, desde la sombra que proyectaba el armario hasta la silla con la ropa desarreglada por la prisa de quitármela para intentar refrescar el cuerpo, se producían formas y figuras que la imaginación se encargaba de hacer para combatir el insomnio bochornoso. También sentía una contenida alegría de haber podido disfrutar de los perfumes de las flores del patio. El jazmín inmaculado y la exuberante y verde dama de la noche, en lugar de competir decidieron mezclar sus perfumes para hacer del insomnio una noche de dulzura infinita. La atmósfera estática y húmeda actuó como una prensa invisible y suave que estrujó las flores sin dañarlas, para que estas llenaran el aire denso de un perfume dulce, fresco, envolvente, delicioso, casi palatable más que respirable.

La noche tropical absorbió mis sueños que se mezclaron con el aire húmedo y cálido.

Entre sombras quietas de rayos de luna llena fue pasando la noche de sueños de ojos abiertos y perfumes dulces en el aire quieto.

El canto del mirlo me dijo que en cualquier momento el sol acostaba las estrellas. Empezaría el día tal vez cansado y lento pero con el corazón lleno de perfumes, sombras misteriosas y sueños de ojos abiertos.

El tiempo en la montaña.

La misteriosa “dona d’aigua” me enseñó un dibujo que había hecho con líneas y sonido. Al ver y escuchar el dibujo de plantas exuberantes,
sentí en lo más hondo de mi ser que estamos construidos de
sueños, materia sutil que surge del gran almacén: el vacío del
espacio.

Entonces supe que todas las cosas coexisten en el mismo instante y sólo se manifiestan como “reales” las que ponemos nuestra atención, deseo, interés, observación.  Así que pensé en la lluvia y esta comenzó a caer suave y fresca, tal vez siendo cada gota un universo.

Montaña fresca

Horas blandas

Chillido de golondrinas

Susurros callados por el aire

Haces de fotones

Cincel de realidades

Corazones escultores

Pensamientos volando

Atmósfera soñada

Camino de montaña

Palabras disueltas

En la fresca mañana

Montaña blanda

Cuenco del lago brumoso

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La alegría

Me dijeron que la alegría es un ángel

de esos de verdad

con alas de plumas, vestidos de túnica

me dicen algunos que no lo pueden ver

¿qué venda tienen tus ojos?, respondo

lo verás jugando con los niños

sintiendo una caricia tierna, enamorada

viendo el sol reflejado en una cabellera al viento

en el canto de los pájaros

en un trigal mecido por el viento

en las noches de luna llena empapada de perfumes

en la sonrisa franca del amigo

en el eterno retorno de las estaciones

en el dibujo que te habla

en el susurro al oído

en la luz del relámpago y el rugido del trueno

en las horas mirando el fuego.

Al ángel de la alegría sólo tienes que invocarlo

para poder verlo.

Carta a un amigo

Querido amigo:

Ya sabés mi afición a la comunicación a través de “la carta”. Tal vez me venga de haber repartido tantas veces la querida “cartita”, aquella que nos mantenía informados durante los terribles y oscuros años de la dictadura militar en mi querida Banda Oriental. Fueron años crueles así como el infinito exilio posterior.

Tal vez me venga, lo de escribir cartas, del relato de Eduardo Galeano cuando narraba lo que le explicó su maestro un día, Juan Carlos Onetti, al referirse si escribir a máquina o manuscrito. Entonces le decía Onetti que no había nada más lindo que escribir con birome porque ibas sintiendo el trazo, las vueltas de las letras que irían formado las palabras y estas irían cargando los sentimientos que cada palabra representaba. En una atrevida opinión personal creo que la descripción es casi erótica. Bueno a mi a veces me pasa, cuando escribes palabras en manuscrito, al ir trazando las formas redondeadas de las letras es como si acariciaras con todos los sentimientos unas caderas, pechos, labios, piernas la piel y el pelo entero de una mujer enamorada, entras sin dudas en el mundo del amor. Entiendo que algo así se debe de sentir cuando dibujas o pintas una acuarela, un cuadro, en donde la mano va dando formas y colores a la visión que sale del corazón del artista.

No quiero ni imaginarme lo que nos diría ahora Onetti en donde todos, o casi todos, vamos escribiendo con un procesador de textos de un ordenador. También te tengo que confesar que llevo siempre a mano una pequeña libreta y un bolígrafo por si en algún momento, mientras voy en un tren, autobús o simplemente sentado mirando la mar, conecto con alguna de las musas del aire, esos seres maravillosos que revolotean por el corazón, y me viene una frase, un recuerdo, un perfume, un tacto, una estrofa de un poema o simplemente un pensamiento. Entonces sale la libreta y dibujo las palabras que luego intentaré pintar en un cuadro, eso sí con el procesador de textos correspondiente.

Antes usábamos la carta manuscrita, aquella que estabas horas escribiendo, la que explicabas todo lo que había pasado en los días o meses de ausencia. Era lindo porque ibas recordando lentamente los acontecimientos que considerabas más importante y que le pudieran interesar al destinatario de la carta. Todo un ritual sin dudas. Cada palabra salía del corazón directamente a la mano, de esta a la hoja, luego de doblarla al sobre y este al correo. Siempre tuve la sensación que era como mandar un cuadro reducido por correo.

Las cartas, qué cosa linda. Es un momento en el que estás exclusivamente por ese amigo, o ese amor lejano. Por eso, como considero que tanto en la amistad como en el amor, lo que llamamos tiempo, pierde las coordenadas, desaparece, se disuelve en lo que es, una simple ilusión, una norma aceptada por todos y que nos la creemos tanto que es casi indiscutible como verdad absoluta. Ay, cuantas verdades absolutas fueron cayendo una a una. Tal vez creemos en las cosas porque vivimos engañados por las pseudoevidencias. Siempre recuerdo aquella clase magistral que nos dio el Profesor Clemente Estable en el Instituto Biológico de Montevideo. Nos hizo salir al hermoso patio del Instituto y nos pregunta: “-qué evidencia estamos viendo ahora, muchachos?-” ante el silencio y la sorpresa de todos nos dice “-que nosotros estamos completamente quietos y el sol se va moviendo en el cielo-“, “-todos sabemos que eso no es así ¿cierto?-” “-aquí tenemos un claro y sencillo ejemplo de una pseudoevidencia-“.

Este hecho me hizo pensar mucho, ¿cuántas cosas habrá en el mundo que creemos y damos por ciertas que en realidad son el producto de una apreciación errónea?

Por eso te digo que en la carta, quedan grabadas para siempre la amistad y el amor, escapando de las invisibles cadenas del espacio y del tiempo.

Recuerdo con mucho cariño cuando retomamos con mi gran amiga Gisela el flujo de cartas. La sorpresa y estupefacción de su familia, me contaba ella, cuando un día aparece un cartero a entregar una carta, fue mayúscula. No lo podían creer, siendo ella analista de sistemas, lo que significa que su dominio en las “nuevas tecnologías” era absoluto, estuviera recibiendo una carta manuscrita, con un sobre, con sellos de correo y con su debido “matasellos”.

En su última carta que recibí, antes de marchar a ese otro mundo en donde no hay ilusión ni engaño y en donde todas las cartas están escritas, escribió cosas como estas: “En agosto estuve unos días en Rocha, en casa de Ileana, pero rodeada del afecto de mis demás hermanos y sobrinos lo que fue muy bueno. También despertar oyendo el canto de los gallos y los pájaros, el sol y las estrellas tan distintos como vivencias a los de Montevideo (con la hermosa excepción de la rambla, ¿no?). Planeo volver en estos días a encontrarme allí con la primavera. con su consagración, pensando en Tchaicosvski y Botticelli……”

Esta carta permanece guardada hasta que supongo algún día alguien la encuentre, amarillenta y bien doblada pero completamente libre e inaccesible al veto digital al que nos sometemos diariamente escribiendo con el procesador de textos del ordenador. Al leerla, quien la encuentre, y ver que no conoce a nadie de los citados, ni destinatario ni remitente, tal vez le llegue sorprendentemente el canto de gallos y pájaros a la luz del sol o las estrellas y se encuentre con una hermosa primavera.

Querido amigo, increíble las vueltas que se dan al escribir una carta. Todo esto fue saliendo debido a un mensaje que me mandaste, utilizando las nuevas tecnologías, en que me hablabas del familiar repiquetear de la lluvia en el cobertizo de techo de zinc en un barrio montevideano vestido de otoño. Te prometo que la próxima hablaremos de aquellos gurises que jugaban en los charcos sin importar lo fría que estaba la lluvia. Hoy me he perdido por los caminos de las palabras escritas en una carta.

Un abrazo grande como charrúa atajando ñandúes.

Fernando

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En Vilanova i la Geltrú, así se ve la Luna en su Cuarto Creciente del mes de mayo de 2019, flotando blanca en la mar azul del cielo.

Oasis de la marisma

Las tardes junto a la mar y las marismas sin duda tienen algo especial. Tal vez sea la percepción de que el sol se va poniendo muy lento. Puedes sentir la Tierra girar. O tal vez por el lento caminar de los transeúntes del parque. También el nadar lento de los patos en el agua de la marisma y los pequeñitos escondiéndose entre las hierbas con su protectora madre.

Creo que lo especial de estas tardes es que se puede sintonizar los corazones con el micro universo que ves. Es parar el cronómetro. Es convertirte en el mismísimo tiempo. Es ser las aguas, el viento, el sol. Es ser todas las cosas.

Es el momento en donde en el abrazo se mezclan los latidos de corazones, haciendo interminable, largo, inmenso, infinito el beso apasionado. Bocas que sonríen, miradas que penetran, labios que se besan.

Los bancos del parque te invitan al silencio. Si te sientas te transportan a otro tiempo o… mejor dicho te sacan del tiempo.

Así las tardes junto a la mar y las marismas en el parque tienen la puerta misteriosa que cuando la traspasas todo queda blando, tibio, lento. Todo a ritmo de corazón latiendo feliz y contento.

Me dejo abrazar por la tarde, acariciar por el viento, llenar mis ojos de mar, de nubes, de patos nadando lento mientras agradezco al banco que me halla transportado fuera del tiempo.

 

Vilanova i la Geltrú en luna cuarto menguante del primer día de mayo de 2019.

Conexiones: recordando a Juana de Ibarbourou

Siempre me pregunto a dónde van los momentos en que somos conscientes del transcurso de la vida. Sólo los conscientes, porque los inconscientes, aquellos que hacemos de forma automática, rutinaria, que simplemente han sido el transitar un espacio y un tiempo sin darnos cuenta, creo que estos van a un campo de reciclaje, a un espacio vacío esperando que alguien lo utilice conscientemente.

Uno de esos instantes conscientes, me ocurrió cuando tenía unos 6 años allá en mi Montevideo natal, en la Tierra de los Pájaros Pintados. Mi querida hermana, Sonia, diez años mayor que yo, cada día me leía cuentos hermosos de grandes escritores nuestros como Morosoli, Espínola, Vigil, Quiroga con sus maravillosos “Cuentos de la Selva” o Juana de Ibarbourou, nuestra Juana de América, galardón otorgado en 1929. También viajábamos con los universales cuentos de Hans Christian Andersen, desde “El patito feo” hasta “El traje nuevo del emperador”. Soñábamos con poder ver la escultura de la Sirenita de Copenhague y acompañarla en su soledad y melancolía, allá sola junto al helado Mar Baltico, hoy, curiosamente la tengo mucho más cerca que cuando vivía junto al Paraná Guazú, mi enorme Río de la Plata.

Pero de todos, tal vez con los que más viajaba eran con los de Juana, con su “Chico Carlo”, cuando entraba en el mundo de la “Mancha de humedad”, o podía “oír” ladrar a “Tilo”, hasta me daban ganas de irme a los ríos del Departamento de Cerro Largo para ver si encontraba el anillo mágico que la duende Arazatina perdió en un baile.

Fue entonces, un día que estábamos por el comercial barrio de la Unión en Montevideo, cruzando la Avenida 8 de Octubre, que sin saber que allí vivía la poetisa, sentí en la espalda una sensación de que alguien me estaba mirando, me llegaba una mirada llena de ternura, sentía el tibio calor que sólo puedes entender como amor incondicional, el que viene de la resonancia del corazón. Sintiendo aquella cálida conexión, no pude más que girarme y mirar la procedencia de aquella fuente de amor. Vi detrás de una enorme ventana con el visillo descorrido a una señora casi anciana con cara sonriente. Supe que aquella sonrisa era para mi. Desde aquel momento la guardo en mi cofre sagrado del corazón. Con aquella sonrisa creo que me “entraron” algunos de los “Duendes de Cerro Largo” que Juana de Ibarbourou me prestó con tanto cariño.

A modo de un humilde homenaje a la gran poetisa, a Juana de América, transcribo el cuento de “Duendes de Cerro Largo”. Sin dudas viajarán a un mundo desaparecido, ubicado en la frontera de Uruguay y Brasil, pero vivido desde el corazón de una niña con toda la inocencia de la magia.

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Año estelar MMXIX

Cuaderno de bitácora:

Día I del año estelar MMXIX, desde una de las ventanas de la Nave Estelar 3P H2O, conocida por una especie de  sus tripulantes como planeta Tierra, Pachamama, Gaia y mil nombres más, hemos contemplado ocultarse en este cuadrante a la estrella, enana amarilla, tipo espectral G2 clase V de luminosidad, denominada sol por algunos de los tripulantes.

Mantenemos nuestra velocidad de crucero de 108.000 Km/h de navegación orbital. La velocidad de generación sobre el eje es de 1700 Km/h, si bien está previsto al alcanzar el perihelio superar los 4000 Km/h.

La navegación es plácida dentro de la galaxia de la Vía Láctea, que junto con la galaxia de Andrómeda  polarizan el cúmulo galáctico conocido como Grupo Local compuesto por más de 50 galaxias. Seguimos la navegación por el mar cuántico de la materia oscura entre millones de cúmulos galácticos.

La ocultación de la estrella enana amarilla G2-V, hoy día I del año estelar MMXIX fue bastante espectacular. Al no detectarse la presencia de vapor de agua condensada (nubes) sobre el horizonte, la incandescencia estelar tiñó de amarillo el trozo de espacio observado (cielo) al igual que el coloide compuesto por dos gases, hidrógeno y oxígeno llamado mar.

La observación concentró a un gran número de tripulantes que disfrutaron maravillados del espectáculo.

Ponemos el “piloto automático” y seguimos la navegación interestelar en nuestra Madre Tierra.

Para poder mantener estos espectáculos desde las ventanas de la Nave, recordamos a la tripulación de hominidos autodenominados sapiens, que su tarea principal es el mantenimiento y cuidado de las instalaciones de la Nave. También han de dedicar especial cuidado a los otros tripulantes de los reinos vegetal y animal, a los efectos que no se rompa la vital cadena que los une a todos con todo.

Les deseamos que en este MMXIX año estelar, disfruten de cada momento enfocando sus procesadores a generar momentos de alegría, belleza y paz. Sepan que los beneficios serán la abundancia, la dicha y beber cada día del néctar que mueve la Nave y todo el universo navegable: el Amor incondicional.

Cerramos informe en cuaderno de bitácora.

Un navegante.