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Acerca de fernandogalban

Escribir la vida, a partir de sentimientos y pensamientos.

Garbí

El Garbí sopla con insistencia

eriza la mar con su caricia tierna,

lleva la vela rápida a puerto

llena la tarde con su presencia.

Algodonosas nubes vuelan lentas,

la luz de la otoñal tarde mengua.

Pequeñas golondrinas rezagadas se van prestas

alguien les dijo que mañana

bajará la Tramuntana con aliento de nieves frescas.

Sopla Garbí sobre mi playa

haz volar las arenas

susurra a las golondrinas

que lleven mensajes de luz

a otras tierras.

Garbí que soplas con fuerza

mi almas vuela contigo

en tus alas etéreas.

Un trozo de tarde junto a la mar

Junto a la mar, el tiempo pasa lento, o tal vez no pasa. Cada segundo es una ola. Olas que siempre están llegando y nunca pasando. Acarician la playa, las rocas, siempre hay una por llegar.

Por eso al sentarte en la arena, mirar y escuchar a la mar sientes que el tiempo sencillamente, desaparece. Se resbala de cualquier mano que lo quiera atrapar. Sólo te puedes convertir en tiempo.

El rumor continuo de las olas hace tu piel viento para fundirse en el agua infinita de la mar. Es entonces cuando tu piel toca la piel de la mar. Así los dos fundidos en uno recorremos los cálidos caminos de luz que juegan sobre la mar.

Los pensamientos son velas que pasan sin que se puedan atrapar.

El aire, la luz y la mar dejan tu cuerpo liviano, se puede flotar. La gaviota volando parece surgida de un cuadro que un corazón quiso pintar.

Cuando respiras la luz del aire tu cuerpo se puede fragmentar. Ser las olas de la mar, la caricia tibia del sol, las hierbas rojizas de la marisma, la arena húmeda de la playa, la gaviota volando, la vela en su navegar. Eres espíritu que ama, eres los labios que se besan, la mirada enamorada, el susurro al oído de palabras que sólo el corazón puede decir.

Junto a la mar el tiempo desaparece.

El misterio de un domingo por la mañana.

Septiembre en septentrión suele ser un mes enigmático. Debe de ser que la tierra cansada de tanto calor y bullicio quiere llevarnos a la calma del otoño.

Por eso hay domingos en septiembre que si los observas y entras en ellos con tu alma, puedes caminar por el misterio de la calma.

Este domingo de septiembre, se despertó entre nubes grises, amenazando agua. El aire denso, sin viento que lo agitara lo llenaba todo de silencio. Sólo se rompía armónico por el tañer de las campanas de iglesias que parecían lejanas. Pero todo estaba cerca, muy cerca, simplemente envuelto por el silencio de la mañana. La mar también ayudaba a dejarlo todo en silencio manteniendo sus aguas planas. Hasta el velero estático navegaba recortado en el gris plomizo del cielo sin marinada.

Los patos y las garzas en las marismas junto a la mar, de la calma y el silencio disfrutaban. Se arreglaban las plumas, una zambullida de vez en cuando para llevar a la panza algún crustáceo incauto, después sólo era nadar lentos en el espejo de las aguas dulces de la marisma que a la mar bajan.

Todo invita a que tu alma entre en el paisaje del silencio de la mañana. Así cuando entras las sensaciones de alegría y calma no paran de envolverte. Caminas entre los pinos del parque esperando sentir la pinocha crujir bajo tus pies, pero no oyes nada, la pinocha está húmeda y blanda, sólo puedes oler las agujas de los pinos siempre verdes y brillantes porque están mojadas. Es cuando las setas que surgen de la pinocha mojada te dicen que mires bien donde pisas porque ellas son frágiles como los espíritus del agua.

El silencio de la mañana, también te trae olor a pan recién hecho y café caliente que te invitan a vivir aún más la calma.

Tal vez ese sea el misterio de las mañanas de un domingo de septiembre, que te recuerdan que en esta nave en que viajas por el Universo, pronto será el equinoccio de otoño, que ya tienes las cosechas guardadas por tanto que llenes tu alma de alegría, paz y calma.

Vilanova i la Geltrú, cuarto creciente de septiembre de 2018.

Gregal a la tarda

Bufa el Gregal barrejat de marinada

porta petites gotes d’aigua

ja s’olora a terra mullada

eriça la mar amb una carícia apassionada,

la grisor del cel de la tarda

em deixa la cara mullada

el silenci de l’aire

porta el remor de les onades

no escolto les meves passes

sobre la sorra mullada

només respiro la mar eriçada

per les sabies mans del Gregal

que li xiuxiueja paraules apassionades.

Als set dies de la Lluna Nova de setembre, poema per a compartir caminant per la platja deserta. Només dues mans entrellaçades, la mar, el vent i una mirada.

Perfume de dama

Hoy dormiré con el suave perfume de una dama.

En las alas de los pétalos de la dama blanca, viajaré por los mares de tu piel, nadaré en las aguas de tu fragancia.

Nos abrazamos en el perfume del aire y compartiremos sueños.

Sueños, que como todos los sueños están fuera del espacio tiempo.

Sueños dónde sólo está el perfume que lo envuelve todo. Donde tu piel es mi piel, tu aliento mi aliento, tu alma mi alma.

Perfume de dama blanca viajo contigo al mundo sin espacio ni tiempo.

A

A la gent de la mar.

Llarga i fosca és la nit a la mar
sota el cel farcit d’estrelles
en la foscor la xarxa atraparà
sardines, seitons i barats
omplin les mans d’abundància
dels homes que surten a la mar.

Avui 21 d’agost al Port de Vilanova i la Geltrú a la arribada de les barques de llum.

Mañana de agosto

Las mañanas de agosto en una ciudad como Vilanova i la Geltrú, tienen un ambiente especial.

Especial porque sin ser la madrugada, ya con el sol bien definido en el cielo, se respira un aire de paz y calma delicioso.

Con la inmensa mayoría de mis vecinos habituales de vacaciones y los bulliciosos turistas aún durmiendo el largo sueño de noche de ocio, la ciudad se nos brinda llena de silencio y sensaciones.

Los pocos que vamos caminando por calles, parques, plazas y ramblas, lo hacemos sigilosos, con la idea de escuchar y no que nos escuchen. Sumergidos en el silencio los pasos se hacen rítmicos, escuchas el canto de los pájaros, su somnoliento aleteo entre las ramas de los árboles. Oyes la radio de aquel hombre mayor que pasea lento por el parque. Tal vez ni el sepa qué noticia está escuchando porque esta es engullida por el envolvente silencio de la mañana.

Todo va lento, despacio, nadie quiere despertar de golpe a la pacífica mañana.

Es el momento que te llama la vieja ventana de la casa abandonada que está en la Rambla. Como su voz está prácticamente apagada, sólo el silencio te hace escuchar sus palabras. Dibujos pintados en lugar de cristales, seguro que sueños pintados por alguien que no sabía que tenía un paraíso a tocar con su mano.

Olores de café recién hecho se mezclan con el del pan horneado.

Sigo caminando lento no se vaya a despertar la mañana.

Mirar las nubes

Estar enamorado de la mar, los bosques y los cielos son placeres que te hacen sentir la vida con intensidad, ya que te transportan siempre al momento donde esta transcurre: AHORA. Ni antes ni después.

Por eso acariciar tus caderas es acariciar las nubes redondas y blandas que flotan en el cielo de verano.

Besar tus labios frescos es beber agua del manantial escondido en el bosque, llenando mi alma del amor verde y fresco de los musgos de las rocas.

Recorrer tu piel es sumergirme en las aguas claras de una cala al amanecer, fundiéndome en el agua, siendo UNO con el agua.

Cuando abres tus ojos a la inmensidad de la mar, tu corazón abre la puerta de otro mundo. El de la paz y el amor.

Por eso me gusta bañarme en tu pelo igual que me gusta bañarme en la mar.

Hago volar mi cometa, dejo que flote en el aire, mis pensamientos van con ella, los veo flotar y volar.

Para hacer inmortal a una gota de agua, la debes verter a la mar. Los instantes de alegría y felicidad los debes verter al océano del amor. Así siempre volverán tal vez en forma de gotas de lluvia fina y tendrás otra gota para hacerla inmortal.

Todo ocurre mirando las nubes, dale la forma que quieras y el instante de alegría aparecerá. Siéntelo, vívelo e igual que a la gota échalo otra vez a la mar, la mar del amor, claro.

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La luz

La tormenta de la madrugada con sus truenos y rayos, vistió las marismas acaloradas, con una suave y tersa luz de otoño.

Mediterráneo

En mi pequeño paraíso las rocas navegan a vela,

los peces acostumbran a volar

los cielos turquesas se hacen líquidos

las algas construyen paredes de ladrillos verdes

doña medusa vuela por el espacio sideral.

Tal vez los peces son estrella fugaz

en este universo lleno de planetas,

rocas y velas que salen a navegar.