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Acerca de fernandogalban

Escribir la vida, a partir de sentimientos y pensamientos.

Abejas poetas

Las abejas son poetas diminutas y aladas.

Ellas igual que una poesía, materializan la luz en miel, la poesía materializa sentimientos y sentidos en palabras.

Por eso abrir un pote de miel es como abrir un libro. La miel te llenará de dulzura la boca, olerás el perfumen de las flores y escucharas los zumbidos del campo, jardín o montaña. Las palabras del libro te harán sentir el beso bajo la lluvia, el llanto de alegría, la escarcha bajo tus pies, la luna llena en la mar o en las montañas y todo el amor que forma nuestro universo.

En la foto una maravillosa poetisa escribiendo un maravilloso pote de miel.

Luz en la tarde

El faro enciende su luz de guía

para dormir las barcas pesqueras

la gaviota alerta,

la garza se viste de pluma

amenaza la nube las rocas

las quiere mojar con su lluvia

allá donde la mar no llega.

Las luces se tiñen de gris

gris luminoso de niebla,

enreda al tiempo en su mano

hace que todo se detenga

para que la garza y la barca duerman.

Farola de tres destellos

sabes caminar entre la niebla?

gracias a ti, las barcas regresan

de navegar entre las nieblas.

La nube

Hoy encontré a mi nube, hacía mucho tiempo que no nos veíamos.

La reconocí por sus formas redondeadas, esponjosas, sensuales.  Por su color blanco inmaculado en los bordes y el gris profundo  y misterioso del centro, llena de lluvias, granizos, nieves y rayos. Los dos nos reconocimos por nuestra ausencia de vértices y aristas.  Simplemente porque los dos flotamos en el aire, navegando como veleros impulsados por los vientos.

Entre trozos de sol que dejaba pasar le pregunté dónde había estado todo este tiempo.

Me dijo que su viaje es eterno. De las veces que nos habíamos visto ya no era la misma. Se deshizo en llanto sobre las selvas, sintió el silencio profundo de la montaña mientras la cubría de nieve, fue ola llena de fuerza erizando la mar, estuvo en lagos de espejo, en enormes y profundos ríos que le contaron muchos secretos.

Estábamos tan contentos de vernos que recordamos juntos amaneceres y atardeceres de rojos, lilas, rosas y amarillos. De cuando yo, estirado sobre la arena blanca de alguna playa solitaria del Sur la veía cambiar de formas como si de una transformista se tratara. O cuando se mantenía estática entre un rebaño de nubes sobre mis queridas praderas verdes. Nos reímos mucho al recordar las cosquillas que le hacían las cometas que volábamos, se acordaba lo que decían aquellas cartas de amor que le hacía llegar por el hilo de la cometa.

Me preguntó si me gustaba cuando vestía a la luna con su vestido blanco, llenándola de amor y misterio. Le dije que me encantaba ver a la luna con su vestido transparente y que no se enojara cuando se lo quitaba despacio para poder acariciar la redondez de la luna. Se rió mucho, tanto que quedó despeinada, por un momento pensé que iba a llorar de alegría.

Mi hermosa nube y yo, tenemos una cosa en común que nos une eternamente: los dos soñamos despiertos.

6 de marzo de 2018.

La vida vuelve

La inminente primavera sacude la tierra para despertarla.  El sol en su aparente caminar estira la luz cada vez más hasta igualar en el equinoccio las luces y las sombras.

Protege con la nieve los trémulos brotes para que la helada no los destruya. Agita con el viento la mar para llenar de lluvia la tierra. Las flores responden a las caricias suaves del sol.

En lo alto de las ramas llenas de brotes el mirlo agradece con su canto el día que marcha entre la niebla a dormir el sueño de la primavera. Las parejas de patos silvestres descansan en el remanso de la marisma adormecidos por el susurro eterno de las olas.

La vida vuelve, acude presta al llamado de la primavera.

Como caminante de sueños me encanta despertar con la primavera. Sentir la vida fluir.

Dejar que el canto del mirlo, los perfumes, el aire húmedo, la lluvia, el cielo gris o soleado, la arena fría en los pies y el susurro de las olas de la mar, recorran mi cuerpo y mi alma.

Cuando estás sintiendo la vida el mundo de los sueños se plasma, se materializa como la luz creciente de la primavera. Abre el corazón a esa luz y sentirás la mirada de la vida, el beso apasionado y el abrazo fraterno.

Primer día de la luna llena de marzo de 2018, con los «despertadores» de la primavera funcionando: viento, frío, calor, humedad, lluvia, nieve y sobre todo vida eclosionando.

En tu mirada enamorada

escucho el canto del mirlo

el rumor de las olas

el aire húmedo y frío

el calor del sol.

Me sumerjo entero yo,

en tu mirada enamorada

para sentir tus labios tibios

como el sol de primavera

acaricias mi corazón.

Silencio de la nevada

El aire frío trajo un susurro

te amo en el silencio

como ama la nieve que cae

envolviendo plazas y montañas

en el alegre silencio de la nevada.

Al quinto día de la Luna Creciente del mes de febrero de 2018 mientras caen lívidos copos de nieve junto a la mar Mediterrània. En el silencio más absoluto.

Aire escondido de primavera.

La niebla surge de la mar,

las aguas claras

pétalos de almendro en el charco

flores en el árbol

brisa fría y húmeda invernal

jugando en la playa

detrás de la vela navegando

se esconde tímida la primavera.

Murmullos del atardecer

Sólo con el corazón se puede escuchar la tarde. El sol atardeciendo es un camino de luz dorada que te introduce en el silencio.

El mantra vibrante de las olas te sumerge en el trino de los pájaros,  buscan refugio en las ramas despobladas de los árboles cantando bajito una antigua canción de cuna. Se invitan a dormir nomas se oculte el sol.

El banco del parque junto a la mar, te muestra una película a cámara lenta. Las olas vienen y van en un monótono y relajante acariciar a la playa.

Los paseantes van lentos como si la tierra los quisiera sujetar, hablan en voz baja los que van acompañados y los solitarios tararean o silban una melodía. Las risas y ladridos llegan lejanas envueltas de murmullo a mar.

El aire frío y los latidos del corazón te funden en la tarde. Es la hora de las presencias. Seres o almas que no se ven con los ojos sino con el corazón. Tal vez sean suspiros de amor que el viento y los rayos del sol llevan.

Lo cierto es que en el banco del parque que mira a la mar, la paz te inunda y el cielo no para de sonreír.

Murmullos del atardecer, susurros al oído, besos y amores viajando con el viento.

 

A tres días después del cuarto menguante de febrero 2018.

 

«…nos perdemos por el mundo, nos volvemos a encontrar…»

«Y así seguimos andando
Curtidos de soledad
Nos perdemos por el mundo
Nos volvemos a encontrar».

Los Hermanos
Atahualpa Yupanqui
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La vida ha seguido sus ciclos y su curso. Con sus estaciones, días de sol, de frío, calor. De noches largas o veranos tórridos. Hemos ido sintiendo todo, las caricias, los besos, el abrazo fraterno, el miedo, la alegría, la tristeza, la incertidumbre y muerte del destierro.
Todas estas cosas, vivencias o ciclos, se fueron guardando amorosamente en las paredes del corazón. Así como esta foto de niños en la Escuela 137- María Noya allá por el 1966, ubicada en la calle Industrias (hoy Ing. José Serrato) de Montevideo en una vieja casona donada por el Dr. Campioti en el 1932 para funcionar como escuela. Por eso en aquella época le decíamos con cariño a la escuelita de una de las faldas del Cerrito de la Victoria: la Campioti.
El barrio adquiría el nombre del pequeño cerro hoy coronado e identificado por la espectacular iglesia del Sagrado Corazón, visible desde toda la ciudad de Montevideo. Cerrito en donde se puso sitio por dos veces a la ciudad amurallada de Montevideo. La primera en 1811 después de la Batalla de las Piedras, por las tropas del General Artigas, que habían derrotado al ejército realista español. De ahí viene el calificativo «de la Victoria», porque un año más tarde el General Rondeau volvió a derrotar al ejército realista español en senda batalla en el Cerrito, por terrenos en dónde está mi querida escuelita. El segundo sitio en 1843 comandado por el General Oribe enmarcado en los hechos de Guerra Grande.
Como dice Atahualpa Yupanqui en la letra de «Los Hermanos», nos «perdimos» por el mundo y nos hemos vuelto a encontrar con compañeros que están en esa foto.
Cuando ocurren estos encuentros después de tantos años pasados, la niebla del tiempo se disipa y del corazón empiezan a surgir los recuerdos.
De pronto, al igual que en una máquina del tiempo, te trasladas al Cerrito de la Victoria, la vieja casona convertida en escuela se vuelve a llenar de voces y risas de niños jugando en el patio. Vuelves a oír la «campanilla» manual que hacía sonar la Directora para anunciar la entrada, la salida o la hora del recreo. Te ves compartiendo pupitre con otro niño o niña al cual conoces bien, sientes en la madera del pupitre las huellas hechas por la punta de algún compás esbozando un nombre o un dibujo, jugándote una buena sanción si la maestra te veía hacerlo. Las discusiones que se zanjaban con un choque de manos estiradas y un «cortá pa’la salida». Las tardes que al salir siempre había alguien que aparecía con una andrajosa pelota e invitaba: «bo, hacemos un mariadito». Esto consistía en escoger alguna de las calles colindantes, poner dos piedras a un par de metros de distancia a modo de portería, escoger el largo de la calle (esto dependía de la cantidad de jugadores), separar los «equipos» por número par e intentar hacer un gol haciendo pasar la pelota entre las dos piedra contrarias. Si el número era impar, el de jugadores, se valoraba y acordaba en poner en el equipo que quedaba con un jugador menos a uno o dos que teníamos como «muy buenos» jugadores. La diferencia numérica quedaba compensada.
Así iban pasando aquellos días entre tardes de pelota, trompos, cometas y bolitas, acompañadas por aquellas frases que nos repetían las maestras y que siguen marcando el comportamiento de muchos de nosotros: «….asegurando que los más infelices sean los más privilegiados», «con libertad ni ofendo ni temo», «sean los Orientales tan ilustrados como valientes», «mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana», «el día que me quede sin soldados, tendré los arcabuces de la sangre para pelear con perros cimarrones», «un lance funesto podrá arrancarme la vida pero no podrán envilecerme»… Frases todas del ideario Artiguista, al cual debemos agradecer la educación democrática y libre en la que nos formamos.
Al tener estos reencuentros, de las paredes de la vieja casona de la antigua escuelita, vuelven a surgir las voces y el ruido de la piedrita chata cayendo en un número de la rayuela pintada en el patio y las risas de niños. Lo que no sabíamos era que ninguna lluvia pudo borrar la rayuela, porque quedó guardada en todos nuestros corazones.
Hoy vuelve a surgir en forma de foto pero palpitando llena de vida igual que aquellos días de rayuela, pelota, bolitas, cometas y trompos.

La Candelaria

Los pájaros esperan el atardecer

estáticos en las ramas desnudas,

la tarde rueda lenta, sin prisas.

La mar prepara su cuenco húmedo

para guardar al sol en un lecho de nubes.

La soledad del muelle se llena

salitre, sol, rumor a mar.

En esa calma fría, acogedora y húmeda

se puede soñar.

Soñar mil cosas, o sólo…

las que tu alma quiera crear.

Respirar el aire frío de la Candelaria

junto a la mar,

es estar con tu amada,

acariciar horizontes lejanos,

temblorosos de sol y mar.

Caminos de luz en el agua

deja tus sueños y tu alma volar.

 

Caminos de luz

El sol surge del nido, guardado por las ramas desnudas de un árbol invernal. Hace su recorrido volando como un misterioso pájaro de luz. Va trazando caminos de luz sobre la mar. Caminan las barcas hacia la brillante luz. Se diluyen las sombras en la intensa claridad. El aire esparce fotones que se pueden respirar. Inspira, espira déjate llenar de luz. Entra luz, propaga luz, camina en la luz. Siente como la luz llena tu cuerpo, siente la arena fresca en tus pies. Se frágil como la huella que la mar la convertirá en playa una y otra vez. Siente como vibra el aire cuando recorres el sendero de luz. Escucha a la mar, escucha las voces y susurros que el aire lleva y trae, escucha los cantos de los pájaros, las risas de los niños y el silencioso caminar del sol. Si quieres llorar, llora, que estás junto al mar y sabe que cada lágrima será parte de la mar. Tus lágrimas transmutarán en alegría e inmortales serán porque formarán con la mar caminos de luz que sólo transportan alegría amor y paz.

Creemos el mundo de los caminos de luz. Dame tu mano y empecemos a caminar. Mañana cuando despertemos después de una borrachera de estrellas otro mundo será.

La luz, la materia que crea todos los sueños, sólo necesitas como herramientas tus sentimientos y emociones….. y saber qué es lo que quieres esculpir. Yo te propongo que esculpamos todo lo que nos hace felices, sentir alegres y en paz.

Recorre los caminos de luz, hasta en la calle más oscura los encontrarás.