La vida es un mar cuántico. Somos partículas de pensamientos.
Hubo un instante donde mi pensamiento era tener la forma de un niño. Con esta forma podía vivir las aventuras que me llevarían a un aprendizaje más en mi esencia de partícula cuántica. Pensaba la vida para así aprender a través de las aventuras.
Dentro de las maravillas que quería ver y vivir hay una que me fascinaba y me sigue fascinando, aunque ahora no tengo la forma de un niño de 5 años, esta es la de mirar los cielos con sus nubes.
Me encantan los cielos de vientos. En mi forma de niño mis pensamientos eran de ver estrellas y luceros. Por eso hacíamos cometas con forma de estrellas que volaban al sol entre las nubes con sus formas infinitas.
Los días de viento, que eran los más, las nubes se convierten en dragones blancos, pájaros, alas, caballos, leones o perros.
Todos sabemos que la forma de las nubes se la dan los seres del aire, los ángeles de los vientos.
Estos pueden desplegar sus enormes alas cuando se enfadan y soplan fuerte convirtiéndose en los grandes vientos como el Pampero o la Tramuntana. Hasta se pueden disfrazar de ciclón, tornado o huracán, si su enfado es mayúsculo.
Otras, sus alas son amables brisas o soplos de algún punto cardinal.
Ver a los ángeles del aire jugar con las nubes en el cielo, es un placer y un espectáculo.
Hoy disfruté viendo cómo jugaban a soplar las nubes desde adentro, para desgranarlas en chorros de nubes blancas.
En un trozo de cielo arremolinaron nubes hasta formar un cono danzarín.
Al estar jugando tan alto no oía sus cantos, pero como estaba junto a la mar oía el ritmo de las olas que con sus alas los ángeles del aire batían sin parar.
Creo que los vi y por es mi pensamiento es de alegría y pude ser uno con los ángeles del aire, ser viento, nube, sol y mar.








