Mis queridos/as amigos/as seguidores/as, lectores/as de este espacio de http://www.creandomundos.org
Como nos gusta compartir cosas, se nos ha ocurrido crear un pequeño espacio de participación para todos/as.
Se nos ocurrió, hace ya un tiempo cuando paseabamos por un parque, era primavera y nos llegaban perfumes de flores que nos llenaban de alegría y paz. Todo transcurría con normalidad, hasta que nos llegó un perfume, que seguramente no era el exacto, pero se fue directamente a nuestro cerebro, exactamente al sistema límbico, donde se encuentra nuestra memoria olfativa.
El impacto fue tan grande, la sensación de paz y felicidad fue tan enorme que nos traslado a nuestro Montevideo infantil, más concretamente a una tormentosa tarde de verano llena de calor húmedo antes de la lluvia, en donde las pesadas nubes hacían de invisible prensa del aire, que destilaba fragancias del jazmín del cabo. Todo el barrio quedaba inundado del perfume dulce y fresco del jazmín.
Al evocarlo revivimos esa inigualable sensación de felicidad, alegría y por sobre todo, de paz.
Al sentir esto supe que todos/as tenemos recuerdos en algún lugar de la memoria que nos llevan a sentir esos grandes momentos de felicidad, y que si somos capaces de ir reviviendo, nuestros corazones se irán abriendo a recibir cada vez más de estos momentos, aunque sean nuevos pero nos dejar vivir en la alegría, la calma y en definitiva en la felicidad.
Ponemos algunos ejemplos, que entenderemos perfectamente. En la canción de
Alfredo Zitarrosa «Guitarra negra» hay una frase «las encomiendas por la Onda con olor a estofado». Eso Es un recuerdo placentero. O nuestra Juana de Ibarbourou, en «Los duendes de Cerro Largo» «…hacé que la masa crezca bastante y las roscas salgan ricas…..en seguida que saquen el pan del horno. »
A alguien le puede, seguro, provocar gran felicidad, el aroma del café recién hecho, o la cabecita perfumada de un bebé, o el gusto que nos dejó algún beso lleno de amor.
En fin podría seguir, pero la idea es un espacio para compartir. Nosotros ya pusimos uno, a ver si armamos una lista grande de MOMENTOS DE FELICIDAD.
Un abrazo grande y deseo les guste la iniciativa y participen.
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BESO AL SOL
Esperando las barcas
Jugar con el viento
Qué lindo es haber aprendido
a jugar con los vientos.
Cuando sopla el Pampero,
ese que deja el cielo de azul brillante,
nos llena de frío y esconde las nubes.
Es el gran momento para llenar el firmamento
de barriletes, luceros, barcos y estrellas,
para alumbrar de colores los cielos azules.
Llenarse el aire de risas, al ver balancearse
estas flores del aire.
Mandarles cartas o ponerle roncadores.
Desafiar la resistencia de cañas, hilos y papeles de colores.
Sentir como tira el viento,
intentar el equilibrio con tiras de trapo.
Cometas con colas que surcan el cielo,
unidas por el hilo al corazón de un niño
Cuando viene el viento cálido del norte,
el aire queda pesado, aliento de lejanas selvas,
de reinos de anacondas y jaguares.
Contigo descubrí los perfumes del jazmín del cabo.
A volar mi imaginación con relatos
de indios, de flores extrañas, de junglas impenetrables,
de ríos con pirañas y caiporás protectores,
de camalotes formando islas,
bajando serenas buscando las grandes aguas.
Islas que llevan yaras, corales y cruceras,
valientes protectoras de los bosques tropicales.
Cuando sopla el viento del norte los niños aprendemos
a hacer arcos y flechas con cañas,
para jugar con el viento creando historias extrañas.
Jugar con el viento del Este,
es jugar con el llanto y las lágrimas,
con el infinito océano que guarda
tantas nostalgias.
En invierno es sentir la lluvia helada,
congelando las manos y caras,
es meterse en los charcos
chapotear felices la bendición del agua.
Hacer de papel barquitos,
ponerlos en la correntada,
correr con ellos y salvarlos
antes que caigan en alguna cascada
de las alcantarillas,
de enormes bocas negras
que todo lo tragan.
Si soplas en verano,
también nos traes agua,
y junto a los barquitos
juegan niños desnudos
corriendo y mirando el cielo,
de boca abierta, bebiendo agua.
El placer de los pies descalzos,
pisando el barro blando
que esconden las charcas.
Pescar renacuajos
tal vez alguna rana.
Siempre con el viento del Este
podemos jugar con las aguas.
Después que has aprendido,
el secreto de jugar con los vientos,
eres capaz de volar con ellos
llevando sonrisas alegres,
a cualquier lugar
por donde el viento pasa.
Así tiras la red invisible
de la alegría y la calma.
Es cuando sabes,
que las sonrisas y el amor
se escampan
igual que semillas de panaderos
llevadas en alas de viento
para que se encuentren las almas.
Tercer día de luna nueva de noviembre de 2015.
La mar y la niebla
La riera y la mar suministran alimento a esta garza blanca.
La mar liberando nubes.

Navegando por cielos azules llenos de espuma como nubes.

La mar en su húmedo sueño,
bosteza la niebla ,
que nos borra el horizonte.
Nos deja un trozo de espejo,
para ver las nubes,
que vuelan más allá del horizonte.
Es fácil poder volar,
con las alas fuertes
de una gaviota.
Playa de Vilanova i la Geltrú.
Cuarto menguante del escorpión de 2015.
Imágenes de la Luna Llenap
Anoche 27 de octubre, tuvimos la presencia de la última de las superlunas del año.
Se presentaba la noche con cielos llenos de nubes. Se ribeteaba una tenue y enigmática luz plateada en los espesos contornos nubosos de lana recién esquilada.
Cuando pensábamos que no la veríamos, una fresca marinada, empezó a tirar de la luna para que saliera de su nido de lana.
Con su sonrisa resplandecieron los cielos y los otrora oscuros bellones de lana parecidos a nubes.
Quieta y sonriente en el cielo nos miraba, pero inquieta se bañaba en la mar.
La quise atrapar en el charco de agua, pero la luna es libre, nos ilumina a todos, y del charco subiría al cielo otra vez, tal vez a dormir entre bellones cálidos de lana recién esquilada.
En este vínculo está el baile de la luna en las aguas del puerto de Vilanova i la Geltrú.
OTOÑO
Ver las golondrinas emprender el vuelo, los árboles preparar las hojas vistiéndolas de ocres para formar el manto que cubrirá sendas y caminos. Manto que ocultará el tesoro de las setas que vuelven a reinar en los bosques. Vides que se preparan al letargo del sueño después de haber dado sus frutos, que se convertirán en risas, cantos y celebraciones en las mesas de invierno. Atardeceres de oro en los caminos de la mar, con el sol pintándolo todo, nubes, arena, agua y esa realidad de paz en el aire que hace volar lejos a los espíritus uniendo a las almas que se aman.
Llega la quietud, llega la calma, llega el tiempo de sentarse en el margen de un camino o en la roca junto a la mar, escuchar y dialogar con duendes y hadas. Como su comunicación es instantánea, si los escuchas te hablan de lugares fabulosos que nosotros con el cuerpo denso nunca hemos estado. Te hablan de sonidos, perfumes y sabores de bosques lejanos, de ciervos que braman buscando a su amada. Otros te hablan de seres del fondo de los mares, de estrellas surgiendo de horizontes interminables, de olas que llevan mar adentro miles de secretos confesados en la orilla de una playa.
Esto es OTOÑO, ese lugar de dicha y calma, que nos lleva al interior más recóndito de nuestros corazones.
El otoño de los sueños, el otoño que nos abre puertas a otras dimensiones y realidades, el otoño que acrecienta los amores.
Feliz otoño, les deseo a los posibles e incautos lectores/as, de estas líneas, también a todos los que no lo lean y que todos encontremos la felicidad, que la tenemos escondida en nuestros corazones.
Dejaros llevar por el giro de la Tierra y entrar en el sueño que en la primavera despertaremos para vivirlo en el verano.
Un abrazo, Vilanova i la Geltrú, día de la luna llena de libra de 2015. Por cierto a la madrugada eclipse de luna. Buen inicio.
AMARRANDO LA BARCA SOLAR.
Otoño a las puertas
Carta a mi hermana con motivo de su 70 aniversario
13 de septiembre de 2015.
Mi querida hermana Sonia, Tonia o Moña como siempre te dije.
Hoy llegas a las 7 décadas de existencia. Eso me recuerda que en unos meses yo llegaré a las 6.
Bueno creo que 70 años se han de celebrar por todo lo alto. Se que vas a estar rodeada de todos tus hijos y nietos, pero, en físico, faltará tu hermano. Digo en físico porque estaré por ahí contigo tomándome unos mates dulces seguramente con alguna torta frita.
Sacaba las cuentas que compartimos de vida once años, compartiendo casa, después vos te casaste, yo me fui a Rocha, por cierto mi primer exilio, luego volví a Montevideo, pero nos veíamos más esporádicamente, nos cayó la dictadura, estuve unos cuatro años y marché para España, en la cual ahora en noviembre se cumplirán 37 años por aquí.
Esos once años juntos (para mi fueron desde mi nacimiento), nos crearon unos vínculos que van más allá de la sangre paterna que compartimos. Por esa sangre, venimos de seres longevos, que se fueron una vez estaban aburridos. Sangre que viene (respetando todas sus mezclas y aportes), del Padre de la Patria, José Artigas, algo que siempre hemos llevado con el máximo orgullo y discreción.
Volviendo a esos años, vistos desde la atalaya del tiempo, fueron para los dos tremendamente duros y difíciles, no entraré en detalles que ya nos son conocidos, pero esa dureza, nos unió para siempre en un equipo de mutuo apoyo verdaderamente indestructible.
Se que sabés que para mi fue de vital importancia, aquellas tardes de verano, o las noches de invierno junto al primus, en que me leías cuentos, que quedaron en mí gravados para siempre, de nuestra querida Juana de Ibarbourou, en donde entrábamos en la “mancha de humedad”, corríamos con Chico Carlo, o bebíamos agua del “cántaro fresco”. O cuando me leías “Corazón” y viajábamos a la Lombardía, emocionados por el valor de aquel pequeño vigía. Llorábamos con Platero, nos reíamos a carcajadas con Juvenilla y aquel “robo” de membrillos en la quinta de los vascos. Viajábamos con Andersen con la Sirenita o nos helábamos juntos con la Vendedora de Fósforos.
También vivimos todo el mundo sobrenatural de los espíritus, fantasmas y aparecidos, tal vez para escaparnos de ese “mundo real”, que a veces nos era tan duro.
En las noches de verano estrelladas de nuestro Sur, que tiempo después he podido comprobar que se ven muchas más estrellas que en el Norte, dibujábamos la forma de las constelaciones. La preferidas mías eran y siguen siendo, la Cruz del Sur, que ahora sólo la puedo ver con el corazón, la Siete Cabritas, o las Pléyades, y el magnífico gigante de los cielos, Orión, con sus perros siempre alertas para proteger el firmamento. Cómo olvidarme de aquellas heladas noches de junio, para San Juan, que salíamos al fondo tiritando para ver si florecía la higuera, muertos de miedo porque dice la tradición que la higuera florece en la noche de San Juan, pero los que ven su misteriosa flor, quedan locos. Parece que nunca la vimos, o tal vez sí y no nos damos cuenta, porque ya sabemos que el loco nunca dice que está loco.
Quiero decirte que en esa breve década que compartimos todos esos sueños, quedó en mi gravada a fuego, que a pesar de “disfrazarme” de hombre adulto, serio y correcto, debajo de la piel, sigue viviendo el niño aquel que soñaba junto a su hermana, mundos e historias, que en ningún momento he renunciado a lograrlas.
Hoy la física cuántica nos da algo la razón, así que si vimos la flor de la higuera, tal vez nos llevó por el camino correcto.
Hermana querida, Negra linda, Tonia, Moña, mi abrazo, mi cariño y mi amor para vos en este día, para que lo disfrutes y te sientas feliz y que sepas que seguimos soñando.
Por acá te desean mucha felicidad, Elisabet, tu sobrina Natàlia, Iker, y Naia tu sobrina nieta y por supuesto tu hermano chiquito que te quiere mucho.
Besote, Fernando.
Va una foto que encontré, a mi se me reconoce solamente por el lunar en la muñeca izquierda, que todavía lo llevo, creo que fue en mi cumpleaños de 1 año, así que vos tenías 11.
Relato breve: «Tormenta en la mar»
Tormenta en la mar Clic aquí.































