Noche de lluvia

La plaza de cemento duro se viste de charcos

semipenumbra de la noche escucho mis pasos.

Dejo entrar la noche para poder amarla

tal como es, sin intentar cambiarla,

oscura, fría, tímida, silenciosa, misteriosa.

Amo la noche que disuelve mis sombras

al amarla intensamente, brotan los sueños

trayendo como las olas nuevas mañanas.

La lluvia en la dura plaza trae paz a mi alma,

mientras escucho mis pasos sobre los charcos.

Arco iris

Cielos de primavera mojando mi cara

nubes que se agolpan tapando el sol

formas imposibles de ventanas abiertas

trozos de cielo azul.

Arco de colores pintando brotes

llovizna intensa alegrando el corazón

la luz fragmentada en siete colores

sólo la nubes de primavera pueden,

mojar la luz y pintarla en arco multicolor

llevando susurros de amor que el viento trae.

Regálame arco iris primavera

moja mi cara con la lluvia fresca

para que con redondas nubes pueda jugar.

El sueño de la barca

La barca amarrada al muelle sueña que navega en alta mar.

Sueña que vuela sobre las olas que no la pueden tocar.

Va cargada de nansas y canailones, langostas y pulpos quiere atrapar.

Regresa de más allá del horizonte escoltada de enormes ballenas

le preguntan que es la mancha blanca del mundo sin mar,

la barca le dice sonriente, es la casa de los hombre que van a la mar.

La barca descansa en el puerto pero no para de soñar,

sueña con olas enormes que su afilada quilla sabe cortar,

sueña con mares en calma donde navega o vuela por un azul celestial,

sueña con noches sin luna donde sólo las estrellas te pueden alumbrar,

sueña con peces de plata que en sus redes caerán, para llenar su bodega

trayendo alegría y risas a los hombres de la mar,

esos que viven en una mancha blanca

en el mundo donde las ballenas no pueden nadar.

Sueña barca amarrada, pronto tus sueños serán realidad.

Puertas dimensionales

Cada vez creo más que los solsticios y equinoccios, que marcan los cambios de estación en las extensas zonas templadas del planeta, son puertas. La llave está en el sol.

Tal vez la puerta que se nota más o que sentimos más, sea la que abre el equinoccio del 20 de marzo.

No digo de primavera o de otoño porque dependerá del hemisferio planetario en que te encuentres.

Los que hemos tenido la suerte de vivir períodos largos de nuestra existencia tridimensional en ambos hemisferios sabemos bien lo que significa.

Estos días, desde el hemisferio Norte, donde me encuentro, voy viviendo la apertura de la puerta de la primavera.

Con el imparable crecimiento de las horas de luz vamos recorriendo esta inmensa puerta planetaria.

Después del letargo silencioso e introspectivo del invierno todo empieza a despertar, o mejor dicho a moverse.

Los árboles, antes esqueletos firmes de ramas desnudas, empiezan a llenarse de flores y tímidos brotes, que se convertirán en miles de hojas verdes y tiernas ramas.  Con ellos aparecerán los nidos y los seres del aire, llenando todo de trinos y cantos a la vida. Unos para saludar o despedir al sol como los mirlos, otros para alegrar los mediodías como los jilgueros, algunos para acentuar el misterio de la noche como el ruiseñor. El resto de los instrumentos de esta sinfonía los ponen los insectos y el viento.

Estirarse en un prado, recostar la espalda en un árbol, sentarte en una piedra o sobre la pinocha u hojarasca de un bosque, es la mejor platea para escuchar la sinfonía completa. Entre trinos y cantos, llegan los acordes de zumbidos de transparentes alas fertilizando las flores.

El viento, que hace viajar al polen en sus grandes alas, además de ser un sembrador de vida es uno de los grandes músicos de la sinfonía primaveral. Su silbido ululante al pasar por el peine de las agujas de los pinos, o el cascabeleo alegre cuando recorre con su caricia invisible las encinas y los nacientes brotes de robles. Ni qué decir, escuchar su susurro convirtiendo un tierno sembrado en mar de olas verdes, meciendo la vista como si estuviera navegando en una etérica barca.  Juntarse con la mar, su inseparable pareja, haciendo los dos estallar olas en las rocas, llenar el aire de infinitas gotitas saladas que lo envuelven todo de revitalizante frescor, ionizando el entorno. Música de timbales rumor de tambores sumergidos.

Lo que más me gusta de escuchar la música de primavera son los perfumes, los olores. Árboles de pequeñas flores blancas apiñadas, vierten al viento su fragancia. Dicen que para atraer insectos y polinizar sus flores. Pero yo creo que es para acariciar almas, llevar susurros de amor a campos, ríos, valles, mares y montañas. Los perfumes y fragancias lo llenan todo de alegría, en cuyas alas viene volando la paz.

Cuando atravieso la puerta de la primavera, la línea ficticia del tiempo desaparece por completo. Así como mis sentidos se abren a la luz y la sinfonía de olores, colores, gustos, sonidos y tactos, también me reencuentro con mi cometa volando alto, con el jardín de violetas, las frescas aguas del arroyo, la caricia de los sauces y anacahuitas, las algodonosas nubes estáticas en un cielo azul profundo, los labios frescos en el beso rodeado de perfume de rosas.

Pasar la puerta de la primavera es vivir en varios mundos, en varias dimensiones. Mezclas el polen de varias flores para hacer dulce miel que trasciende los tiempos.

Caminante lineal del tiempo, te invito a atravesar el portal de primavera. Siente la inmortalidad de todo. Guarda todo lo que sientas en el insondable e infinito recipiente del corazón.

Dame tu mano y entra conmigo que ese instante será eterno como la vida de una mariposa.

Junto a la mar Mediterrània el día de la segunda Luna Llena de marzo de 2018.

La mar y la primavera

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La pequeña y pulida piedra

se cree asteroide sideral

vuela por un espacio de arena

en su vuelo deja estelas

a la orilla de la mar,

el carey errante sale de la mar

en su corazón crea playas

para bañar los sueños

de quien la quiera mirar,

Pasífae mira a las olas

que la quieren tapar

no sabe la fuerte mar

que a ella sólo el amor

la puede hacer temblar.

 

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Secretos de la mar

Escucha el susurro de la mar

deja fundir tu alma en las olas

te contará secretos increíbles

verás la nubes desnudarse

las olas agolparse en el muelle.

Si la escuchas te hablará de besos

de risas y de lágrimas,

de mundos sumergidos en sus aguas,

te hablará de palabras de amor

susurradas al oído de las almas,

de canto de sirenas embrujadas

de almas de barcas naufragadas,

te hablará de la vida y de la muerte

que ella a las dos abraza,

cuántas cosas dicen las olas

que corriendo van a la playa.

 

Primer día de la Luna Nueva de marzo de 2018, camino al equinoccio de primavera.

Abejas poetas

Las abejas son poetas diminutas y aladas.

Ellas igual que una poesía, materializan la luz en miel, la poesía materializa sentimientos y sentidos en palabras.

Por eso abrir un pote de miel es como abrir un libro. La miel te llenará de dulzura la boca, olerás el perfumen de las flores y escucharas los zumbidos del campo, jardín o montaña. Las palabras del libro te harán sentir el beso bajo la lluvia, el llanto de alegría, la escarcha bajo tus pies, la luna llena en la mar o en las montañas y todo el amor que forma nuestro universo.

En la foto una maravillosa poetisa escribiendo un maravilloso pote de miel.

Luz en la tarde

El faro enciende su luz de guía

para dormir las barcas pesqueras

la gaviota alerta,

la garza se viste de pluma

amenaza la nube las rocas

las quiere mojar con su lluvia

allá donde la mar no llega.

Las luces se tiñen de gris

gris luminoso de niebla,

enreda al tiempo en su mano

hace que todo se detenga

para que la garza y la barca duerman.

Farola de tres destellos

sabes caminar entre la niebla?

gracias a ti, las barcas regresan

de navegar entre las nieblas.

La nube

Hoy encontré a mi nube, hacía mucho tiempo que no nos veíamos.

La reconocí por sus formas redondeadas, esponjosas, sensuales.  Por su color blanco inmaculado en los bordes y el gris profundo  y misterioso del centro, llena de lluvias, granizos, nieves y rayos. Los dos nos reconocimos por nuestra ausencia de vértices y aristas.  Simplemente porque los dos flotamos en el aire, navegando como veleros impulsados por los vientos.

Entre trozos de sol que dejaba pasar le pregunté dónde había estado todo este tiempo.

Me dijo que su viaje es eterno. De las veces que nos habíamos visto ya no era la misma. Se deshizo en llanto sobre las selvas, sintió el silencio profundo de la montaña mientras la cubría de nieve, fue ola llena de fuerza erizando la mar, estuvo en lagos de espejo, en enormes y profundos ríos que le contaron muchos secretos.

Estábamos tan contentos de vernos que recordamos juntos amaneceres y atardeceres de rojos, lilas, rosas y amarillos. De cuando yo, estirado sobre la arena blanca de alguna playa solitaria del Sur la veía cambiar de formas como si de una transformista se tratara. O cuando se mantenía estática entre un rebaño de nubes sobre mis queridas praderas verdes. Nos reímos mucho al recordar las cosquillas que le hacían las cometas que volábamos, se acordaba lo que decían aquellas cartas de amor que le hacía llegar por el hilo de la cometa.

Me preguntó si me gustaba cuando vestía a la luna con su vestido blanco, llenándola de amor y misterio. Le dije que me encantaba ver a la luna con su vestido transparente y que no se enojara cuando se lo quitaba despacio para poder acariciar la redondez de la luna. Se rió mucho, tanto que quedó despeinada, por un momento pensé que iba a llorar de alegría.

Mi hermosa nube y yo, tenemos una cosa en común que nos une eternamente: los dos soñamos despiertos.

6 de marzo de 2018.

La vida vuelve

La inminente primavera sacude la tierra para despertarla.  El sol en su aparente caminar estira la luz cada vez más hasta igualar en el equinoccio las luces y las sombras.

Protege con la nieve los trémulos brotes para que la helada no los destruya. Agita con el viento la mar para llenar de lluvia la tierra. Las flores responden a las caricias suaves del sol.

En lo alto de las ramas llenas de brotes el mirlo agradece con su canto el día que marcha entre la niebla a dormir el sueño de la primavera. Las parejas de patos silvestres descansan en el remanso de la marisma adormecidos por el susurro eterno de las olas.

La vida vuelve, acude presta al llamado de la primavera.

Como caminante de sueños me encanta despertar con la primavera. Sentir la vida fluir.

Dejar que el canto del mirlo, los perfumes, el aire húmedo, la lluvia, el cielo gris o soleado, la arena fría en los pies y el susurro de las olas de la mar, recorran mi cuerpo y mi alma.

Cuando estás sintiendo la vida el mundo de los sueños se plasma, se materializa como la luz creciente de la primavera. Abre el corazón a esa luz y sentirás la mirada de la vida, el beso apasionado y el abrazo fraterno.

Primer día de la luna llena de marzo de 2018, con los «despertadores» de la primavera funcionando: viento, frío, calor, humedad, lluvia, nieve y sobre todo vida eclosionando.

En tu mirada enamorada

escucho el canto del mirlo

el rumor de las olas

el aire húmedo y frío

el calor del sol.

Me sumerjo entero yo,

en tu mirada enamorada

para sentir tus labios tibios

como el sol de primavera

acaricias mi corazón.